jueves, 7 de febrero de 2013

Párrafos de…”La democracia. Historia de una ideología” (4) LUCIANO CANFORA.





“A finales de 1920, James Bryce, ya embajador del imperio británico ante el gobierno de Washington, además de autor de dos ensayos sobre las dinámicas imperiales – Holy Roman Empire y The American Commonwealth- dedicó una obrita a las democracias modernas (con un breve prefacio sobre Grecia), y es precisamente la Tercera República (Francia) la que le induce a hablar del “oficio” de parlamentario. “Los diputados –escribe con cierta ironía- se insultan en la Cámara, e inmediatamente están confraternizando en los pasillos y se deshacen en elogios recíprocos sobre su respectiva elocuencia. La atmósfera es de amistosa camaraderie”. Luego pasa a un tema siempre delicado, y a menudo evitado, que es el de la autopromoción económica, que transforma a los diputados en una clase. “El diputado recibe una indemnización de veintisiete mil francos anuales. La cantidad tradicional era de nueve mil francos, pero desde 1906 los diputados se votaron aumentos de sueldo hasta llegar a la cantidad actual, con el descontento generalizado de la nación.” A la pregunta: “¿Pueden considerarse politicastros profesionales?”. Responde: “Son relativamente pocos los individuos que acceden a la Cámara únicamente para conseguir un medio de subsistencia. Pero hay muchos cuyo esfuerzo por mantenerse en ella se intensifica por el hecho de haber abandonado su anterior medio de vida”.
No se le escapa que el punto central no es esta avidez de clase, que obviamente subsiste, sino la relación de los parlamentarios con los grandes centros del poder económico. (…)
“¿Cuándo coincidirá el interés de los ricos con el interés del pueblo? Nunca” (Jean Jaurés, 1893).”


Luciano Canfora

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