viernes, 25 de enero de 2013

Me acuerdo… / Luis López






¿Conoce el Águila lo que está en el abismo?
¿O irás tú a preguntárselo al topo?

William Blake



Julio era un águila y un topo. Julio no paraba de hacerse preguntas, deseaba ansiosamente conocer, y era altamente contagioso. Julio no se guardaba nada para sí, compartía sus preguntas, sus dudas y sus conocimientos. Julio, como un águila o como un gorrión, surcaba los celajes y, como una laboriosa oruga o un esforzado “viejo topo” horadaba incansablemente las profundidades del  subsuelo.

En el año 1971 yo tenía 12 años y me vine a Madrid con mi familia a conocer a Julio Vélez. Yo entonces, como era un niño, no sabía que ése era el motivo  del viaje y mi familia, claro está, mucho menos. Y Julio ni les digo.


“(Leer)  Viajar es ir al encuentro de algo que está a punto de ser y aún nadie sabe qué será...”
Italo Calvino

Hoy, más de cuarenta años después de aquél salto nocturno Sevilla-Madrid  (aunque  que sigo ignorando tantísimas cosas) creo que lo tengo más claro. Para ser exactos, lo tengo sepia claro, el color innegociable de la memoria; sea esta más o menos selectiva, nostálgica o fantasiosa. Debemos convenir que toda memoria, por traicionera, es ficción, es, irremediablemente, reconstrucción y por lo tanto, en gran medida, invención.



Hablando de inventar, hace unos años inventé estos versos sobre aquel viaje:



A Madrid (Atocha)

Asientos forrados
de skay oscuro y grasiento
segunda clase señalan
traqueteo eterno
en riguroso compás
bolsas y maletas hinchadas
encordadas

tiempo lento de oprimido silencio
y generosa estrechez
poblado el cicatero pasillo
de fumadores y roces
con miradas ávidas y cansadas
que no encuentran sede
todos los colores
a salvo el azul
atropellados en su orgullo
por el gris


en aquellos tiempos
sin hueco sobre el raíl
y entre parada y parada
parada
con desgana masticando el camino
cierta luz de salida menguando
alejarse sin aliento
de las manías mamadas
y de esas cosas ya fraguadas
asideros hurtados

un billete, un silbato
todo quebrado
arrancados de cuajo
abandonado ritmo
de traqueteo
entre nocturnas paradas
neorrealista la estampa
como filmada por
el aristócrata italiano
patrocinada por
Red Nacional de Ferrocarriles Españoles
el reparto
de andaluces cuajado
en este rodaje

también los eternos traqueteos
y las infinitas paradas
se consuman
y los pobladores del pasillo
entre sí pulidos por los roces
intercambian negro tabaco
y por orden se arrancan
las legañas

en la línea de allá
tras los cables tendidos
amanecen los amarillos
y púrpuras azulados

oquedades abandonan
de arriba y mas abajo
las bolsas las manos las maletas
se controla la tensión
también de las cuerdas

se pasa lista se hace recuento
del menudo y fuerte
cuerpo protector
férreamente enganchados
nos lanzamos
con lo puesto
Madrid (Atocha)
del traqueteo entre paradas
fin

el techo del cielo caído
de gris pintado
oscuro y uniforme
cierta luz se sospecha
quedó en Sevilla

por ese tiempo
circulaban las matrículas
en torno al ochocientos mil
por aquí la salida
y avisaba el escalextric
a los catetos navegantes

certero signo
sucia desolada negra herrumbrosa
la calle céntrica
sin equipo sin porterías sin balón
interior la escalera
de segunda sin señalar

después el cole
un segundo piso
el Retiro de recreo
a 10 semáforos y dos mil metros
mal contados
la señora directora
y exaltada y falangista
predominan los comemieddas
entre los compañeros
cubanos en tránsito
a Miami

por ese tiempo
se bajaba mi viejo
a la vuelta del curro
al declinar de las tardes de verano
al diario Pueblo
dando la espalda al
Sindicato Vertical
en pijama
se había traído él
de Sevilla
algunas cosas hilvanadas
en el fondo de los bolsillos
frecuentó también la Cruz la calle
tenía un gustito a la Sierpes la calle
con sus toros y la reventa

por ese tiempo
las putas estaban con Echegaray la calle
hoy se han puesto la Montera la calle
y se han ido con Benavente la plaza
primeras caminatas con el Metro y su plano
Atocha – Embajadores - Puerta de Toledo
Latina – Sol – Callao – Plaza de España
y marcha atrás
navegando las aceras claro
y cogidos de la mano
sin soltar.





Y todo vino rodado. Mi hermana mayor se colocó de cajera en un supermercado. Se echó una amiga, también cajera, que se llama Rosa y que tenía un novio que se llamaba José Luis  y que trabajaba en el supermercado como rotulista y escaparatista. Jose Luis era un sevillano comunista, un sospechoso habitual, que había huido de Sevilla (de la policía secreta) y vivía en un piso-refugio más o menos clandestinamente, en Madrid con otros comunistas perseguidos y un psiquiatra, que había ejercido en Chicago, deprimido y deprimente. Uno de aquellos comunistas clandestinos que pasaban temporadas en aquel piso era también sevillano y se llamaba Julio Vélez. Sigo emocionándome cuando rememoro aquellos días. En cierto modo allí cuajó la pequeña conjura de los sevillanos (José Luis, Julio y el menda). José Luis “RIC” es pintor y dibujante; por entonces  publicaba sus dibujos en “Cuadernos para el diálogo”, “Hermano Lobo” y en “Triunfo” y él y Julio nos hablaban, a los jóvenes de la cuadrilla, de gente “famosa” como Chumy Chumez, Haro Tecglen, Vincentito Verdú, OPS, Reviriego… y Ric además hacía viñetas para el periódico del “partido” de Julio… y así,  a lo tonto a lo tonto, el menda, que ya hacía sus primeros pinitos con el dibujo, empezó también a colaborar. Al poco tiempo Julio apareció con un ejemplar de “El estado y la revolución” de Lenin y me lo regaló, “Luí, me dijo, para que vayas completando tu biblioteca”.
Era el primer libro de mi biblioteca. Una semana después le solicité militar en la Joven Guardia Roja, yo tenía 15 años. Julio decidió que militaría en el partido, el PTE, en su célula, llamada de Arte y Cultura. A partir de ahí empezaron a desvanecerse muchos de mis espejismos y se sucedieron algunos descubrimientos.

A mí, Julio me parecía un tío mayor, hoy sé que él entonces cumplía solo 28 años, era un chaval, y era, para los que le rodeábamos, un “chute” de solidaridad, de buen rollo, de alegría.... (tenía una risa de apariencia incontrlada y  tirando a infantil y quizá por eso muy contagiosa)
También he sabido (porque él “solo” solía hablarme de la lucha contra la dictadura, o de Marx, de Lenin, de Machado, de Brecht, de los jornaleros andaluces, de flamenco, de poesía…) que en aquellos tiempos intentaba ganarse la vida como vendedor-representante de “Cafés La Estrella”, malamente debía de ser porque Julio nunca o casi nunca tenía un duro.
Otra característica, por hablar de todo un poco, de Julio era que no le gustaba cortarse las uñas de los pies (O habría hecho alguna promesa), esto era evidente sobre todo en verano, cuando calzaba chanclas.
Al lado de Julio colaboré en el primer homenaje, desde la guerra civil,  que se le hizo en España a Antonio Machado, donde recuerdo la participación de Aurora de Albornoz y entre otros el poeta gallego Celso Emilio Ferreiro. Recuerdo un viaje a Barcelona a un congreso, chúpate esa, de artistas antifascistas donde Julio me presentó ¡como pintor! A Pepe Ortega, a Lluís María Xirinacs, a Antoni Tápies y varios componentes del antiguo grupo “Estampa popular”…




Años después, a mediados de los ochenta, me encontré casualmente, en la calle Almagro de Madrid por la que yo paseaba camino de una galería de Arte, con Julio, al que llevaba años sin ver. Nada más verme se levantó como impulsado por un resorte de su silla, me abrazó y me presentó a su acompañante en el velador de la terraza, “Mira Luí te voy a presentar a un amigo escritor, Eduardo Galeano; Eduardo, este es mi amigo y camarada Luí, pintor”. Así era Julio, aparecía dónde y cuando menos lo esperabas y, “a lo Laudrup”, como el que no quiere la cosa, te rescataba  del pozo más negro y profundo y te arreglaba el día con palabras generosas y un cálido abrazo. Bendita suerte la mía, haberle conocido, haber establecido con él un vínculo imborrable y haber compartido durante unos años, militancia política, lugares y afectos (“Solo los lugares poetizados son habitables y los verdaderos Lugares los fundan los poetas y los artistas” dice el filósofo) y militancia en la vida. Juntos, unidos, hombro con hombro en la trinchera antifascista y con ambición revolucionaria. Esa misma trinchera, aún hoy más necesaria, de los que seguirán luchando hasta que no quede piedra sobre piedra del criminal sistema capitalista.
Permitidme ahora una cita de otro poeta comunista (militante comunista como también lo fue su querido César Vallejo) el chileno Pablo Neruda, porque pienso que, él, el Julio que yo conocí y del que conservo tan gratos recuerdos, compartiría:

“Porque el Partido me da la libertad que no tiene el solitario.”

(Una acotación: Si donde Neruda dice “Partido”, ponemos organización horizontal y asamblearia, yo creo que, hoy por hoy, mucho mejor).





Y para terminar una reflexión intelectual y política del que también fue su amigo: Mario Benedetti:

“¿Qué queda para las izquierdas en este mundo donde todos se desviven por ser centristas, o sea, el actual sinónimo de la derecha pura y dura? En primer término extraernos de la derrota y no olvidarnos de dejar en el fondo de ese pozo los dogmatismos, las rígidas estructuras que impidieron nuestro desarrollo y atrofiaron nuestra sensibilidad. Análisis no es obligatoriamente contrición. Después de todo, es preferible haberse equivocado en medio de la brega por la justicia que haber acertado en la lisonja del Imperio.”


Luis López

Salud y comunismo.

***

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