miércoles, 17 de abril de 2013

Thomas Bernhard (El sótano).






“De mi abuelo tengo la costumbre de toda la vida de levantarme temprano y casi siempre antes de las cinco. El ritual se repite, en contra de las fuerzas incesantes de la pereza, y con conciencia ininterrumpida de que todo hacer es un hacer sin sentido, me enfrento con las estaciones del año mediante la misma disciplina cotidiana. Mi aislamiento es, durante largos periodos, un aislamiento total tanto del cuerpo como del espíritu, al someterme total e incorruptiblemente a mis necesidades, me las arreglo conmigo mismo. Épocas de repetición absoluta alternan con lo contrario, sometido a todas las oscilaciones imaginables de mi naturaleza y del universo, sea el que fuere, sólo encuentro mi camino mediante una jornada estrictamente reglamentada. Sólo porque me opongo a mí mismo y, realmente, estoy siempre en contra de mi, soy capaz de ser. Cuando escribo, no leo, cuando leo, no escribo, y durante largos periodos no leo, no escribo, me resulta igualmente repulsivo. Durante largo tiempo, tanto escribir como leer me resulta odioso, y me veo entregado a la inactividad, lo que quiere decir, al examen profundo y penetrante de mi catástrofe sumamente personal, por una parte como curiosidad, por otra, como confirmación de todo lo que hoy soy y en lo que me he convertido con el tiempo, en esas circunstancias mías, tan cotidianas como antinaturales, artificiales, incluso perversas. Las perfidias que me hacen tropezar y desesperar, que me vuelven todos los días medio loco, se vuelven ineficaces contra mí cuando me las explico totalmente, lo mismo que nada me afecta ni me mata ya lentamente cuando me lo explico. Explicarme la existencia, no sólo penetrarla sino aclarármela cada día en el mayor grado posible, es la única posibilidad de hacerle frente. Antes no tenía esa posibilidad, para intervenir en el juego mortal y cotidiano de la existencia no tenía ni la inteligencia ni las fuerzas, hoy, el mecanismo se pone en marcha solo. Es un ordenador cotidiano, en mi mente se pone orden, las cosas se ponen cada día en su sitio. Lo que es inutilizable se tira y, sencillamente, es expulsado de mi mente. La falta de miramientos es también un signo de vejez. Para superar las modas, el aislamiento y la imperturbabilidad del espíritu son la única salvación. Cuántas modas intelectuales han desfilado ya ante mí. Los viles aprovechadores de restos no descansan. Pero los que dominan el mercado con sus productos de saldo son fácilmente reconocibles, con el tiempo, se meten, totalmente por sí solos, en su propia porquería. El superviviente tiene que buscarse a un lado su rincón apropiado para sus conquistas. El aire está enrarecido, pero estoy acostumbrado a él. El una-cosa-u-otra se encuentra ya desde hace bastante tiempo en equilibrio. ¿Qué hay que estimar más, la frase o lo elementa? Es algo sin sentido. Yo lo he escuchado todo pero no he seguido nada.”

Thomas Bernhard  (El sótano).


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