martes, 12 de febrero de 2013

Párrafos de…”La democracia. Historia de una ideología” (5) LUCIANO CANFORA.





“La guerra de España fue, desde todos los puntos de vista, el “ensayo general” del acontecimiento catastrófico y línea divisoria decisiva en la historia de la democracia que fue la segunda guerra mundial. Quien entonces decidió no decidir no tuvo futuro político. No bastó mantener una cierta respetabilidad formal; o ser intachable, si se tiene en cuenta la degradación progresiva de los gobiernos Daladier y Reynaud y la actitud posibilista mantenida en principio por los radicales frente a Pétain.





No está de moda recordarlo (sólo lo hace quien reivindica el franquismo como una dolorosa necesidad), y además la filmografía más reciente se ha dedicado a una inesperada exaltación de las posturas trotskistas, pero el hecho es que de los estados europeos sólo la URSS estuvo al lado de la república Española de una forma eficaz. La línea del Komitern, combatida por quienes consideraban que había llegado el momento de la revolución socialista española (POUM, anarquistas), fue frenar la “subversión” a lo Largo Caballero e imponer –con toda la dureza de que era capaz el estalinismo – una conducta que no procurara la enemistad de la burguesía moderada pero leal a la República. La situación la describe con todo realismo Willy Brandt en sus memorias: “Tres mil consejeros soviéticos se apoderaron de las posiciones clave y crearon un servicio secreto que se erigió como estado por encima del estado y se declaró furiosamente hostil a la revolución social. Se esgrimía el argumento, de por sí correcto, de que las necesidades militares habían de ser prioritarias.” Willy Brandt explica perfectamente la situación de la que fue testigo directo. Como cualquier testimonio vio lo “visible” y apenas vi nada, como es obvio, de la historia “secreta”: la que el gran historiador Ronald Syme califica paradójicamente de la única “verdadera”. Para ello son útiles los documentos, cuando sobreviven. De ahí que sea justo recordar que, tras la derrota del Reich y el secuestro de los archivos alemanes por parte de los vencedores, aparecieron detalles que en el ardor de las polémicas, en aquel momento, podían parecer calumnias infamantes típicas, como suele decirse del estalinismo. Concretamente, sorprenden hoy en día las confesiones que Franco hizo en su momento al embajador alemán Von Faupel sobre la infiltración que los franquistas habían logrado llevar a cabo entre las filas anarquistas y trotskistas, con la intención precisamente de exacerbar el enfrentamiento con los “estalinistas”. Enfrentamiento del que habló Orwell en Homenaje a Cataluña, libro “maravillosamente escrito –observó serenamente Hugh Thomas, el historiador laborista de la guerra civil española- pero que hay que leer con ciertas reservas”. Lo que sucedió en España entre 1936 y 1939 ofrece cierta semejanza con lo ocurrido en el Chile de Allende entre 1970 y 1973. También en Chile los comunistas fueron acusados de traición “vergonzosa” por los extremistas del MIR y de la izquierda socialista. Y Allende cae también porque en torno a la derecha cuajó un enorme consenso de las clases asustadas por el extremismo del MIR, del que el gobierno de Allende era considerado (con mala fe) sustancialmente esclavo.”

Luciano Canfora

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