sábado, 7 de diciembre de 2013

Ramón Irigoyen / 3 poemas




LO QUE DIJO DE LA NOVIA
UNO DE SUS SOLTEROS

Y fue el amor labor de joyería.

Hundidos en la grasa del placer
fundimos todo el oro de la tierra.
Como relojes locos nos quisimos
la noche entera en un abrazo luminoso.
Se nos alegraron las gargantas de pelos.
Jamás unas axilas han tenido tanto sabor a sábado.
Hubiera podido cenarme su ropa.
Sus pendientes, bizcochos.
Nobody, not even the rain, has such small hands.

Y nuestros cuerpos, zafiro derretido.





CONSTANTINO CAVAFIS


Alejandría es un bazar alegre de lujuria
pero también Cavafis tiene que trabajar
veis la desgana con que marcha al Ministerio
pero ya ha terminado la jornada
reparad ahora en sus andares
al volver del trabajo casi trota
y una sonrisa se insinúa en su rostro
el aire es un alivio de jazmines
los muchachos huelen a sol como la tarde sabe a frutas
y el Poeta se acuerda de unos ojos
(mi mu filás ta matia, pu ine jorismós)
de unos ojos amigos de la noche
más azules que el lago Mareotis
ojos maravillosos de muchacho amado en las arenas de un
verano lejano
y al recordarlos siente sed y entra en el café de al lado
y al sentarse en la mesa de todos los días
oye los ruiseñores inmortales de Heráclito
y Calímaco le invita a un zumo de naranja
y el Poeta le habla de los amores grasientos de los burdeles
y ahora hasta el zumbido de las moscas es música
y el Poeta baila borracho hasta la madrugada porque mañana
es fiesta.




EN EL CIELO DEL PARAÍSO

Me encanta que hables así
y que tu piel se broncee tan fácil
con cualquier música de barrio.

Por la armonía de tus palmeras
es hoy tan buena mi suerte.

Tu cuerpo es un loco abanico
que se corre y se corre…


Ramón Irigoyen



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