miércoles, 26 de junio de 2013

Alberto Giacometti / ELOTRO






Alberto Giacometti (1)

Alberto luchó sin descanso sobre un cuadrilátero, un coso, un ring, un tatami, un tablero… de 18 metros cuadrados. El dato de la pequeñez, de la ínfima superficie, del estudio parisino en el que el Giacometti desconocido y el posterior famoso lucharon, a lo largo de cuarenta años, contra sus propias limitaciones tratando furiosamente de “crear su aportación personal al arte”, parece ser la piedra angular sobre la que los hacedores de esta expo levantan el entramado mini-teórico / cuasi-filosófico / macro-comercial. Ya no hay que gastarse, el que se lo pueda permitir, una pasta gansa en el super-catálogo de la ocasión para recibir las consignas y las indicaciones precisas, “la hoja de ruta”, que permite “poder” entender la profundidad y la significación, de la obra del artista o movimiento en cuestión. El folletito “gratis” y las señales llenas de letras que abren cada sala nos llevan de la manita al centro del coso donde los dóciles “mirones” acabaremos estúpidamente sacrificados en honor del gran Dios, “ARTE”, así, con mayúsculas.
No hay como dejarse “encausar” por los que saben. Y esto vale tanto para el mundo del arte como para el mundo de la política. No se meta usted en política ni se meta usted a “entendido en arte”, haga como yo digo que hago yo, deje que los entendidos “nos lo cuenten”, son cuentistas profesionales, eruditos, estudiosos, investigadores, todos a sueldo de… bueno, de qué estábamos hablando?





Alberto Giacometti (2)


Retomemos el asunto del parisino “microestudio”  de Giacometti. Dieciocho metros cuadrados, cierto, pero con suficiente altura, ya que Alberto podía realizar allí esculturas de más de tres metros de alto. Y los más famosos fotógrafos inmortalizaron el “tablero creativo” aquel con reiteradas fotos cenitales. Sin embargo, recordemos que el viejo Cézanne tuvo que esperar a que la diñara su papaíto y heredar, para montarse un estudio donde pintar grandes formatos. También podemos señalar que el tamaño máximo de las obras de Francis Bacon venía condicionado por el tamaño de la puerta de su apartamento londinense. Pero no solo el tamaño y las limitaciones del estudio unían a Alberto con Francis. Digamos que compartían decorador de interiores. El suelo, y las paredes, del estudio de Francis, ver fotos en la red, era un auténtico vertedero infestado de objetos, botellas de ginebra, fotos, recortes, cosas y porquerías varias… por su parte en el estercolero de Alberto predominaba el yeso reseco mezclado con trapos petrificados, papeles de periódicos y revistas, colillas,  y múltiples tipos de alambres, cubos, objetos metálicos y trozos de maderas…¿las limitaciones hacen el órgano?, puede, no sé, el estudio de Lucian Freud también parecía, en ciertos rincones, un basurero, un muladar… menudo contraste con el orden y la limpieza de los de Kandinsky, Klee o el salón de la casa de Magritte… Picasso también podría ser calificado como un pequeño gorrino, después de ver algunas fotos de sus estudios… recuerdo el asiento de una lujosa silla utilizado como paleta… ¿fruto de un apretón creativo?
Volvamos a Alberto Giacometti y Francis Bacon. Parece ser que el artista suizo visitó a primeros de los sesenta el estudio de Bacon y su comentario, a la vista de sus obras fue: “Si coloco junto a las mías, estas rabiosas pinturas, mis obras parecerían pintadas por una pacífica solterona…” ni una palabra sobre el tamaño de las obras, ni del estudio, ni de… ¿será que el tamaño, a ellos, no les importaba? en fin, de qué estábamos hablando?



Alberto Giacometti (3)

A riesgo de resultar pesado con el asunto del “tamaño” solo un dato más. Nos informan -en la guía de ruta de la expo- de lo siguiente: “Annette, su mujer, y Diego, su hermano, fueron sus principales modelos. El artista utiliza distancias fijas, precisas: en el suelo del taller, una marca roja señala la posición exacta de la silla del modelo, ubicado a una distancia constante de 1,40 metros tras el caballete del artista y guardando un ángulo de 45 grados hacia la derecha.” Ya lo ven, dentro de los dieciocho metros cuadrados todo está medido y fijado con precisión, centímetros, grados, puntos de vista, distancias… Algunos de ustedes recordarán aquellas escenas de la, para mí magnífica, película de Erice, “El sol del membrillo”, en la que Antonio López marcaba el lugar exacto del caballete y, con dos clavos en el suelo, el preciso punto donde colocar la puntera de sus zapatos y, ya no digamos, la tupida trama de hilos y las marcas del horizonte y la plomada de la verticalidad… o sea, el desesperado intento de acotar el espacio, el campo de juego con las propias reglas o puntos de apoyo… también me viene a la memoria otro de mis artistas preferidos, el portugués Juliao Sarmento, y el título de una de sus últimas exposiciones, “Distancias cortas”, y dale con el “tamaño” o su falta o exceso porque una de sus obras recuerdo que llevaba el título de “Demasiado cerca”, para poder ver?… tan cierto como que se trataba de una pantalla de más de “dieciocho metros cuadrados” sobre la que se proyectaba una película por retroproyección que tenías que mirar desde una atosigante y cegadora distancia de no más de 30 centímetros sin posibilidad de dar un paso atrás… lo cual imposibilitaba la visión completa de la misma y por consiguiente solo permitía “ver” pequeños fragmentos ilegibles… instructiva obra la de Sarmiento que me evoca ese estupendo libro de John Berger, (Saber) “Mirar”… en fin, de qué estábamos hablando?




Alberto Giacometti (4)

Pues no hay manera. Tenemos que seguir hablando del tamaño, las culpas, supongo, al maestro armero. Dice Giacometti: “Cuando me instalé en el estudio parisino de la calle Hippolyte Maindron, 46,(Montparnasse), en 1927 me pareció un minúsculo agujero”. Y casi veinte años después añade: “En 1945 decidí que mis esculturas debían de reducir su tamaño drásticamente”. Y “pero no fue así exactamente, solo se volvían flacas y larguiruchas, y yo también tenía la sensación de menguar… y de resultas fue  el estudio el que parecía hacerse cada día más amplio.” Recordemos que en el lenguaje de Giacometti, el lugar, el espacio, no solo era un espacio físico sino también “mental”. Él lo dijo tal que así: “El tiempo se hacía horizontal y circular, era espacio al mismo tiempo, e intenté dibujarlo…”. Bueno, ya saben, para Alberto el dibujo era la “base” de todo su arte.

Casi cuarenta años trabajando en ese diminuto estudio. Su hermano Diego mantenía con él frecuentes discusiones sobre la necesidad de llevar los yesos terminados (¿) a la fundición. Se llegaba al extremo de que no había sitio disponible en el estudio, abarrotado de yesos y lienzos, ni siquiera para el modelo de turno. Afortunadamente Giacometti cultivó a lo largo de los años amistad con muchísimos fotógrafos que han inmortalizado aquél maravilloso cuchitril petado de obras maestras. La lista sería muy larga: Dora Maar, Brassaï, Man Ray, Arnold Newman, Cartier-Bresson, Scheidegger, Doisneau… todos ellos miraron y fijaron para la posteridad aquella atestada “cocina de arte” en la que el alquimista Giacometti combatía cada día contra el espacio y el tiempo, buscando según sus palabras, una apertura, una brecha por la que fracasar de nuevo… en clara sintonía “pesimista/existencialista” con su amigo Samuel Beckett. (Alberto realizó la escenografía de la obra de su amigo, “Esperando a Godot”)… en fin, de qué estábamos hablando?




Alberto Giacometti (y 5)

Me gustaría destacar de esta expo el vídeo que proyectan en la última sala. Contiene interesantes imágenes de Giacometti en su taller, trabajando, hablando sobre su trabajo… aparecen también algunos de sus amigos y modelos, opinando o contando anécdotas vividas junto al artista, ¡aquél rocoso japonés capaz de aguantar horas y horas de posado sin mover un solo músculo!, el único modelo que le venció en el pulso retratador/retratado, se escucha comentar… a destacar la breve intervención de Balthus, (artista que compartía con Giacometti su admiración por los pintores italianos primitivos, Giotto, Cimabue…) con su sempiterno cigarrito en la mano, recordando una discusión de Alberto con Bretón ocurrida treinta y tantos años atrás…
El montaje cronológico nos ayuda a comprender la evolución del artista y su obra. Sus primeras obras de clara influencia cubista. Las huellas de su fascinación por el arte de África y Oceanía, y llegados a este punto, me extraña no encontrar ninguna referencia a su buen amigo André Derain, fue este quién introdujo a Picasso en el arte africano del mismo modo que años más tarde lo hizo con Alberto. Derain fue un gran artista, ¡uno de los salvajes!, que no se enteraba o no se quería enterar, lo más probable, de lo que estaba ocurriendo en la Europa de los años treinta… y no se le ocurrió otra cosa que encabezar una delegación de artistas y visitar y adular a ese otro “pintor de brocha gorda no degenerado” llamado Hitler… Picasso no se lo perdonó, Giacometti sí lo disculpó… tiempo después Alberto fue el único artista que hizo acto de presencia en el poco concurrido funeral de su amigo André.
Si se nos habla de las sucesivas fascinaciones de Giacometti, primero Rembrandt, luego Tintoretto, más tarde Giotto y Cimabue…y la evidente huella que dejaron en su obra en el periodo surrealista de entreguerras… pero el Giacometti que conoce y celebra la mayoría es el artista que a partir del año 1945 comienza a esculpir esos “Hombre que camina”, “Mujer grande” o esos “Torso con cabeza” que ¿conviven? en esas “Plazas”  en esos “Espacio / Tiempo” o que configuran esos “Bosques” humanos… el artista vuelve una y otra vez sobre la quietud de sus larguiruchas mujeres, sobre los pasos de los estilizados paseantes, sobre los torsos anclados en sólidas peanas… algún perro, algún gato, muchos árboles… todos agrupados sobre el mismo soporte, ¡o enjaulados!, pero claramente ensimismados en su particular soledad… decía Giacometti que cambió su admiración por Rembrandt por la de Tintoretto al observar en sendos autorretratos que el holandés pintaba una mirada hacia fuera mientras que el veneciano nos golpeaba con una mirada interior… de nuevo aquí la influencia de su amigo Beckett… en fin, de qué estábamos hablando?

ELOTRO


***

No hay comentarios:

Publicar un comentario