viernes, 21 de junio de 2013

Derogación de la Ley de Amnistía de 1977 / Miguel Sánchez-Ostiz




Hoy el diario Público trae la noticia de que el PSOE de Andalucía se cuestiona el ejercicio de la Memoria Histórica y habla de la derogación de la Ley de Amnistía de 1977…. Pasos… pocos, tímidos, pero se dan.




La de Amnistía fue una ley dictada, en apariencia, en beneficio de los únicos que pedían amnistía, los antifranquistas encarcelados, procesados, exiliados o represaliados, pero que en realidad benefició a los franquistas, a los sublevados, a todos los criminales que todavía seguían vivos y que podían haber respondido ante la justicia por sus crímenes y haber contribuido con ellos al establecimiento de una verdad histórica basada en pruebas fehacientes, en documentos incuestionables, en confesiones. Estos no pidieron jamás amnistía ni perdón, sí salían a la calle era para vitorear al dictador, para saludar al estilo fascista, para lucir camisas azules. Eran los vencedores y así actuaron. La reconciliación nacional no fue una conquista sino una imposición y una impostura al cabo. Aquellos franquistas, antes de doblar la esquina para travestirse de demócratas,  se dictaron una ley para sí mismos, para su casta, en previsión de que tarde o temprano pudiesen ser llevados ante los tribunales los mismos que habían condenado a los que entonces salieron a la calle. Se metió entonces en el mismo saco a quienes vivían enfrentados, a los perseguidos y a los perseguidores, a los verdugos y a las víctimas, ni se señaló a unos ni se reconoció a otros, y se dejó a un lado a la justicia, a la reparación y a la verdad. A la sombra de la Ley de Amnistía se continuó con la misma justicia, con la misma patraña histórica, con la nula voluntad real de conciliación porque jamás hubo depuración de cuerpos policiales, de la magistratura y del ejército (y así nos fue y ha ido y va), que siguieron ejerciendo de lo que eran. Un paso detrás de otro.

Miguel Sánchez-Ostiz

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1 comentario:

  1. Aquel nefando apaño no alcanzó siquiera la condición de "borrón y cuenta nueva". Lejos de difuminar la vergonzosa trampa que aún mantiene a la criminal oligarquía en el poder, el paso del tiempo no hace más que evidenciarla con mayor rigor aún.
    No culpo la dolorosa ignorancia del paisanaje, pero sí la vergonzosa voluntad de colaborar con ella a través de la indiferencia o la resignación.
    Muchos adjetivos, a cuál más siniestro, podrían utilizarse sin temor a exceso alguno para calificar la situación real de este país, pero si yo tuviera que sintetizarlos, yo diría que dicha insoportable situación es: vergonzosamente obscena.

    Un saludo.

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