domingo, 4 de agosto de 2013

Sin contradicción / Reseñan “El Escarmiento” de Miguel Sánchez-Ostiz en “Babelia” (El País).




Sin contradicción / Reseñan “El Escarmiento” de Miguel Sánchez-Ostiz en “Babelia” (El País).

Han tardado pero lo han hecho. Algo es algo. Pero veamos que es ese algo. La reseña la firma un tal Goñi. Como no suelo comprar El País desde hace más de una década y ese contenido no estaba disponible en la versión digital y gratuita, le pedí a un conocido que sí lo compra que me escanease la página. El caso es que tardó en encontrar la reseña y luego pude comprobar que había motivo: ni el nombre del autor ni el título de la obra aparecen en el titular. Algo poco habitual cuando se trata de “publicitar” las obras de los amigos de “la casa”, en fin, no nos pongamos exquisitos y analicemos el “algo es algo”.
Llama la atención el error, reiterado en el cuerpo de texto, de transcribir la palabra “Escarmiento” en minúscula. En fin.
El caso es que tengo la impresión de que el autor de la reseña, el tal Goñi, no ha leído la novela, ni siquiera en diagonal o a párrafo caído. Quienes hayan leído “El Escarmiento” y la reseña, me podrán entender). Aclaro que es la lectura (¿desmelenada?) de la reseña la que me lleva a esa penosa conclusión. “¡Sin contradicción!”.  
Lo poquito que dice el tal Goñi, suena a viejo, a muy usado, a etiqueta o molde o tampón desgastado por el tiempo, por el uso y por la falta de uso. “¡Sin contradicción!”. 

Dice el crítico: “Desmesurada novela”…y continúa…”…creo habérselo leído ahora, en alguna de este medio millar de páginas apretadas, sin margen, sin respiro, imprescindibles tantas, tantas, prescindibles muchas, muchas, que así escribe Sánchez-Ostiz”
Y todo fue leer estas líneas y recordar aquella magnífica escena de “Amadeus” (Milos Forman) en la que el Emperador alababa una obra de Mozart pero le apuntaba que quizá pecaba de “Exceso de notas, sí, demasiadas notas”… a lo que el músico replicó: “¿Cuántas notas cree su majestad que sobran?... porque en mi modesta opinión la obra es perfecta y ni le sobra ni le falta una sola nota…” en fin, salvando las distancias… me encantaría saber cuántas páginas de “El Escarmiento” resultan prescindibles en opinión del reputado crítico… “¡Sin contradicción!”.

Claro que ya conocen mi opinión de que el tal Goñi no se ha molestado en leer la obra, (total pa´qué) y ya tenía desde antiguo la sentencia dictada: a Miguel siempre le sobran páginas por un tubo. Y de eso se trata, aparentemente el crítico da una de cal (Páginas imprescindibles) y otra de arena (Páginas prescindibles) pero si echamos cuentas el resultado, sutilmente inducido, es:  una vez más Sánchez-Ostiz nos ataca con un mamotreto, un peñazo irritante… o sea, con 510 páginas por 25 euros. “¡Sin contradicción!”.

Que si Galdós (el de los Episodios), que si Baroja, que si “estilo volcánico” (¿Faulkner?)… y el tal Goñi escribe: “ese estilo volcánico, sí, (una y otra vez repetir la imagen, no hay nada mejor que lo defina, su estilo)”. Da la sensación de que el problema de Miguel, uno de ellos, es no llamarse Thomas y apellidarse Bernhard… “¡Sin contradicción!”.

Finaliza el crítico afirmando: “La lectura resulta fascinante, incluso irritante. Sin contradicción.” Ya digo, el tal Goñi es un tipo que se irrita y se fascina, cuando lee o no lee a MSO, sin contradicciones, complementarias o antagónicas… y mucho me temo que eso es así debido a una sencilla razón: no ha leído la obra que reseña, ya tenía decidida desde vaya usted a saber cuándo, las paladas, de cal y de arena prescindibles e imprescindibles, que dedicaría a MSO…
Eso de leer debe de ser una actividad demasiado “contradictoria” y cansada para nuestro crítico… y claramente prescindible para escribir reseñas de autores “indeseables” en las páginas del diario “El País”.

 (Cuando ejercemos la crítica)…la justicia no existe: existe nuestro gusto y nuestro humor. Lo que tiene que hacer el crítico es formarse un gusto y controlar su humor. (Jules Renard)

ELOTRO


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1 comentario:

  1. De acuerdo con lo que comentas, creo que desde Babelia decidieron, tras ¿cuantos años de silencio?, destacar el libro de Miguel y le encargaron a Javier Goñi (medio «de la tierra») que hiciera la reseña. Parece evidente que si hubiera dependido de él la reseña no existiría. Así que, puestos a cumplir el encargo, se prepara uno de esos potajes para cumplir sin necesidad de leer el libro. Así se explica que divague sobre un proyecto inexistente que da nombre al artículo para evitar el título, o que se equivoque con el nombre de Antoñana o con el color de la cubierta de La negra provincia de Flaubert, que no era negra sino roja… Pero lo mejor es que, dice, en Navarra no nos merecemos a ciertos escritores, aunque él, pudiendo haberlo hecho en múltiples ocasiones, no gastó media línea en recriminárnoslo con la publicación de las reseñas correspondientes. Ni siquiera en el caso de Antoñana, con una hipócrita línea necrológica.
    En cualquier caso, este burocrático espacio de Babelia está permitiendo la presencia de nuevos lectores, y el interés de «nuevos» vendedores de libros («… si lo saca El País…»).

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