viernes, 31 de mayo de 2013

II.La Historia como compromiso, o no. / Margarita Almela Boix





(…) II.La Historia como compromiso, o no.

“Un tema entroncado con el compromiso político y la crítica del poder es el de la memoria. Desde la década de los 70, España, como todos los países que salen de un periodo de dominación, dictadura o colonialismo, siente la necesidad de recomponer la memoria, de preguntarse por la historia robada, de cuestionar las grandes falsas verdades transmitidas durante el período anterior, y la novela histórica empieza a tomar auge no sólo como consecuencia de esa vuelta a la narratividad, de esa tendencia a contar historias, sino también por la necesidad de indagar, conocer y reescribir la historia y transmitir una nueva visión. La guerra civil y sus consecuencias va a ser un tema privilegiado de la nueva novela histórica española porque constituye el origen, el principio, la frontera que separa un antes y un después, la causa de una derrota que ha durado hasta el presente.




Pero no olvidemos que el llamado “espíritu de la Transición” supone un intento de olvido, de pasar página, de renuncia por parte de los “vencidos” a cualquier tipo de resarcimiento y demanda de justicia, y por parte de los vencedores convertidos en verdugos durante cuarenta años la evitación de cualquier forma de castigo, hasta el punto de que ni siquiera se tuvo el gesto de pedir perdón. Pues bien, una de las consecuencias de este espíritu “conciliador” fue la repetición de un mensaje perverso: había que destruir la idea de la división entre buenos y malos: en los dos bandos los había; en los dos bandos se cometieron crímenes; en los dos bandos había razones para arrepentirse, por lo que era mejor olvidar. Pero este discurso lo que venía a hacer era legitimar al bando golpista que se levantó contra el gobierno legítimo e inició una sangrienta guerra contra el pueblo que lo había elegido y lo defendía y desencadenó una terrible represión que duró más de cuarenta años.

Gran parte de los novelistas que empezaron a indagar y escribir sobre la guerra y sus consecuencias cayeron en la trampa y la convirtieron en un tema y un espacio míticos: la guerra civil española, se convirtió en un símbolo no ya de la primera lucha (y derrota) histórica contra el fascismo, sino de todas las guerras, es decir, en un mito ahistórico sobre las luchas cainitas despojado de sus características específicas (más o menos como la guerra de Troya). Como decía Santos Sanz Villanueva congratulándose de ello (Los nuevos nombres: 1975-1990, p. 263), la guerra civil de las novelas españolas de este periodo es “un conflicto no atravesado por la ideología”, y se refiere a Beatus ille (1986) de Antonio Muñoz Molina, Luna de lobos (1985), de Julio Llamazares, Una historia madrileña (1988) de Pedro García Montalvo, o Las aguas esmaltadas (1990) de Manuel Díaz Luis, frente a la “postura testimonial y crítica” de un autor de más edad, Juan Eduardo Zúñiga, en La tierra será un paraíso (1989).

Con el tiempo las novelas históricas de la guerra civil pasaron a ser –como había ocurrido con la novela histórica del romanticismo decimonónico-, solo novelas históricas de aventuras de la guerra civil, para acabar siendo apenas novelas de aventuras históricas.





Pero cuando en el siglo XXI una nueva generación de novelistas se plantea de nuevo abordar con seriedad el conflicto bélico, sus causas y consecuencias, los mismos críticos que desprecian y censuran la carga ideológica de las novelas del presente, difunden la idea del agotamiento del tema, del cansancio de los lectores: ¡Otra novela sobre la guerra civil. Y lo mismo vale para el cine. (Fernando Savater se ha quejado en repetidas ocasiones del regreso de un tema que no le interesa a él, ni cree que le debería interesar a la España de hoy, ni teórica ni histórica ni culturalmente). Pero ¿de verdad son tantas las novelas que tratan este tema frente a las demás novelas intimistas, de aventuras, de evasión fantástica, costumbristas, policíacas, de tiempos históricos remotos y “despolitizados”, de aprendizaje o iniciación (por citar algunos “subgéneros” o tendencias)? ¿Desde cuándo la sociedad norteamericana, inglesa o francesa ha considerado agotado el tema de la segunda guerra mundial en la literatura o en el cine?
Deberíamos preguntarnos si esta crítica adversa contra las novelas de la guerra civil española no corre paralela al discurso del poder sobre la memoria histórica, si no se nos está queriendo convencer de que dejemos a los muertos en las cunetas y en las fosas de la vergüenza, de que dejemos sin cicratizar la herida, de que olvidemos qué y quienes somos y por qué.”


Margarita Almela Boix
(Fragmento de: Novela y discurso del poder)


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