sábado, 5 de octubre de 2013

Lo que es interesante en el arte / A. Gramsci





Debe fijarse bien lo que es interesante en el arte en general y, especialmente, en la literatura y el teatro.

El elemento “interesante” cambia según los individuos y los grupos sociales o la masa en general: es, pues, un elemento de cultura y no del arte, etc. Ahora bien, ¿puede decirse que sea un hecho totalmente ajeno al arte? El arte interesa, es decir, es interesante por sí mismo, cuando satisface una exigencia de la vida. Pero, además de esta característica íntima del arte, la de ser interesante por sí mismo, ¿qué otros elementos de “interés” puede presentar una obra de arte, por ejemplo, una novela o un poema o un drama? Teóricamente, puede presentar infinitos elementos pero los que “interesan” no son infinitos: son únicamente los que se considera que contribuyen más directamente al “éxito” inmediato o mediato (en primer grado) de la novela, del poema, del drama. A un gramático puede interesarle un drama de Pirandello porque quiere saber cuántos elementos léxicos, morfológicos y sintácticos de factura siciliana introduce o puede introducir Pirandello en la lengua italiana…(…)

Estos elementos “interesantes” varían según las épocas, los ambientes y las idiosincrasias personales.
El elemento de “interés” más estable es, ciertamente, el interés “moral”, positivo y negativo, es decir, por adhesión o por contradicción: “estable” en cierto sentido, es decir, en el sentido de hacer comprender de la manera más inmediata y dramática el contenido moral, de la novela, del poema, del drama: tenemos, así, en el drama los “efectos” escénicos; en la novela, la “intriga” central, etc. Estos elementos no son necesariamente artísticos, pero tampoco son necesariamente no artísticos. Desde el punto de vista del arte son, en cierto sentido, “indiferentes”, es decir, extra-artísticos; vienen dados por la historia de la cultura y deben de valorarse desde ese punto de vista.

La literatura llamada comercial –un sector de la literatura popular-nacional- demuestra que esto es , precisamente, lo que ocurre: el carácter “comercial” viene dado por el hecho de que el elemento “interesante” no es “ingenuo”, “espontáneo”, íntimamente fundido en la concepción artística, sino buscado desde fuera, mecánicamente, industrialmente dosificado, como un elemento cierto de “éxito” inmediato. Esto significa que la historia de la cultura no debe descuidar la literatura comercial. Tiene un valor muy grande, precisamente desde este punto de vista, pues el éxito de un libro de literatura comercial indica (y a menudo es el único elemento indicador) cuál es la “filosofía de la época”, es decir, que sentimientos y concepciones del mundo predominan en la multitud “silenciosa”. Esta literatura es un “estupefaciente” popular, un “opio”. Se podría analizar desde este punto de vista “El conde de Montecristo” de Dumas, la más “intoxicadora”, quizá, de todas las novelas populares: ¿qué hombre del pueblo no cree haber sufrido una injusticia por parte de los poderosos y no fantasea sobre el “castigo” que les inflingirá? Edmond Dantés le ofrece el modelo, le “embriaga”, le llena de exaltación, reemplaza la creencia en una justicia trascendente, en la que ya no se cree “sistemáticamente”.


Antonio Gramsci  ( Quaderni del carcere)



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