martes, 2 de abril de 2013

Los dibujos españoles del British Museum






Los dibujos españoles del British Museum

Museo Nacional del Prado.
20 de marzo - 16 de junio 2013

“La colección de dibujos españoles del British Museum es una de las mejores que hay fuera de España y posee ejemplares de una calidad excepcional. Comprende cerca de doscientas obras e incluye muestras de artistas que van desde mediados del siglo XVI hasta el siglo XX. (...)







Entre los primeros diseños españoles que ingresaron en el British Museum figuraban los de la colección del vizconde de Castel Ruiz, que fueron obtenidos en la subasta que celebró Christie’s en 1846. Dentro de los dibujos subastados en dicha ocasión estaban la Apoteosis de san Francisco de Asís de Teodoro Ardemans y la Imposición de la casulla a san Ildefonso de Antonio de Pereda. Era la primera vez que el museo adquiría dibujos de una colección española, algo que volvería a repetirse en ese mismo siglo. El museo compró en dicha ocasión un total de treinta obras españolas, lo que constituía un corpus importante. Varias fueron luego atribuidas a artistas italianos, pero recientemente se han vuelto a asignar a la escuela española, como El desvanecimiento de la reina Ester a Mosén Domingo Saura. En 1850, cuatro años después de la subasta de 1846, el museo compró al editor de estampas y marchante londinense Henry Graves un grupo de dibujos españoles fundamentales, entre los que estaba El agarrotado de Goya, el Santo atado a un árbol de Ribera  y La expugnación de Rheinfelden de Carducho. 






En la segunda mitad del siglo XIX, el creciente interés en Gran Bretaña por el dibujo español coincidió con una mayor valoración del arte hispano en general, como prueba la formación de colecciones especializadas en otros ámbitos, como la pintura y las artes decorativas. Cuatro de las cerca de sesenta piezas atribuidas a Murillo que pertenecían a Alleyne Fitzherbert, barón de St Helens, cuya colección se vendió en 1840, acabaron en el British Museum, dos de ellas en 1873 como donación de James Hughes Anderdon. El espléndido grupo de dibujos españoles que se estaba formando fue un acicate para incrementar la colección, y en 1890, dos obras claves de Luis Paret y Alcazar y otra de Miguel Jacinto Meléndez  reforzaron considerablemente los fondos del siglo XVIII.
Entre los mil dibujos que el museo adquirió en 1895 estaban algunos de los más valiosos ejemplares españoles de la colección de John Malcolm of Poltalloch (1805–1893), acaudalado terrateniente y magistrado escocés residente en Londres. En 1860, sir John Charles Robinson (1824–1913), director de las colecciones de arte del nuevo South Kensington Museum (posteriormente Victoria and Albert Museum) vendió a Malcolm su notable colección de dibujos. (…)






Robinson viajó a España donde, además de otros objetos, compró una serie de dibujos por mediación de José Madrazo, director del Museo del Prado, y fundador y director del Real Establecimiento Litográfico de Madrid. Entre ellos estaban la Cabeza de monje atribuida a Zurbarán y la Asunción de la Virgen de Herrera Barbueno. En el prólogo del catálogo de 1869, Robinson explicaba los criterios por los que se regía para crear la colección de Malcolm. Dos de las cuatro reglas que le parecían esenciales eran: «independientemente de la autoría, coleccionar solo ejemplares de indiscutible excelencia como obras de arte», y, «en el caso de maestros menos eminentes, quedarse solo con los ejemplares de excepcional calidad y bien conservados». Ambas reglas quedaban avaladas por los dibujos de Zurbarán, Herrera Barnuevo y otros que llegaron al museo por la misma vía.






Ya en el siglo XX, una serie de adquisiciones y donaciones importantes han enriquecido el conjunto.
Durante la segunda mitad de siglo, quizá coincidiendo con el declive del interés por el tema, disminuyó la capacidad del museo para adquirir diseños españoles. Con ello se perdió la oportunidad de engrosar la colección con nuevas obras de Goya cuando todavía estaban disponibles. El soberbio conjunto de estampas del pintor del que dispone el museo llegó relativamente tarde, en 1975, procedente de la colección del hispanista Tomás Harris.”







Apunte sobre la exposición:
El dibujo me parece que es un arte en sí mismo, no es solo una obra subordinada a un “artefinal”: pintura, fresco, acuarela, escultura… y lo pienso de los dibujos de todas las épocas. Por supuesto que no ignoro que la realización de muchos de ellos está motivada en la culminación de una obra posterior más ambiciosa y compleja. De acuerdo, pero aún en ese caso, el dibujo queda como una realización única, acabada y con existencia y significación propias. Me parece además que es indiscutible que ciertos  “valores” propios del dibujo son intransferibles a cualquier otra obra digamos de técnica distinta y por lo tanto de imposible traslado o trasvase. Otro asunto más, el dibujo nos habla con gran precisión de una parte del talento “artesano”, es decir, técnico, del artista. Sobre estos puntos, -y las opiniones despectivas de algunos “artistas contemporáneos”, ¡que no saben dibujar!- que desde hace tiempo rondan mi cabeza, creo que procuraré explicar y explicarme en sucesivas anotaciones. El absoluto placer que me produce su contemplación, me resulta imposible de explicar.

ELOTRO

***

No hay comentarios:

Publicar un comentario