sábado, 7 de julio de 2012

Jules Renard (3) / Diario 1887 – 1910








Puede estar usted seguro de que nunca olvidaré el favor que le he hecho.

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Renunciar absolutamente a las frases largas, que más que leerse, se adivinan.

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El talento es como el dinero: para hablar de él no hace falta tenerlo.

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A una criada: “Duerme usted demasiado, hija mía. Duerme usted tanto como yo”.

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Subir al cielo por la soga de un ahorcado.

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-Sí, lo sé. Todos los grandes hombres primero fueron ignorados; pero yo no soy un gran hombre, así que preferiría ser famoso inmediatamente.

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Se precipitó al abismo, dejando en el borde, para inmortalizarse, una pantufla.
Pero nadie encontró nunca la pantufla.

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No me aburro nunca, porque considero que aburrirse es insultarse a sí mismo.

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Ya se ha hecho una reputación: así que ya no hace nada.

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Duro consigo mismo, duro con los demás, a veces se dejaba ir. Seguía el entierro de algún desconocido para tener derecho a llorar.

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¿Para qué decir que alguien “tiene” o “no tiene talento”? Dígase lo que se diga, “no hay pruebas”.
¡Pero qué rápido nos entendemos, y qué interesante se hace la conversación, y qué pronto nos animamos, en cuanto, en vez de hablar solo de arte, hablamos del dinero que procura!

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No hay amigos: hay momentos de amistad.

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Un silbido vencía los aplausos de mil manos.

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El compañero de colegio que te rinde visita porque ha leído tu nombre en los periódicos.
Le recibes con frialdad, pero es exuberante y dice:
-¿Te acuerdas de aquel día que te di una paliza?
A la señora.
-¡Ojalá lo hubiera visto…! ¡Me mordía, rabiaba y gritaba!
A mí:
-Mira, fíjate cómo te cogí.
Y hace una demostración con el niño. Finge luchar.
-¡Exactamente así! ¿No me guardas rencor? ¡Ah! Con la cabeza eres un fenómeno, pero físicamente nunca has sido más que un mequetrefe. Todo el mundo te atizaba. ¡Ah, la de palizas que recibiste, muchacho! ¡El muy imbécil!
Va a quedarse a almorzar. Y le invito a almorzar. ¡Y se pasará el día aquí!

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Nos vemos demasiado, nos vemos menos, ya no nos vemos nunca.



Jules Renard.

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