domingo, 20 de octubre de 2013

Jean Echenoz (Párrafo de: “Relámpagos”)




“También queda claro que prefiere estar solo y vivir solo en general, y repasarse a sí mismo en los espejos antes que mirar a los demás, y prescindir de las mujeres pese a lo mucho que gusta a éstas, pues es muy guapo, muy alto, brillante y pico de oro, no tiene cuarenta años, resulta deseable. Si bien no le es indiferente –tampoco es que prefiera los hombres- que las damas se arrimen discretamente a su persona, parece que hasta ahora no tiene muchas ganas de que traspongan un umbral concreto. Pero eso responde también a ciertos puntos especiales de su carácter.

Carácter por lo demás imposible, algunos de cuyos rasgos, por citar tan sólo dos, tienen demasiado ocupado a Gregor como para dejar un poco de sitio. En primer lugar la extrema preocupación que le inspiran los microbios, bacilos y toda suerte de gérmenes, lo que le obliga a limpiar de continuo cualquier cosa que tenga a su alrededor, de modo exagerado y sin confiar jamás semejante tarea a nadie, lavándose las manos antes y después. En segundo lugar, su manía de contarlo todo, perpetuamente, lo cual es una labor absorbente, perentoria como una ley. Contar los adoquines de las avenidas, los peldaños de las escaleras, los pisos de los edificios, contar sus propios pasos de uno a otro lugar y comparar cada vez los resultados, contar a los transeúntes en las calles, las nubes en el cielo, los árboles en los jardines, los pájaros tanto en esos árboles como en el cielo, en particular las palomas, que constituyen especial objeto de recuento.

Lo único que no cuenta Gregor de modo especial es el dinero, como si éste se hallara al margen de la ley –de ahí la necesaria y permanente presencia de un contable-, Gregor no está para tales cosas. Porque esa actividad del recuento le ocupa tanto más tiempo cuanto que, al no ser únicamente mecánica, invade también la esfera de las emociones: en la infinita multitud de cifras que ocupan su mente, cada una de éstas inspira a Gregor un sentimiento especial, un gusto particular, un color muy propio, sin que nada iguale su afección capital hacia los números divisibles por tres, hermoso número, como es sabido, que funciona en cualquier ocasión. A juicio de Gregor, todo cuanto se divide por tres es mejor. Nada tan hermoso para él como un múltiplo de tres.”


Jean Echenoz  (Relámpagos)


***