martes, 15 de octubre de 2013

José María Arguedas





El escritor peruano José María Arguedas ha sido para mí un gran descubrimiento. He llegado a saber de él gracias a Eduardo Galeano, a quien tantos hallazgos debo. Lo cita en un vídeo precioso sobre Juan Carlos Onetti que se puede ver en “TVE a la Carta/ Documentales/ Imprescindibles”. Si tienen ocasión, no se lo pierdan.
Pues eso, que el tal Arguedas ha sido toda una revelación del que en principio solo tengo a mano una edición de su obra: “El zorro de arriba y el zorro de abajo”, y que me tiene gozosamente cautivado en su lectura, saboreando cada palabra, cada frase, cada expresión o descripción… y con ese miedo que causan a los lectores atrapados las grandes obras literarias… se acerca inexorable la última línea.  Que lo fue desdichadamente.

Transcribo algunas anotaciones sueltas:

“…una sensación indescriptible: se pelean en uno, visualmente, poéticamente, el anhelo de vivir y el de morir”.


“…desde ese momento he vivido algo mutilado”.

“No soporto vivir sin pelear, sin hacer algo para dar a los otros lo que uno aprendió a hacer y hacer algo para debilitar a los peruanos egoístas que han convertido a millones de cristianos en condicionados bueyes de trabajo”.

“Cada quien toma veneno, a sabiendas, de vez en cuando”.

“Escribamos por amor, por goce y por necesidad, no por oficio. Eso de planear una novela pensando en que con su venta se ha de ganar honorarios, me parece cosa de gente muy metida en las especializaciones. Yo vivo para escribir, y creo que hay que vivir incondicionalmente para interpretar el caos y el orden”.

“Dicen que pa’comer grande hay que elevarse, como pájaro en la mar”.

“-EL ZORRO DE ABAJO: ¿Entiendes bien lo que digo y cuento?
-EL ZORRO DE ARRIBA: Confundes un poco las cosas.
-EL ZORRO DE ABAJO: Así es la palabra, pues, tiene que desmenuzar el mundo.”

“Hablemos, alcancémonos hasta donde es posible y como sea posible”.

“El resto de la multitud que compraba y vendía, murmuraba hondo; los altoparlantes chillaban propaganda y música bailable; los vendedores de retazos fascinaban a cholos, colitas, jóvenes y viejos, ofreciendo a gritos o con megáfonos, a cien el corte de tela y vendiéndolos después a veinte, y muy contentos todos. No hay engaño."

José María Arguedas  (El zorro de arriba y el zorro de abajo).



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