miércoles, 9 de octubre de 2013

Aforismos / Georg Christoph Lichtenberg, 1742-1799





En verdad hay muchos hombres que leen sólo para no pensar.

Muchos hombres (tal vez la mayoría) sólo encuentran algo si antes saben que está ahí.

No cesaba de buscar citas: todo lo que leía pasaba de un libro a otro sin detenerse en su cabeza.

Las debilidades dejan de ser dañinas en cuanto las conocemos.

La duda no debe ser otra cosa que vigilancia, de lo contrario puede ser muy peligrosa.

Nada se juzga con tanta ligereza como el carácter y en nada hay que ser más cuidadoso...siempre he notado que las "malas personas" mejoran al conocerlas mejor, y las buenas empeoran.

Hay dos caminos para alargar la vida. El primero consiste en alejar los puntos del nacimiento y de la muerte. Entre los médicos hay quienes han contribuido mucho a esta materia. La otra forma consiste en caminar más lento, y dejar los dos puntos donde Dios quiera. Esta corresponde a los filósofos, que saben que no hay nada mejor que recolectar plantas, caminar sin rumbo fijo, saltar una tumba de vez en cuando...y así en adelante.

Lo que se aprende, se aprende al modo del aprendiz.

Así como se encuentra agua al excavar, tarde o temprano encontramos lo incomprensible en todas partes.

Tal vez lo más cercano a la felicidad total es aprender a concebir que nadie es completamente feliz. Sin embargo, hay muchos grados de sufrimiento, y esto es lo malo.

Cuando un libro choca con una cabeza y suena a hueco, ¿Se debe sólo al libro?

La metáfora es mucho más inteligente que su autor y esto sucede con muchas cosas. Todo tiene su profundidad. Quien tiene ojos ve todo en todo.

Miles de personas pueden ver el sinsentido de una frase, sin tener la capacidad de refutarla formalmente.

La gran regla: Si tus pequeñeces no son singulares en sí mismas, al menos dilas en forma levemente singular.

A un prólogo se le podría llamar “matamoscas” y a una dedicatoria “bolsa de limosnero”.

De cada palabra tener al menos una explicación, no usar ninguna que uno no entienda y ver cosas con la intención de encontrarles algo que los demás aún no han visto.

Aquello tuvo el efecto que por lo general tienen los buenos libros. Hizo más tontos a los tontos, más listos a los listos y los miles restantes quedaron ilesos.

Alguien que ni siquiera distingue entre la lectura pasiva y la activa.

Tal vez sea esta la descripción de una mancha de tinta.

Leer equivale a tomar prestado; inventar, a saldar cuentas.

Darle el último toque a una obra, es decir, quemarla.

También los salvajes huyen más del estruendo de la escopeta que de la bala.

Los caballos de palo no sirven para carruajes. No se les puede apalear.

La mucha lectura nos ha brindado una barbarie ilustrada.

No es que los oráculos hallan dejado de hablar: los hombres han dejado de escucharlos.


(Georg Christoph Lichtenberg, 1742-1799)

***


1 comentario:

  1. Laico, escéptico, irónico, debemos mucho a estos pensadores lúcidos e irreverentes como Georg Christoph Lichtenberg, reivindico el pensamiento analítico y racionalista del Siglo de las Luces.
    Salud
    Francesc Cornadó

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