miércoles, 1 de agosto de 2012

Párrafos de… Moby Dick (1) H. Melville







“Ahab había abrigado un loco deseo de venganza contra la ballena, cayendo aún más en su frenesí morboso porque acabó por identificar con la ballena no solo todos sus males corporales, sino todas las exasperaciones intelectuales y espirituales. (…)
Sobre la blanca joroba de la ballena amontonaba la suma universal del odio y la cólera que había asentado toda su raza desde Adán para acá…”




“XXIV.- EL ABOGADO DEFENSOR

Como Queequeg y yo estamos ya lindamente embarcados en este asunto de la pesca de la ballena, y como este asunto de la pesca de la ballena, no sé por qué, ha llegado a ser considerado entre la gente de tierra como una dedicación más bien antipoética y deshonrosa, en vista de eso, tengo el mayor afán de convenceros, oh gente de tierra, de la injusticia que nos hacéis así a los cazadores de ballenas.

En primer lugar, quizá ha de considerarse superfluo indicar el hecho de que, entre la gente que anda por ahí la ocupación de la pesca de la ballena no se estima al nivel de lo que se llama las profesiones liberales. Si entra en una sociedad heterogénea de la capital un desconocido no mejorará demasiado la opinión común sobre sus méritos el hecho de que le presenten a los reunidos como un arponero, digamos; y si, emulando a los oficiales de Marina, añade en su tarjeta de visita, las iniciales R.C. (Pesquería de Cachalote), tal iniciativa se considerará sumamente presuntuosa y ridícula.
Sin duda, una razón dominante por la que el mundo rehúsa honrarnos a los balleneros es ésta: se piensa que, en el mejor de los casos, nuestra vocación no llega a ser más que una ocupación parecida a la del matarife; y que, cuando estamos activamente dedicados a ella, nos rodea toda suerte de suciedades. Sí que somos matarifes, es verdad. Pero matarifes también, y matarifes de la más sanguinaria categoría, han sido todos los jefes militares a quienes el mundo se complace en honrar. Y en cuanto a la cuestión de la falta de limpieza que se atribuye a nuestra tarea, pronto seréis iniciados en ciertos hechos, hasta ahora casi universalmente desconocidos, que, en conjunto, situarán triunfalmente al barco ballenero entre las cosas más limpias de esta pulcra tierra. Pero aún concediendo que la acusación susodicha fuera cierta, ¿qué cubiertas desordenadas y resbalosas de un ballenero son comparables a la indecible carroña de esos campos de batalla de que tantos soldados regresan para beber entre los aplausos de las damas?
Y si la idea de peligro realza el concepto popular de la profesión del soldado, permitidme aseguraros que muchos veteranos que han avanzado contra una batería retrocederían rápidamente ante la aparición de la vasta cola del cachalote agitando el aire en remolinos sobre sus cabezas. Pues ¿qué son los comprensibles terrores del hombre comparados con los terrores y prodigios entremezclados de Dios?
Pero aunque el mundo nos desprecie a los cazadores de ballenas, sin embargo, nos rinde inconscientemente el más profundo homenaje, sí, una adoración desbordada pues casi todos los candelabros, lámparas y velas que arden alrededor del globo, arden a nuestra gloria, como ante nichos sagrados.”

H. Melville



***

No hay comentarios:

Publicar un comentario