miércoles, 25 de julio de 2012

William Blake (1757 – 1827)








 “En el grito de cada hombre,
En el grito de terror de cada niño,
En cada voz, en cada prohibición,
Siento las cadenas que  nuestra mente ha forjado”.

W.B.





Lamborghini (poeta argentino) escribió: “En mi mundo moral mando yo.”. Por su parte  Woody Allen, en su película “Balas sobre Broadway” pone en boca de un personaje: “Todo gran artista  construye su propio universo moral, sus propias reglas” y en las paredes de la exposición “William Blake. Visiones en el arte británico” se puede leer: “Al margen de la moral dominante, Blake crea su propio mundo de valores, su propio mundo moral”. Tres encuentros casuales coincidentes también en el tiempo.





William Blake (1757 – 1827) fue un artista integral (poeta, pintor, grabador…) y precoz. A los diez años ya recibía clases de dibujo y acuarela; posteriormente estudió pintura y grabado.
Una vez culminada su formación y a pesar de que “los grabados” eran muy apreciados en el “mercado” de la época, sus trabajos no tuvieron suficiente aceptación. Nuestro artista nunca consiguió vivir de forma acomodada. Blake siempre se resistió a hacer concesiones al “gusto contemporáneo”, su necesidad de expresión personal, le alejó del público “consumidor”. Blake tenía sus propias “visiones”, sus propias “preguntas”, sus propias ideas, dudas y convicciones.







“Debo
Crear
Un
Sistema
O ser esclavo
Del de otro
Hombre”

W.B.









Los “personajes” de Blake “toman partido” y eligen enfrentarse a las desigualdades y a los abusos de género, y aspiran a la libertad sexual. Para Blake, “la pasividad es el peor de los pecados”.
Su visión del arte, tan original como visionaria, antiacadémica y alejada cuando no enfrentada a los dogmatismos sociales y religiosos de su época, le granjeó la constante incomprensión, indiferencia  o repudio de sus contemporáneos que calificaban sus obras de absurdas, turbadoras y de mal gusto. Y claro, lo pagó con las consiguientes penurias económicas.

Con sus “visiones” del más allá (sus libros proféticos realizados entre 1788 y 1806) y su imaginación originalísima y desbordante, y sus peculiares interpretaciones de la Biblia o las obras de Dante, Shakespeare, Milton… Blake trazó su propia visión del mundo, un territorio mítico donde batallan sin descanso las fuerzas del bien y del mal. Y en ese espacio dio cabida, con toda la intención, al contexto histórico contemporáneo, es decir, a los acontecimientos políticos y sociales de su época, como la Revolución Francesa o La guerra de la independencia de Estados Unidos. En su lucha particular siempre se colocó frente a los poderes establecidos, mantuvo una actitud de militancia revolucionaria, cantó al nuevo hombre, a la libertad individual, fue un precursor del artista comprometido con los cambios radicales que permiten derrotar los viejos dogmas y abrir camino a las nuevas y modernas ideas, técnicas, realidades…















También en el campo de las técnicas y los procedimientos artísticos desplegaba su batallador inconformismo. Destaca su recuperación de las técnicas propias del arte gótico o pre-renacentista (el temple) y cómo las supo combinar con el óleo y las tintas y acuarelas. Recursos técnicos que posteriormente asumieron como propios y aplicarían con entusiasmo los artistas conocidos bajo el epígrafe de “Prerrafaelitas”.
Del mismo modo, y ya en el terreno del grabado, utilizó la acuarela y el temple para iluminar los grabados (sobre la plancha o el papel) transformando así una obra múltiple y seriada por naturaleza, en piezas únicas. Sus obras, al tratarse la mayoría de ellas de piezas en pequeña escala, fueron despreciativamente consideradas como pertenecientes al campo de las “artes aplicadas”. El artista no aceptaba esta “descalificación” y concedía a todas las formas de expresión artística la capacidad de trascender lo mundano y alcanzar lo sublime.





“Blake se identificaba, personal y profesionalmente, con la historia de Job: El hombre bueno que sufre, que rechaza la idea de que este sufrimiento sea culpa de sus propios pecados y que, en la defensa de su virtud, llega a enfrentarse al propio Yavhé.”







Una vez más debemos de felicitarnos por la existencia de algún modesto y “visionario” mecenas, (lo que permitió a Blake, como a Joyce y tantos otros, realizar su obra en libertad) que supo apreciar “los valores” de un artista arriesgado, indagador, experimental y atrevido y tan fuera de lugar y tan alejado del “buen gusto y los tradicionales valores dominantes”.






LA VOZ DEL ANCIANO BARDO

Juventud de deleite, ven aquí
Y mira la mañana que despierta,
Imagen de la verdad recién nacida.
Han huido las dudas y las nubes de la razón,
Las sutiles disputas, los ingeniosos tormentos.
La insensatez es un laberinto interminable,
De enmarañadas raíces que confunden sus caminos:
¡Cuantos han caído allí!
Tropiezan toda la noche con los huesos de los muertos,
Y sienten que ignoran todo menos la inquietud,
Y desean guiar a otros, cuando deberían ser guiados.”

W. B. 






(Nota: la mayoría de los textos de esta reseña proceden del catálogo y los libros expuestos en la exposición, bien es verdad que torpemente refritos por mi menda. Contra lo habitual la expo está estupendamente montada, las cartelas son realmente informativas y certeras (en el caso de Blake asunto de capital importancia), se complementan muy convenientemente las obras con audiovisuales y “originales” digitalizados; además de poner a disposición del visitante libros, ilustraciones y poesías, “en formato papel”.
Me alegra comprobar, ¡ya era hora!, que en el “cotarrillo” de los “curators” también hay gente que hace bien su trabajo. Un lujo de exposición; si tienen ocasión no se la pierdan. “William Blake (1757-1827) Visiones en el arte británico” del 4 de julio al 21 de octubre de 2012. / Caixaforum Madrid))


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