lunes, 7 de enero de 2013

MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ / Estilo de vida





Y TIRO PORQUE ME TOCA

Estilo de vida


MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ - Domingo, 6 de Enero de 2013 


NO son casos aislados. Ni el enriquecimiento de una clase social en detrimento de otra lo es, ni tampoco lo que deja traslucirse de las declaraciones de altos cargos acerca de su patrimonio; esas que por mucha buena voluntad que se ponga, no se cree nadie, porque hay tal desproporción entre lo que ingresan, por varios conceptos siempre, y lo que dicen con descaro poseer que o bien gastan a manos llenas o ganan menos que los que andan por los alrededores del salario mínimo, víctimas reales de la situación de ahogamiento social que quienes detentan el poder propician. Tramposos hasta las cachas.
No son casos aislados. Es un estilo de vida, una concepción de la existencia, algo filosófico, religioso si me apuran. En la práctica ineludible. Se sienten llamados al saqueo, ya se llamen Rato o Barcina, y a aprovecharse de las circunstancias en propio beneficio, por imperativo legal, esto es, con la ley en la mano, es decir, que guindan por lo fino. Ellos y quienes a su sombra se amparan. Algo tremendo. La convivencia con esta gente es imposible, radicalmente imposible, porque de lo contrario van a creer que, mal que bien, lo admitimos y que encontramos normal que éste sea un juego en el que nos ha tocado perder, no por nada en especial, sino porque la ruleta está amañada, y lo saben. Por eso se echan las manos a la cabeza hablando de la ruptura social o de la fractura ídem, como si el culpable fuera el que no guinda, no porque no lo haga, sino porque no lo admite y aplaude, como es su obligación. Porque aquí, por imperativo legal, unos guindan y otros son los guindados. Solo así tiene sentido la indecente entrevista que le ha hecho Hermida al Borbón en sus horas más bajas. Necesitan de ese emblema para sostener lo que ya es insostenible. Necesitan que la patria esté en peligro, el Borbón sea su árbitro y la religión católica se vea atacada para arracimar a las huestes, para dotarlas de una apariencia de ideología que no solo sea la de la ventaja inmediata. Tienen que impedir que alguien, como en abril de 1931, vuelva a pintar en el Palacio de Oriente: "Ya se fue el andoba".
Un estilo de vida que se transmite de forma genética, por derecho de pernada y sucesiones. Y vaya que si se transmite, de padres a hijos, y a nietos, los mismos que aparecen en los consejos de administración de empresas públicas para desaparecer cuando las tornas cambian y hace feo o causa alarma social, y regresar algo más lejos cuando las aguas de la charca se calmen. Puestos Guadiana. El silencio, y el silenciamiento, ha sido el gran aliado de este estado de cosa. La voluntad de ocultación y opacidad que pronto protegerán con un Código Penal redactado no a la medida de la seguridad ciudadana, sino de sus intereses.




El moro de Lanz y los bandidos corellanos, era un título de José María Iribarren, si no recuerdo mal, que tal vez sí, me da igual. Lo cito porque todo invita al casticismo y al costumbrismo locales, a la chocarrería, a la burla y al sucedido. Es una forma como otra cualquiera de defenderse, de devolverles el empujón y de capear el temporal, el que dicen que ya escampa, mientras la cifra de parados aumenta o aumentará el mes que viene, una vez que finiquiten los trabajos precarios de estas Navidades.
Insisto en que aprovecharse de la cosa pública de manera desvergonzada y abusiva es un estilo de vida. Solo así se entiende que en este país haya algunos cientos de cargos públicos acusados de corrupción que permanecen en sus puestos como si tal cosa, a la espera de que hablen los tribunales y de que las cosas se enreden, como la trama Gürtel, la que salpica a la cúpula del PP, ya en la sombra, camino de la inexistencia.
Rato, en un alarde de prepotencia y desvergüenza, es nombrado representante de una compañía que él mismo privatizó y entregó al financiero Villalonga. La política es lacayuna del sistema financiero. Alguien que debe responder ante la justicia de su actuación al frente de Bankia debería, de no estar en la cárcel, en prisión preventiva, estar cuando menos apartado de actividades financieras para las que no está dotado, salvo que consistan en el saqueo. La revista Businessweek lo consideraba uno de los ejecutivos más negados del mundo. Una cosa es guindar, por todo lo fino que se quiera, y otra generar riqueza, bienestar social, trabajo. Y esta gente, Rato, Zaplana, Martín-Villa, ni los crearon ni los crean. Son asociales.





Gente como Rato y sus cuadrilleros son los que causan alarma social porque suponen una amenaza cierta y probada para el bien público; no Alfon, el chico de Vallecas, inculpado en falso. Pero no, el estilo de vida ante todo y el que esta gente impone es así: unos arriba, otros abajo, de paganos. La extensión y espesura de la trama crecen en un estilo que recuerda la Italia mafiosa que llevó a su literatura Leonardo Sciascia.
Estilo de vida el de los 63 diputados que perciben dietas teniendo casa en Madrid y contra los que la asociación Democracia Real Ya se ha querellado por los delitos de malversación de fondos públicos y apropiación indebida. ¿Habrá juez capaz de meter mano en ese pozal de mierda o dirá que no ha lugar? ¿También estos se amparan en la ley? ¿En qué ley?




Mientras unos saquean y engordan su patrimonio, otros se pegan fuego. Son casos aislados, dicen, por mucho que se sucedan. Lo minimizan. Miran para otra parte. Y la curia los bendice. No les conmueve nada porque en realidad piensan que sería una suerte que, por alguna razón, por alguna hecatombe, desapareciéramos. Y además, dice con cinismo un obispo, el motivo del suicidio no es ese. La gente se pega fuego o se cuelga porque sí o por oscuros motivos que el sigilo impide que conozcamos; se mata no porque esté desesperada, no porque no tenga presente ni futuro, no porque sienta, con fundamento, que su vida está acabada y el vivir le resulte intolerable. Es muy difícil cuando se tiene "la vida asegurada" ponerse en el lugar del desposeído de manera radical, como lo es en el del enfermo incurable. Preferimos hablar desde la salud y desde aquello que se llamaba tener "la vida asegurada" y que ya muchos no sabemos lo que es, y sospechamos, además, que aquello que dejamos atrás, no va a regresar.

Miguel Sánchez-Ostiz



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