domingo, 19 de agosto de 2012

Paul Verlaine







CALEIDOSCOPIO

En la calle de alguna ciudad solo soñada
será casi lo mismo que el haberlo vivido:
un instante borroso y a la vez muy intenso…
¡Oh, ese sol que abre brecha desgarrando la bruma!
     ¡Oh, ese grito en el mar, esa voz en los bosques!
Será casi lo mismo que ignorar toda causa;
despertar lentamente de una metempsicosis:
¿cómo va a repetirse lo que vi en esta calle
     de ciudad que era mágica, con manubrios que muelen
bailes entre dos luces y con gatos durmiendo
sobre el aparador de cafés, a la espera
de que bandas de música atraviesen la calle?
     Habrá un algo fatal con presagios de muerte:
lentas lágrimas que mojarán las mejillas,
y sollozos y risas entre estruendo de ruedas
y unas voces que se alzan reclamando la muerte,
     y palabras antiguas como flores marchitas,
agrios sones de bailes populares y viudas
con el pelo teñido de reflejos cobrizos,
campesinas, en medio de agitadas rameras,
paseando y charlando con horribles mocosos,
y esos viejos sin cejas que las herpes blanquean,
mientras que a cuatro pasos, entre hedores de orina,
sonarán los petardos de Dios sabe que fiesta.
     Será como en un sueño del cual uno despierta
y otra vez se adormece y repite el soñar
con la misma visión en el mismo escenario,
el verano que irisa el zumbar de la abeja.


Paul Verlaine

***

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