domingo, 1 de septiembre de 2013

Otrerías





Una mirada especial, de esas que decimos que nos maravillan, no tanto por lo que ve, que también, sino por lo que nos permite, nos facilita y nos hace “ver”, y por “cómo lo ve” (más allá de lo retiniano por decirlo de manera duchamptiana) y por “desde dónde lo ve” (¿subidos a los pupitres de los poetas muertos?), por lo que, además, nos muestra más allá de oscuras superficies, deslumbrantes profundidades o inaccesibles rincones, de cascaras opacas  y cortezas transparentes , es decir, las partes del conjunto, sus  nexos de unión o dependencia, o de relación o incomunicación, todo un “universo” visible y su mecanismo invisible, con sus piezas, engranajes  y sus conexiones que, hasta entonces se nos aparecía como un territorio “desconocido” que estaba fuera del alcance de nuestra particular percepción, y que, a su través, súbitamente se hace presente y palpable, como novedad desvelada, ¡como si lo viésemos por primera vez!,  y que ahora podemos explorar y conocer... y quizás, por qué no, además se nos brinde la oportunidad de aprehender… sí pero, ¡ojo! no se trata de la ceguera de apresar y domesticar, no se trata de atrapar la mirada con insensatos dedazos y así despojarla  del irreemplazable polvillo que cubre y da vida a sus  mágicas alas…


ELOTRO


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