lunes, 5 de noviembre de 2012

Párrafos de… “Camino de los Ángeles” (John Fante)






“Una mañana desperté con una idea. Una buena idea, grande como una casa. La idea más grande que había tenido, una obra maestra. Trabajaría de recepcionista nocturno en un hotel…, ésa era la idea. Me permitiría leer y trabajar al mismo tiempo. Salté de la cama, engullí el desayuno y bajé los escalones de seis en seis. Una vez en la acera, me detuve un momento a meditar la idea. El sol calcinaba la calle y me despejó quemándome los ojos. Curioso. Ahora que estaba totalmente despierto la idea no me parecía tan buena, una de esas que se nos ocurren adormilados. Un sueño, un simple sueño, una trivialidad. No podía trabajar de recepcionista nocturno en aquel municipio portuario por la sencilla razón de que ningún hotel del municipio tenía recepcionistas nocturnos. Una deducción matemática y bastante sencilla. Volví a casa y me senté.” (…)

“Siempre quedaba el parque. Leí un centenar de libros. De Nietzsche, de Schopenhauer, Kant, Spengler, Strachey y otros. ¡Ah, Spengler! ¡Vaya libro! ¡Vaya peso! Como la guía telefónica de Los Ángeles. Lo leía día tras día, sin entender ni jota, y sin importarme tampoco, pero leyéndolo porque me gustaba aquel rugiente encadenamiento de palabras que recorría las páginas con sombrío y misterioso estruendo. ¡Y Schopenhauer! ¡Qué escritor! Lo leí durante días y se me fue quedando un poco de aquí y otro poco de allá. ¡Y qué cosas sobre las mujeres! Yo estaba de acuerdo. Era exactamente mi propio sentir sobre la materia. ¡Qué escritor, oiga!

Cierta vez estaba leyendo en el parque. Tumbado en el césped. Había hormiguitas negras entre las hojas de hierba. Me miraban, se subían a las páginas, unas preguntándose qué estaría haciendo, otras indiferentes y pasando de largo. Se me subieron por la pierna, se enredaron en la jungla de vello castaño, me alcé la pernera y las aplasté con el pulgar. Hicieron como pudieron por escapar, entrando y saliendo frenéticamente de las matas, deteniéndose en ocasiones como para engañarme con su inmovilidad, pero a pesar de todas sus artimañas no pudieron eludir mi dedo. ¡Qué hormigas más necias! ¡Qué burguesas! Querer engañar a uno cuya mente vive del pan de Spengler, Schopenhauer y los grandes! Era su sino, la Decadencia de la Civilización Hormiguera. Así seguí leyendo y matando hormigas.”


John Fante


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