domingo, 15 de julio de 2012

Párrafos de… “El contrario de uno” / ERRI DE LUCA








“Dos no es el doble sino el contrario de uno, de su soledad. Dos es alianza, doble hilo que no se puede romper.”
Erri De Luca


“ (…) Lo han cogido, pero ha permanecido en pie, ha esquivado algunos golpes, no han podido tirarlo al suelo, le han llevado en vilo cogido de los brazos hasta el coche celular, así tenían las manos ocupadas. No es la primera vez que le pasa. Pregunta por qué no has huido. No lo sabes, aunque sí, lo sabes, pero no quieres decir que de repente te ha entrado vergüenza de huir, una vergüenza más fuerte que el miedo. Podrías decirlo en tu dialecto, “me so’ miso scuorno ‘e fui”, me dio vergüenza huir, resultaría preciso, pero en italiano suena extraña la intimidad de una vergüenza, así que aprietas con más fuerza el pañuelo contra la brecha y permaneces callado. Ahora lo sabes pero entonces no: una buena cantidad de corajes brotan de la vergüenza y son más tenaces que los que provienen de la cólera, que son impulsos rápidos en enfriarse. En cambio las vergüenzas son de grano duro y no se pasan.
Entre tanto abren y arrojan dentro a otro que queda quieto en el suelo, él se levanta y le ayuda a sentarse, el otro se resiste, tiene miedo de recibir de nuevo, él insiste, si se queda en el suelo, los otros entrarán y repartirán golpes: porque no estás en tu casa donde puedes dormir en el suelo como el perro que eres. Así lo convence y lo acomoda en el último asiento al fondo, en la oscuridad del coche celular. Se abren de par en par las dos portezuelas, entre chillidos y bofetones entra un grupito de seis, con una chica incluso, todos cogidos a la vez, cierran, el coche celular arranca, con la sirena y con la escolta.










Adónde nos llevan, pregunta uno, a la comisaría dice él. Nos arrestarán, pregunta, a algunos sí, al tuntún, de vez en cuando, contesta. Otro recuerda que no ha dicho nada en casa. Al llegar al cuartel él te dice: cuando abran salgo yo el primero, tú vente detrás y mantente pegado a mí, camina lo más deprisa que puedas, no te pares, sobre todo no te caigas, no dejes de mirar al suelo, dónde pones los pies, nos hacen pasar en medio de ellos, si te caes recibirás más que antes y harás que les den a los que están detrás que no pueden pasar.
Y así es, él sale, recibe los primeros puñetazos y va derecho al fondo del pasillo de los golpes sin tropezar en los pies, en las zancadillas, tú le sigues de cerca y consigues entrar en la sala sin nuevos golpes en la cabeza, solo patadas. Te ha abierto el paso, sientes por él una gratitud rayana en las lágrimas. Detrás de ti el primero ha tropezado, has oído los gritos, no te has dado la vuelta. Cuando también los demás consiguen llegar por fin a la sala, te tapas los ojos con las manos y no quieres mirar. Pero te harían falta otras dos manos para las orejas. Le dices gracias, contesta que no lo ha hecho por ti, sino por él mismo, que si delante ibas tú y te parabas, él hubiera recibido más.
Cuántas veces le han cogido, preguntas, unas cuantas, contesta. Estáis sentados cerca. No pidas permiso para ir al retrete, dice, si tienes ganas, háztelo encima, total, se seca en seguida. Le preguntas si nos detendrán. Si pasamos la noche aquí, no, nos soltarán mañana por la mañana; en caso contrario, en el curso de la tarde nos llevarán a la cárcel y por lo menos allí podremos mear en paz.
(…)










Hoy lo reconoces, era imposible tratar con aquella juventud. ¿De dónde había salido toda a la vez? Tan adversa a toda autoridad, insolente ante delegaciones, ante partidos, ante votos, tan incrustada en medio del pueblo, práctica en vías expeditivas, contagiosa. Entraba en las cárceles en columnas de detenidos, se amalgamaba con los presos y empezaban las revueltas contra las condiciones penitenciarias. Iba al servicio militar y en el interior de los cuarteles arrancaban los amotinamientos por un rancho mejor y una paga decente. En los estadios los forofos adaptaban los coros y ritmos de las manifestaciones en sus gritos de exhortación. ¿De dónde había salido aquella generación imperdonable que todavía está pagando la deuda penal de su mil novecientos? No lo sabes, te imaginas más bien que en un sistema ondoso hay una ola más compacta y fuerte, que no se explica ni con la de delante ni con la de detrás. Por ello te imaginas que antes o después las generaciones vuelven.
Vuelven, ha vuelto, ahora hay otra que actúa como un cuerpo, se mueve como una generación. Otras edades venidas antes que ella se han ajustado como hijas de su tiempo, se han adherido a él en convencida obediencia. Esta de ahora, como la tuya, va a contratiempo, pasa a contrapelo, por lo que es contemporánea de sí misma, extemporánea al resto. Se ocupa del mundo, en vez de su comunidad de vecinos. Tú la sigues, vas detrás de sus movimientos y de las licencias que las autoridades se toman contra ella. Tú, con tus pasadas noticias de plazas abrasadas, ahumadas, estás ante ella caduco: esta generación admite soportar violencia pero no quiere ensuciarse reaccionando. Quiere que la agresión provenga de un solo lado, desnuda su derecho y lo enseña en su estado natural, como lo que realmente es: atropello.
Pero ¿qué pintas, tú y otros de tu especie y edad, en medio de estos nuevos? (…)”


Erri De Luca


***






1 comentario:

  1. Bonito en lo narrativo triste en el fondo. Tristeza e impotencia. Por lo que nos hacen. Por no formar un frente común para plantar cara. Por estar aborregados. Por no darse cuenta de que sigue siendo una lucha de clases. Pero, creo, espero, que esté cambiando.

    Geniales tus posts.

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