sábado, 17 de noviembre de 2012

Isidoro Valcárcel Medina / Artista conceptual






Hay una cultura africana que conoce uno, dos y a partir de allí dice simplemente muchos. Eso es precioso, ¿no? 

Isidoro Valcárcel Medina


“Lo que yo quiero transmitir es que una habitación llena de papeles con contenido sobre un tema que yo desconozco y que me lanzo sobre ellos como un desesperado para investigarlos, deja de importarme como archivo. Me interesa como conocimiento. Si hago un trabajo con él y me dicen, pásalo a limpio. Pues eso no me atrae. Me parece una pérdida de tiempo. Si como consecuencia de eso sale una obra única, inmediatamente yo digo que no. Esta obra es gracias al proceso anterior. ¿Qué es lo que hace el mundo del arte? Solo te presenta el fruto masticado para que entre en el circuito. Y yo detesto eso profundamente”.

 “Cuando hablas con un artista e inmediatamente empieza a contarte su obra, es un agobio. Prefiero llegar y enfrentarme directamente con ella yo mismo. Hay mucha futilidad, muchas cosas superpuestas. Y, qué duda cabe, la crítica ha contribuido mucho a esa situación. También el mercado del arte que se vanagloria de lo secundario”.




¿Se ha convertido el conceptualismo en aquello que denunciaba?
“El arte conceptual empezó de forma muy idealista, como muchos movimientos. La preponderancia de la idea sobre el objeto. Llega un momento en que se quiere expresar solo la idea y de eso se ha abusado y se sigue abusando, como todo aquello que cae en manos generalistas. Es decir, que se pone de moda. ¿En qué momento está ahora? Ahora hay una degradación bestial del conceptualismo, pero a la vez hay obras conceptuales grandiosas.
¿Es que no puede haber un pintor ahora? Claro que sí, pero tiene que estar tan por encima de la tradición pictórica, tanto que no somos capaces de imaginarlo. Estamos a la espera del pintor de nuestro tiempo. Lo mismo con el conceptualismo. Esperemos y agarrémonos a los pocos casos salvables”.

Ilimit es una palabra que no existe, aunque lo parece”





“Tiene esa pretensión lingüística. Parto de la idea de que en nuestro idioma hay poquísimas palabras terminadas en it. Yo no he encontrado más que seis: superávit, déficit, bit, zenit, accésit e íncipit —lo que se dice de las primeras palabras de los libros clásicos—. Íncipit es el principio, ilimit es el final. Y además no existe. Es una preocupación por la lengua que permanece oculta bajo los números”

“Para mí los libros son la raíz, una raíz que crece.
(…) Y además decir: te lees este libro y no aprendes nada.
Esa ironía me gusta muchísimo”


Isidoro Valcárcel Medina



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