sábado, 4 de agosto de 2012

Párrafos de… Moby Dick (y4) H. Melville









“Champollion descifró los arrugados jeroglíficos del granito. Pero no hay Champollion que descifre el Egipto de la cara de cada hombre y de cada ser. La fisiognimia, como todas las demás ciencias humanas, es solo una fábula pasajera. Entonces, si sir William Jones, que leía treinta idiomas, no sabía leer la más sencilla cara de aldeano en sus más profundos y sutiles significados, ¿cómo puede el analfabeto Ismael tener esperanzas de leer el terrible caldeo de la frente del cachalote? No hago más que poner ante vosotros esta frente. Leedla si podéis.” 






“Todos saben la hermosa historia de Perseo y Andrómeda: cómo la deliciosa Andrómeda, hija de un rey, fue atada a una roca en la costa, y cuando el Leviatán se disponía a llevársela, Perseo, el príncipe de los balleneros, avanzando intrépidamente, arponeó al monstruo, libró a la doncella y se casó con ella. Fue una admirable gesta artística, raramente lograda por los mejores arponeros de nuestros días, ya que este Leviatán quedó muerto al primer arponazo.”





“Pues como ciertos otros amadores omnívoros y vagabundos que podrían nombrarse, mi señor cachalote no tiene gran afición al cuarto de los niños, por más que la tenga a la alcoba; y así, siendo gran viajero, deja sus niños anónimos por todo el mundo, todos ellos exóticos. En su debido momento, sin embargo, al declinar el ardor de la juventud, al crecer los años y las melancolías, al imponer la reflexión sus solemnes pausas, en resumen, al invadir una laxitud general al saciado turco, entonces el amor a la comodidad y a la virtud sustituye al amor a las doncellas; nuestro otomano entra en la fase impotente, arrepentida y admonitoria de la vida, abjura y se desprende del harén, y convertido en una buena alma ejemplar y malhumorada, marcha en soledad por todos los océanos, rezando sus oraciones y amonestando a todo joven Leviatán contra sus amorosos errores.”




“…los mezclados y enredados hilos de la vida se tejen en trama y urdimbre; calmas cruzadas por tormentas, una tormenta por cada calma. No hay avance constante y sin retroceso en esta vida; no avanzamos a través de gradaciones fijas, descansando en la última: a través del inconsciente hechizo de la infancia, de la despreocupada fe de la niñez, de la duda de la adolescencia (El destino común), luego el escepticismo, luego la incredulidad, para descansar por fin, con la virilidad, en el meditativo reposo del si. Pero una vez atravesado todo, volvemos a trazar el círculo; y eternamente somos niñitos, muchachos y hombres, y si. ¿Dónde se encuentra el puerto final, de donde ya no soltamos amarras?”.


H. Melville


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