jueves, 4 de octubre de 2012

Gilles Deleuze / La información es el sistema de control.






“Creo que tener una idea es algo que, en cualquier caso, no pertenece al orden de la comunicación. Aquí es donde quería llegar. Todo aquello de lo que se nos habla es irreductible a toda comunicación. Esto no es grave. ¿Qué quiere decir? Es un primer sentido, la comunicación es la transmisión y la divulgación de una información. Pero ¿qué es una información? No es nada complicado, todo el mundo lo sabe, una información es una colección de consignas. Cuando se nos informa, se nos dice lo que se supone que debemos creer. En otras palabras, informar es hacer circular una consigna. Las declaraciones de la policía se llaman con toda razón comunicados. Se nos comunica una información, se nos dice lo que se supone que somos de hecho o lo que debemos ser o lo que estamos compelidos a creer. No se nos pide que creamos, sino que nos comportemos como si creyéramos. Esto es la información, la comunicación, y no hay información alguna al margen de estas consignas y de su transmisión, no hay más información ni más comunicación. Lo que viene a ser lo mismo que decir que la información es exactamente el sistema de control. Es evidente que esto nos concierne particularmente hoy.





Es cierto que estamos entrando en una sociedad que podríamos llamar sociedad de control. Un pensador como Michel Foucault analizó dos tipos de sociedades muy cercanas a las nuestras. Unas, a las que llamaba sociedades de soberanía, y otras a las que llamaba sociedades disciplinarias. Él hacía coincidir con Napoleón la transición típica de una sociedad de soberanía a una sociedad disciplinaria. La sociedad disciplinaria se definía –los análisis de Foucault a este respecto son célebres- por la constitución de espacios de encierro: cárceles, escuelas, talleres, hospitales. Las sociedades disciplinarias tenían necesidad de ellos. Este análisis ha engendrado ciertas ambigüedades  en algunos lectores de Foucault, porque han creído que éste era su pensamiento definitivo. Pero evidentemente no es así. Foucault nunca pensó, y así lo dijo con toda claridad, que las sociedades disciplinarias fueran eternas. Todo lo contrario: pensaba obviamente que estamos entrando en un nuevo tipo de sociedad. Claro que quedan toda clase de residuos de las sociedades disciplinarias, y así será durante años y años, pero ya sabemos que estamos ingresando en otro tipo de sociedad que podríamos llamar, según el término propuesto por Burroughs- por quien Foucault sentía una viva admiración-, sociedades de control. Estamos entrando en unas sociedades de control, que se definen de un modo completamente distinto a las sociedades de disciplina. Los que cuidan de nosotros ya no tendrán necesidad de espacios de encierro. Todo esto, las cárceles, las escuelas, los hospitales, está ya hoy en día puesto en cuestión permanentemente. ¿No es mejor dispensar los cuidados a domicilio? Sí, no cabe duda de que éste es el porvenir. Los talleres, las fábricas, se están desmoronando por todas partes. ¿No es preferible un régimen de subcontratación y el trabajo a domicilio? ¿No hay otras formas de castigar a la gente diferentes de las cárceles? Las sociedades de control no necesitarán ya espacios de encierro. Ni siquiera escuela. Tenemos que estar atentos a los temas emergentes, que se desarrollarán durante los próximos cuarenta o cincuenta años, y que nos explican que lo más deseable sería reunir al mismo tiempo la educación y la profesión. Será de gran interés averigüar qué será de la identidad escolar y profesional en el seno de la formación permanente, qué es nuestro porvenir, y que no necesariamente implicará la reunión de los educandos en un espacio de encierro. Un control no es una disciplina. Mediante una autopista no se encierra a nadie, pero se multiplican los medios de control. No digo que éste sea el único fin de la autopista, sino que la gente pueda entrar y salir infinita y “libremente” de ellas sin estar en absoluto encerrada pero estando perfectamente controlada. Éste es nuestro porvenir. (…)





¿Qué relación hay entre las luchas de los hombres y la obra de arte? La más estrecha y, para mí, la más misteriosa. Exactamente aquello que Paul Klee quería decir cuando decía: “Ya sabéis, falta el pueblo”. El pueblo falta y, a la vez, no falta. Que falta el pueblo que aún no existe nunca será algo claro. No hay obra de arte que no apele a un pueblo que aún no existe.”


Gilles Deleuze (1978)


***  

No hay comentarios:

Publicar un comentario