lunes, 30 de septiembre de 2013

Juan de Mairena / A. Machado




Pensar es deambular de calle en calle, de calleja en callejón, hasta dar con un callejón sin salida.

(A.   Machado / Juan de Mairena).


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domingo, 29 de septiembre de 2013

Cómo liquidaron la partida republicana con 1400 culturistas dopados y un diluvio. / ELOTRO




Cómo liquidaron la partida republicana
con 1400 culturistas dopados y un diluvio.

Se olía el tongo desde que la UEFA hizo el sorteo. Será por eso que mandaron un grupo de observadores para observar. Y ahí que salió el Margallo, el presidente del colegio de árbitros de la España grande y libre a decirles que se volvieran pa’casa que en Madrid no se les había perdido ná. Que aquí estátodoatadoybienatado.

La cosa, la caza, empezó en parques y estaciones de “Metro” lejanas. Los piojosos del equipo republicano iban armados hasta los dientes: banderas tricolores, pancartas contra la cadera del rey y pitos y flautas… sin embargo la chiquillería española sólo llevaba pistolas, esposas, porras extensibles, capuchas, sirenas, sprays… en fin, el equipamiento habitual y constitucional del “movimiento”…

En aras de la seguridad de la corona hubo que hacer unos cientos de detenciones horas antes del partido, hubo que identificar a otros cientos y multar a otras decenas… hubo que montar un concierto de sirenas azules que dejó boquiabierta a la parroquia turística que no hacía más que dar vueltas al laberinto que montamos en el centro de Madrid… desde el elicotero nos meabamos de la risa… bueno, hasta que empezó el diluvio y ¡la ostia!… acojona un poco tú… en fin que al final: Real-0, Atleti-1.

La Cristinita Sinfrente no hacía más que repetir: “Me cago en el hábeas corpus”… pero como en la comisaría no tenemos diccionarios de euskera… le echamos cacahuetes…
Convaleciente y to... ¡Es tan mona!

ELOTRO


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Antonio Orihuela





Cada vez veo más gente
con una venda
puesta en los ojos.

Incluso he visto gente que,
habiéndosele movido un poco,


se la vuelve a colocar correctamente.


Antonio Orihuela



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viernes, 27 de septiembre de 2013

Jorge Riechmann UN PRÓLOGO AFORÍSTICO SOBRE AFORISMOS / Manuel Sacristán




Jorge Riechmann
UN PRÓLOGO AFORÍSTICO SOBRE AFORISMOS

1

Docta ignorancia es saber que no se sabe, conocimiento de los
límites del propio saber: intentamos situarnos en esa estela, detrás
de Sócrates, de Nicolás de Cusa... y del maestro Manuel
Sacristán. “El requisito imprescindible para una investigación sin
prejuicios es el reconocimiento de la ignorancia propia”
(M.A.R.X. II, 20).

2

“El principio de docta ignorancia”, observó Manuel Sacristán, “se
satisface particularmente bien con formulaciones negativas: no
construcción de la libertad, sino abolición de la esclavitud”
(M.A.R.X. II, 36). 

“Los tipos que fabrican utopías en las que todos
tendremos la misma estatura nos están intentando robar la
posibilidad de conseguir que no nos maten de hambre, ni nos
metan en la cárcel, etc.” (M.A.R.X. I, 12).


Hay que atenerse siempre a esto, por fidelidad a lo humano y por
amor a lo viviente. No tanto realizar el bien como luchar contra el
mal; no edificar la sociedad perfecta, sino combatir la injusticia;
no atinar con la verdad, sino intentar no engañarse; no lograr la
felicidad, sino desactivar los mecanismos de autogestión de la
desdicha; no la educación óptima para el infante, sino no poner
trabas demasiado graves a su desarrollo; no enseñar a escribir un
poema genial, sino enseñar a no escribir un mal poema, etc.
También cabe recordar al Juan de Mairena último:
“Imperdonable –decía don Miguel de los Santos Álvarez--,
imperdonable que haya escrito usted un drama trágico, en cinco
actos, tan malo como ése.¡Con lo fácil que es no escribir un
drama trágico en cinco actos!”





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Miguel de Cervantes (Don Quijote de la Mancha. Cap. XI.)




"¡Dichosa edad, y siglos dichosos aquellos á quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en en ella vivian, ignoraban estas dos palabras de tuyo y mio! Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes..."

Miguel de Cervantes (Don Quijote de la Mancha. Cap. XI.)


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miércoles, 25 de septiembre de 2013

“Cómo hablar de los libros que no se han leído” de Pierre Bayard




“Hojeo los libros, no los estudio. Lo que me queda de ellos es algo que ya no reconozco que sea de otros; es sólo aquello de lo cual mi juicio ha sacado provecho, los razonamientos y las fantasías de que se ha imbuido. El autor, el lugar, las palabras y demás circunstancias, los olvido al instante.”

“No es muy extraño que mi libro siga la suerte de los demás libros, y que mi memoria abandone lo que escribo como lo que leo, y lo que doy como lo que recibo.”

M. Montaigne  (En: “Cómo hablar de los libros que no se han leído” de Pierre Bayard).


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martes, 24 de septiembre de 2013

Maria Joao Pires



No me siento vencedora en nada, no quiero vencer a nadie,
sólo quiero encontrar mi lugar en el mundo y en la música sin que
ello suponga una competición. La palabra vencedora no va
conmigo. Pretendo ser verdadera, no engañar... ¿Por qué nuestras
manos son más importantes que las de alguien que trabaja la
tierra? Nosotros sólo hacemos pasar el rato a 2.000 personas en
una sala y ellos nos dan de comer. ¿Por qué nos tienen que
asegurar la manos a los pianistas y no a un agricultor? No debemos
guardar nuestras manos, tenemos que ponerlas en acción.

Maria Joao Pires (2003)


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lunes, 23 de septiembre de 2013

J. Riechmann sobre M.Sacristán




J. Riechmann sobre M.Sacristán

Admirable, la definición de los intelectuales como “tíos que no
van en serio”. Cuando uno se toma la vida en serio, la verdad en
serio, la escritura en serio, entonces no es un “intelectual”: es un
amigo de la sofía, o un amigo de la poesía, o un amigo del
chinchón seco. Para cualquiera de esas amistades serias, la
condición previa es no perderse el respeto a uno mismo.


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El gaviero Álvaro Mutis / Mario Benedetti




El gaviero Álvaro Mutis / Mario Benedetti

16 de septiembre 1991


El colombiano Álvaro Mutis es una de las voces literarias más preñadas de sentido en el panorama iberoamericano. La recopilación de sus poemas escritos entre 1948 y 1988, titulada Summa de Magroll el Gaviero, supone para el lector adentrarse. en una región creada como barrera contra la muerte.
El diccionario define la palabra gaviero como "grumete de vigía en las gavias". Mutis, como Magroll, también otea horizonte y azar, en busca de un futuro dúctil, ni acuciante ni forzoso."Y yo que soy hombre de mar", dice Magroll, "para quien los puertos apenas fueron transitorio pretexto de amores efímeros y riñas de burdel, yo que siento todavía en mis huesos el mecerse de la gavia a cuyo extremo más alto subía para mirar el horizonte y anunciar las tormentas (...)".
No obstante, cuando el Gaviero inicia, "sin propósito deliberado, un examen de su vida", ese avance interior concluye llevándole "a un tercer impasible, vigía de su existencia". Mutis viene así a convertir a Magroll en un gaviero de sí mismo. Las contradicciones, ambigüedades y paradojas que a menudo se vuelven elementos turbadores en las posturas públicas del poeta aquí se convierten en riqueza poética.
Si nos limitamos a sus libros de poesía, no sabremos muy bien cuándo el Gaviero se va y adónde va, cuándo vuelve y de dónde vuelve, si muere una vez o varias veces. En ocasiones tenemos la impresión de que el Gaviero fuera varios gavieros, distintos rostros de un mismo Álvaro Mutis. Quizá por eso el volumen que reúne su poesía escrita entre 1948 y 1988 se titule Summa de Magroll el Gaviero, ya que no es sólo una recopilación de poemas, sino también una suma de todos los gavieros que en su mundo han sido.
Es cierto que el poeta suele ser un reconocedor, y por consiguiente Mutis va reconociendo el mundo a través de los ojos vigías de su entrañable, enigmático personaje. Y esos ojos, esas miradas van abarcando "el mito perdido, irrescatable, estéril".
Mutis inventa vidas, trayectorias, en ocasiones con un ritmo y un talante más afines con la prosa que con la poesía. Sin embargo, aun en la prosa (incluida en los libros de poemas), las señas de identidad son siempre poéticas. La enumeración y la invocación ("la poesía es invocatoria", ha dicho alguna vez Álvaro Mutis) son dos de sus rasgos diferenciales.
Organización
Pero la enumeración no es caótica, como descubría Leo Spitzer en ciertos poetas contemporáneos, sino minuciosamente organizada. EnTrilogía, por ejemplo: la ciudad, el campo, las montañas, son presencias abstractas que la poesía de alguna extraña manera vuelve concretas. "Hay objetos que no viajan nunca", dice en Cinco imágenes, "se detienen en una eternidad hecha de instantes paralelos que entretejen la nada y la costumbre".
Al igual que en otros poetas latinoamericanos (pienso en Juan Gelman, en José Emilio Pacheco) hay en Mutis una porfiada presencia de la muerte. Desde Un bel morir hasta Poema de lástimas a la muerta de Marcel Proust; desde En los esteros hasta los Diez lieder (que en el fondo son cantos de amor y de muerte), el deterioro, la desaparición, el acabamiento, son constantes de esta poesía.
Aun su versión poética de la naturaleza (es notable su capacidad para mostrar o describir el paisaje) suele nutrirse de una tonalidad postrimera: en su permanente ciclo de muertes y resurrecciones la naturaleza permanece, pero su testigo, su veedor está condenado al estrago final.
En la Reseña de los hospitales de ultramar se habla de "esos pasos que da el hombre usándose para la muerte, gastando sus fuerzas y bienes para llegar a la tumba y terminar encogido en la ojera de su propio desperdicio".
Es posible que, para Magroll, la miseria y el deseo Figuren entre esos pasos. "Una palabra y se inicia la danza / de una fértil miseria". ¿Por qué la elección de un adjetivo vital. (fértil) para calificar la miseria? Tal vez porque de la conciencia de la miseria nace un impulso que es vida: vida miserable, pero vida al fin.
De ahí que Magroll / Mutis aconseje (o se aconseje a sí mismo) cuidar esa miseria fértil como un bien patrimonial: "Cala tu miseria, / sondéala, conoce sus más recónditas cavernas. /Aceita los engranajes de tu miseria, / ponla en tu camino, ábrete paso con ella / y en cada puerta golpea / con los blandos cartílagos de tu miseria. Cultiva tu miseria, / hazla perdurable, aliméntate de su savia, / envuélvete en el manto tejido con sus más secretos hilos", y luego concluye: "No mezcles tu miseria con los asuntos del día".
Su venganza contra la invicta muerte consiste simplemente en denunciarla como promotora de nuestra degradación. En ese solo tema la poesía de Mutis asume cierto aire de predicador: satanizar la muerte, despojarla del alivio de cualquier salvación o sobrevida, se convierte en un ataque frontal, claro que sin esperanza de victoria.
Su voz pregonera llega a convocar así: "¡Vengan a hacer el noviciado de la muerte tan útil a muchos, tan sabio en dones que infestan la tierra y la preparan!".
Placer
El otro argumento contra la muerte es el placer. Argumento que es también antídoto, exorcismo. El Gaviero llega a almacenar esta sabiduría: "La carne borra las heridas, lava toda huella del pasado, pero nada puede contra la remembranza del placer y la memoria de los cuerpos a los cuales se uniera antaño".
Antes había escrito: "Que te acoja la muerte / con todos tus sueños intactos", ¿y qué mejor sueño intacto que aquel que contiene y preserva la plenitud del placer?
Álvaro Mutis posee un excepcional dominio del lenguaje. Tiene razón Fernando Charry Lara cuando afirma que es reconocible en Mutis "un goce nunca disimulado por dar a la poesía un rostro alegremente desdeñoso de lo consabido poético" y también que "en sus poemas se reconoce un trabajo secreto por descubrir la esencial función delatora del lenguaje".
José Miguel Oviedo, crítico sagaz de la obra de Mutis, ha escrito: "Todo -sonidos, colores, olores: esa sensualidad oprobiosa del trópico- está aquí para apagarse, para volverse ceniza ( ... ). La poesía es, antes que nada, una desgracia, una admisión de derrota; la poesía se hunde junto con las cosas que celebra". Es cierto. El mundo de Mutis tiene esa particularidad. Sin embargo, la poesía de este gaviero colombiano incluye la pertinente refutación, al menos cuando toma "el mito perdido, irrescatable, estéril", y lo encuentra, lo rescata, lo fecunda. Tengo la impresión de que la poesía de Alvaro Mutis sobrevivirá largamente a las perecibles cosas que celebra.




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domingo, 22 de septiembre de 2013

Perich




Plegaria capitalista: 

Bienaventurado los mansos porque ellos me permitirán vivir como en el cielo.


(Perich)


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viernes, 20 de septiembre de 2013

Junichiro Tanizaki (El elogio de la sombra).




“Como se sabe, en el teatro de bunraku las muñecas femeninas sólo consisten en una cabeza y unas manos. Un vestido de cola cubría el tronco y las piernas y bastaba con que quienes las animaban introdujeran sus manos dentro para producir  la ilusión de movimiento. Por mi parte considero que este procedimiento se acerca mucho a la realidad, porque las mujeres de antes sólo existían realmente de cuello para arriba y desde el borde de las mangas, el resto desaparecía enteramente en la oscuridad. En aquellos tiempos las mujeres de ambientes superiores a la clase media salían muy raramente y si lo hacían, era completamente acurrucadas en lo más profundo de un palanquín, por miedo a que las pudieran vislumbrar desde la calle; no es pues nada exagerado decir que, confinada generalmente en una habitación de sus oscuras mansiones, totalmente sepultadas día y noche en la oscuridad, solo revelaban su existencia en el rostro. (…)

El maquillaje incluía entre otras cosas el ennegrecimiento de los dientes; cabe preguntarse si la finalidad de esta operación no era, una vez rebosante de oscuridad todo el espacio excepto el rostro, poner una pincelada de sombra hasta en la boca.”


Junichiro Tanizaki  (El elogio de la sombra).



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domingo, 15 de septiembre de 2013

Meister Eckhardt




“70

“Cuando estaba yo en mi causa primera, no tenía a Dios…; me quería a mí mismo y no quería nada más; era lo que quería, y quería lo que era, y estaba libre de Dios y de todas las cosas… Por eso suplicamos a Dios que nos libre de Dios, y que concibamos la verdad y gocemos eternamente de ella, allí donde los ángeles supremos, la mosca y el alma son semejantes, allí donde yo estaba y donde quería eso que era y era eso que quería…”

Meister Eckhardt, sermón Beati pauperes spiritu.
(Rayuela-J. Cortázar).


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sábado, 14 de septiembre de 2013

Rayuela - 66 / Julio Cortázar




“66

Facetas de Morelli, su lado Bouvard et Pécuchet, su lado compilador de almanaque literario (en algún momento llama “Almanaque” a la suma de su obra).
Le gustaría dibujar ciertas ideas, pero es incapaz de hacerlo. Los diseños que aparecen al margen de sus notas son pésimos. Repetición obsesiva de una espiral temblorosa, con un ritmo semejante a las que adornan la stupa de Sanchi.
Proyecta uno de los muchos finales de su libro inconcluso, y deja una maqueta. La página contiene una sola frase: “En el fondo sabía que no se puede ir más allá porque no lo hay.” La frase se repite a lo largo de toda la página, dando la impresión de un muro, de un impedimento. No hay puntos ni comas ni márgenes. De hecho un muro de palabras ilustrando el sentido de la frase, el choque contra una barrera detrás de la cual no hay nada. Pero hacia abajo y a la derecha, en una de las frases falta la palabra lo. Un ojo sensible descubre el hueco entre los ladrillos, la luz que pasa.”

Julio Cortázar  (Rayuela).


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viernes, 13 de septiembre de 2013

Vecinos / Raymond Carver





“Neighbors”

 Bill y Arlene Miller eran una pareja feliz. Pero de vez en cuando se sentían que solamente ellos, en su círculo, habían sido pasados por alto, de alguna manera, dejando que Bill se ocupara de sus obligaciones de contador y Arlene ocupada con sus faenas de secretaria. Charlaban de eso a veces, principalmente en comparación con las vidas de sus vecinos Harriet y Jim Stone. Les parecía a los Miller que los Stone tenían una vida más completa y brillante. Los Stone estaban siempre yendo a cenar fuera, o dando fiestas en su casa, o viajando por el país a cualquier lado en algo relacionado con el trabajo de Jim.
Los Stone vivían enfrente del vestíbulo de los Miller. Jim era vendedor de una compañía de recambios de maquinaria, y frecuentemente se las arreglaba para combinar sus negocios con viajes de placer, y en esta ocasión los Stone estarían de vacaciones diez días, primero en Cheyenne, y luego en Saint Louis para visitar a sus parientes. En su ausencia, los Millers cuidarían del apartamento de los Stone, darían de comer a Kitty, y regarían las plantas.
Bill y Jim se dieron la mano junto al coche. Harriet y Arlene se agarraron por los codos y se besaron ligeramente en los labios.
—¡Divertíos! — dijo Bill a Harriet.
—Desde luego — respondió Harriet — Divertíos también.
Arlene asintió con la cabeza.
Jim le guiñó un ojo.
—Adiós Arlene. ¡Cuida mucho a tu maridito!
—Así lo haré — respondió Arlene.
—¡Divertíos! dijo Bill.
—Por supuesto — dijo Jim sujetando ligeramente a Bill del brazo — Y gracias de nuevo.
Los Stone dijeron adiós con la mano al alejarse en su coche, y los Miller les dijeron adiós con la mano también.
—Bueno, me gustaría que fuéramos nosotros — dijo Bill.
—Bien sabe Dios lo que nos gustaría irnos de vacaciones — dijo Arlene. Le cogió del brazo y se lo puso alrededor de su cintura mientras subían las escaleras a su apartamento.
Después de cenar Arlene dijo:
—No te olvides. Hay que darle a Kitty sabor de hígado la primera noche — Estaba de pie en la entrada a la cocina doblando el mantel hecho a mano que Harriet le había comprado el año pasado en Santa Fe.
Bill respiró profundamente al entrar en el apartamento de los Stone. El aire ya estaba denso y era vagamente dulce. El reloj en forma de sol sobre la televisión indicaba las ocho y media. Recordó cuando Harriet había vuelto a casa con el reloj; cómo había venido a su casa para mostrárselo a Arlene meciendo la caja de latón en sus brazos y hablándole a través del papel del envoltorio como si se tratase de un bebé.
Kitty se restregó la cara con sus zapatillas y después rodó en su costado pero saltó rápidamente al moverse Bill a la cocina y seleccionar del reluciente escurridero una de las latas colocadas. Dejando a la gata que escogiera su comida, se dirigió al baño. Se miró en el espejo y a continuación cerró los ojos y volvió a mirarse. Abrió el armarito de las medicinas. Encontró un frasco con pastillas y leyó la etiqueta: Harriet Stone. Una al día según las instrucciones — y se la metió en el bolsillo. Regresó a la cocina, sacó una jarra de agua y volvió al salón. Terminó de regar, puso la jarra en la alfombra y abrió el aparador donde guardaban el licor. Del fondo sacó la botella de Chivas Regal. Bebió dos veces de la botella, se limpió los labios con la manga y volvió a ponerla en el aparador.
Kitty estaba en el sofá durmiendo. Apagó las luces, cerrando lentamente y asegurándose que la puerta estaba cerrada. Tenía la sensación que se había dejado algo.
—¿Qué te ha retenido? — dijo Arlene. Estaba sentada con las piernas cruzadas, mirando televisión.
—Nada. Jugando con Kitty — dijo él, y se acercó a donde estaba ella y le tocó los senos.
—Vámonos a la cama, cariño — dijo él.
Al día siguiente Bill se tomó solamente diez minutos de los veinte y cinco permitidos en su descanso de por la tarde y salió a las cinco menos cuarto. Estacionó el coche en el estacionamiento en el mismo momento que Arlene bajaba del autobús. Esperó hasta que ella entró en el edificio, entonces subió las escaleras para alcanzarla al descender del ascensor.
—¡Bill! Dios mío, me has asustado. Llegas temprano — dijo ella.
Se encogió de hombros. No había nada que hacer en el trabajo —dijo él. Le dejó que usara su llave para abrir la puerta. Miró a la puerta al otro lado del vestíbulo antes de seguirla dentro.
—Vámonos a la cama — dijo él.
—¿Ahora? — rió ella — ¿Qué te pasa?
—Nada. Quítate el vestido — La agarró toscamente, y ella le dijo:
—¡Dios mío! Bill
Él se quitó el cinturón. Más tarde pidieron comida china, y cuando llegó la comieron con apetito, sin hablarse, y escuchando discos.
—No nos olvidemos de dar de comer a Kitty — dijo ella.
—Estaba en este momento pensando en eso — dijo él — Iré ahora mismo.
Escogió una lata de sabor de pescado, después llenó la jarra y fue a regar. Cuando regresó a la cocina, la gata estaba arañando su caja. Le miró fijamente antes de volver a su caja—dormitorio. Abrió todos los gabinetes y examinó las comidas enlatadas, los cereales, las comidas empaquetadas, los vasos de vino y de cocktail, las tazas y los platos, las cacerolas y las sartenes. Abrió el refrigerador. Olió el apio, dio dos mordiscos al queso, y masticó una manzana mientras caminaba al dormitorio. La cama parecía enorme, con una colcha blanca de pelusa que cubría hasta el suelo. Abrió el cajón de una mesilla de noche, encontró un paquete medio vació de cigarrillos, y se los metió en el bolsillo. A continuación se acercó al armario y estaba abriéndolo cuando llamaron a la puerta. Se paró en el baño y tiró de la cadena al ir a abrir la puerta.
—¿Qué te ha retenido tanto? — dijo Arlene — Llevas más de una hora aquí.
—¿De verdad? — respondió él.
—Sí, de verdad — dijo ella.
—Tuve que ir al baño — dijo él.
—Tienes tu propio baño — dijo ella.
—No me pude aguantar — dijo él.
Aquella noche volvieron a hacer el amor.
Por la mañana hizo que Arlene llamara por él. Se dio una ducha, se vistió, y preparó un desayuno ligero. Trató de empezar a leer un libro. Salió a dar un paseo y se sintió mejor. Pero después de un rato, con las manos todavía en los bolsillos, regresó al apartamento. Se paró delante de la puerta de los Stone por si podía oír a la gata moviéndose. A continuación abrió su propia puerta y fue a la cocina a por la llave.
En su interior parecía más fresco que en su apartamento, y más oscuro también. Se preguntó si las plantas tenían algo que ver con la temperatura del aire. Miró por la ventana, y después se movió lentamente por cada una de las habitaciones considerando todo lo que se le venía a la vista, cuidadosamente, un objeto a la vez. Vio ceniceros, artículos de mobiliario, utensilios de cocina, el reloj. Vio todo. Finalmente entró en el dormitorio, y la gata apareció a sus pies. La acarició una vez, la llevó al baño, y cerró la puerta.
Se tumbó en la cama y miró al techo. Se quedó un rato con los ojos cerrados, y después movió la mano por debajo de su cinturón. Trató de acordarse qué día era. Trató de recordar cuando regresaban los Stone, y se preguntó si regresarían algún día. No podía acordarse de sus caras o la manera cómo hablaban y vestían. Suspiró y con esfuerzo se dio la vuelta en la cama para inclinarse sobre la cómoda y mirarse en el espejo.
Abrió el armario y escogió una camisa hawaiana. Miró hasta encontrar unos pantalones cortos, perfectamente planchados y colgados sobre un par de pantalones de tela marrón. Se mudó de ropa y se puso los pantalones cortos y la camisa. Se miró en el espejo de nuevo. Fue a la sala y se puso una bebida y comenzó a beberla de vuelta al dormitorio. Se puso una camisa azul, un traje oscuro, una corbata blanca y azul, zapatos negros de punta. El vaso estaba vacío y se fue para servirse otra bebida.
En el dormitorio de nuevo, se sentó en una silla, cruzó las piernas, y sonrió observándose a sí mismo en el espejo. El teléfono sonó dos veces y se volvió a quedar en silencio. Terminó la bebida y se quitó el traje. Rebuscó en el cajón superior hasta que encontró un par de medias y un sostén. Se puso las medias y se sujetó el sostén, después buscó por el armario para encontrar un vestido. Se puso una falda blanca y negra a cuadros e intentó subirse la cremallera. Se puso una blusa de color vino tinto que se abotonaba por delante. Consideró los zapatos de ella, pero comprendió que no le entrarían. Durante un buen rato miró por la ventana del salón detrás de la cortina. A continuación volvió al dormitorio y puso todo en su sitio.
No tenía hambre. Ella no comió mucho tampoco. Se miraron tímidamente y sonrieron. Ella se levantó de la mesa y comprobó que la llave estaba en la estantería y a continuación se llevó los platos rápidamente. Él se puso de pie en el pasillo de la cocina y fumó un cigarrillo y la miró recogiendo la llave.
—Ponte cómodo mientras voy a su casa — dijo ella — Lee el periódico o haz algo — Cerró los dedos sobre la llave. Parecía, dijo ella, algo cansado.
Trató de concentrarse en las noticias. Leyó el periódico y encendió la televisión. Finalmente, fue al otro lado del vestíbulo. La puerta estaba cerrada.
—Soy yo. ¿Estás todavía ahí, cariño? — llamó él.
Después de un rato la cerradura se abrió y Arlene salió y cerró la puerta.
—¿Estuve mucho tiempo aquí? — dijo ella.
—Bueno, sí estuviste — dijo él.
—¿De verdad? — dijo ella — Supongo que he debido estar jugando con Kitty.
La estudió, y ella desvió la mirada, su mano estaba apoyada en el pomo de la puerta.
—Es divertido — dijo ella — Sabes, ir a la casa de alguien más así. — Asintió con la cabeza, tomó su mano del pomo y la guió a su propia puerta. Abrió la puerta de su propio apartamento.
—Es divertido — dijo él.
Notó hilachas blancas pegadas a la espalda del suéter y el color subido de sus mejillas. Comenzó a besarla en el cuello y el cabello y ella se dio la vuelta y le besó también.
—¡Jolines! — dijo ella — Jooliines — cantó ella con voz de niña pequeña aplaudiendo con las manos — Me acabo de acordar que me olvidé real y verdaderamente de lo que había ido a hacer allí. No di de comer a Kitty ni regué las plantas. Le miró —¿No es eso tonto? — No lo creo — dijo él — Espera un momento. Recogeré mis cigarrillos e iré contigo.
Ella esperó hasta que él había cerrado con llave su puerta, y entonces se cogió de su brazo en su músculo y dijo:
—Me imagino que te lo debería decir. Encontré unas fotografías.
Él se paró en medio del vestíbulo.
—¿Qué clase de fotografías?
—Ya las verás tú mismo — dijo ella y le miró con atención.
—No estarás bromeando — sonrió él — ¿Dónde?
—En un cajón — dijo ella.
—No bromeas — dijo él.
Y entonces ella dijo:
—Tal vez no regresarán — e inmediatamente se sorprendió de sus palabras.
—Pudiera suceder — dijo él — Todo pudiera suceder.
—O tal vez regresarán y … — pero no terminó.
Se cogieron de la mano durante el corto camino por el vestíbulo, y cuando él habló casi no se podía oír su voz.
—La llave — dijo él — Dámela.
—¿Qué? — dijo ella — Miró fijamente a la puerta.
—La llave — dijo él — Tú tienes la llave.
—¡Dios mío! — dijo ella — Dejé la llave dentro.
—Él probó el pomo. Estaba cerrado con llave. A continuación intentó mover el pomo. No se movía. Sus labios estaban apartados, y su respiración era dificultosa. Él abrió sus brazos y ella se le echó en ellos.
—No te preocupes — le dijo al oído — Por Dios, no te preocupes.
Se quedaron allí. Se abrazaron. Se inclinaron sobre la puerta como si fuera contra el viento, y se prepararon.


Sobre el autor
Raymond Carver (25 de mayo de 1938 — 2 de agosto de 1988), escritor estadounidense adscrito al llamado realismo sucio.




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jueves, 12 de septiembre de 2013

ARTE FIGURATIVO Y NO-FIGURATIVO




ARTE FIGURATIVO Y NO-FIGURATIVO

“El realismo no es una mera cuestión de forma (…) la realidad cambia; con el fin de representarla, los modos de representación deben de cambiar también”.  (B. Brecht)

“Somos pintores que piensan y que miden (…). La construcción difiere completamente de la disposición (Decoración) y de la composición según el gusto. La mayoría de los pintores trabajan al estilo de los pasteleros y de las modistas. Nosotros por el contrario, trabajamos con los datos de las matemáticas y de la ciencia, es decir, con medios intelectuales”. 
(Van Doesburg)

"Es muy lamentable que quienes se interesan por la vida social en general no comprendan la utilidad del arte abstracto puro. Influidos equivocadamente por el arte del pasado, cuya auténtica esencia se les escapa y del que solo ven lo que tiene de superfluo, no hacen esfuerzo alguno para conocerlo (…). Por lo general , utilizan el arte como propaganda para ideas colectivas o personales, como la literatura. Están a favor del progreso de las masas y contra el progreso de la minoría, y así, contra la marcha lógica de la evolución humana, ¿es en verdad creíble que la evolución de las masas y de la minoría sean incompatibles? La minoría sale de la masa: ¿no es, por lo tanto, su máxima expresión?" 
(Piet Mondrian).


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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Manolo V El Empecinado (MVM).




“(…) En la pared, Franco parecía perseguir con los ojos objetivos más importantes, José Antonio conservaba su perfil meditabundo y Cristo se miraba los pies clavados, como si aún no se hubiera recuperado del abatimiento o de la sorpresa. De la boca mal cerrada o mal abierta del director del colegio empezaba a brotar un discurso inaugural maleducado por oratoria de misionero lanzado en paracaídas sobre el corazón de un barrio que había sido rojo.
-Vuestros pobres padres en calzoncillos, como quien dice, para haceros hombres de provecho, hombres del día de mañana…
Muchos hacía poco que habían recuperado a su padre de Belchite, Burgos, Ocaña, La Modelo, El Dueso. Dos o tres chicos mayores jamás recuperarían a su padre de los lodos del Ebro. Y los más empezábamos a intuir que nuestros padres, de hecho, jamás volverían a casa, aunque volvieran cada noche después de las horas extraordinarias. Y es curioso. Nos parecían sombras de un  mundo que se estaba muriendo. Su escepticismo, su pesimismo nos parecía hecho a la medida de su fracaso histórico. (…)”

Manolo V El Empecinado (MVM).



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Ese once: Chile.


martes, 10 de septiembre de 2013

Patrick Suskind / El contrabajo




Tararea el canto del bajo

…este susurro ascendente está formado en realidad por cinco o seis tonos. ¡Seis tonos diferentes! ¡A esta velocidad vertiginosa! Totalmente imposible de tocar. Hay que pasarlo por alto. No sabemos si Wagner lo entendió así. Probablemente no. En cualquier caso, le importaba un bledo. Despreciaba a la orquesta en general. De ahí el recubrimiento de Bayreuth, por pretendidas razones acústicas, pero en realidad por desprecio hacia la orquesta. Y sobre todo, porque le gustaba el ruido, la música teatral, ¿comprende?, los bastidores sonoros, el conjunto de la obra de arte. El tono individual no jugaba ningún papel. Por otra parte, ocurre lo mismo en la Sexta de Beethoven, o en el último acto de Rigoletto… Cuando se desencadena una tormenta, escriben en la partitura innumerables notas que ningún bajo del mundo ha podido tocar jamás. Ninguno. De hecho, sólo se nos exige una cosa: somos los que hemos de rendir el esfuerzo máximo. Después de un concierto estoy completamente empapado de sudor; nunca puedo ponerme dos veces la misma camisa. En el curso de una ópera pierdo por término medio dos litros de líquido; durante un concierto sinfónico, no menos de un litro. Conozco a colegas que corren por el bosque y se entrenan con pesas. Yo no. Pero un día me derrumbaré en medio de la orquesta y ya no me recuperaré jamás. Porque tocar el contrabajo es una cuestión de pura fuerza, la música no tiene nada que ver con ello. Por esto un niño no podría tocar nunca el contrabajo. Yo empecé a los diecisiete años. Ahora tengo treinta y cinco. No fue un acto voluntario. Más bien algo parecido al embarazo de una doncella, por casualidad. Después de pasar por la flauta, el violín, el trombón y Dixiland. Pero de esto hace mucho tiempo, y desde entonces he rechazado el jazz. Por otra parte, no conozco a ningún colega que empezara a tocar el contrabajo voluntariamente. Y en cierto modo, no es de extrañar. Se trata de un instrumento muy poco manejable. En realidad, yo diría que el contrabajo es más un estorbo que un instrumento. No se puede acarrear, hay que arrastrarlo y, si se cae al suelo, se rompe. En el coche solo cabe si se saca el asiento de la derecha, y entonces llena prácticamente el vehículo. En casa se lo encuentra uno por todas partes. Ocupa más sitio que… un trasto inútil, ¿sabe?”


Patrick Suskind  (El contrabajo)


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Otrerías




UPyD, el partido donde canta Cantó, no ve contradicción en no ser de izquierdas, ni de derecha, ni de centro, ni de arriba, ni de abajo, ni creyente, ni ateo, ni nihilista… en fin, no le demos más vueltas: que no ve. Y el que no ve es como el que no quiere ver porque no le interesa que le vean, pienso yo; porque lo único que le interesa es que le voten… los que no ven. ¡Cómo si la mayoría de los votantes fuesen ciegos! ¡O indiferentes!

ELOTRO


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lunes, 9 de septiembre de 2013

Perich




La culpa, ¿de Internet?


-Se ha publicado un informe muy deprimente: ¡Los españoles no leemos!
-¿Por qué?
- No sé… sólo leí el titular…

(Perich / 1982)


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Otrerías




La asociación de ciudadanos inexistentes ha declarado que, si se les sigue ignorando, ya pensarán algo.

ELOTRO


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domingo, 8 de septiembre de 2013

Rafael Reig




Agamenón y su porquero

A los concursos de belleza se suelen oponer las feministas, pero ahora se les han unido las mujeres con velo que se manifiestan casi con ira en Indonesia exigiendo que se cancele el certamen de Miss Mundo. En un café, al ver la cara de disgusto que ponía Gide ante su perrito, una señora le preguntó: “¿Es que a usted no le gustan los animales?”. “Los animales sí, mucho; pero detesto a las señoras a las que les gustan los animales”, respondió Gide. Algo así siento al ver esta foto: no estoy a favor de los concursos de belleza, pero menos aún de quienes se oponen a ellos por razones “morales”, o sea, por mojigatería. A ver si ahora, frente a las del velo, van a ser las feministas las que defiendan el derecho de las mujeres a exhibir su “propio cuerpo” (siempre que dicen cuerpo anteponen propio, no se sabe bien por qué)  para ser puntuadas por cuatro acartonados locutores de la tele. Cosas más chiripitifláuticas se ven a diario en nombre de la “liberación”, como denunciar el machismo enseñando las tetas (o sus “propias” tetas) por la calle. Estas indonesias con velo, ¿no protestan en cambio porque Inditex invada Indonesia para llenarlo de talleres en régimen de esclavitud? ¿Eso no es “inmoral”? Capaces serán de protestar sólo por los “inmorales” escotes de los modelitos de Zara.

Rafael Reig



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sábado, 7 de septiembre de 2013

Otrerías




No confundamos la Parte con el Todo: si bien sólo una minoría de políticos aparecen en los papeles como corruptos, la recaudación que consiguen alcanza por igual a la mayoría y a la oposición. Y eso es Todo.

ELOTRO


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viernes, 6 de septiembre de 2013

Henry Miller, a Anais





Queridísima Anain:


Terriblemente, terriblemente vivo, afligido, absolutamente consciente de que te necesito. He de verte, te veo brillante y maravillosa y al mismo tiempo le he escrito a June y me siento desgarrado, pero tú lo entenderás, debes entenderlo. Anais, no te apartes de mí. me envuelves como una llama brillante. Anais, por Dios, si supieras lo que siento en este momento. Quiero conocerte mejor. Te quiero. Te quise cuando viniste a sentarte en mi cama -esa segunda tarde fue toda como una cálida neblina- y de nuevo oigo cómo pronuncias mi nombre, con ese extraño acento tuyo. Despiertas en mí tal mezcla de sentimientos que no sé cómo acercarme a ti. Ven a mí, aproxímate a mí, será de lo más hermoso, te lo prometo. No sabes cuánto me gusta tu franqueza, es casi humildad. Sería incapaz de oponerme a ella. Esta noche he pensado que debería estar casado con una mujer como tú. O es que el amor, al principio inspira siempre esos pensamientos?. No temo que quieras herirme. Veo que tú también posees fuerza, de distinto orden, más escurridiza. No, no te romperás. Dije muchas tonterias sobre tu fragilidad. Siempre he sentido un poco de vergüenza, pero la última vez menos. Acabará desapareciendo toda.

Tienes un sentido del humor delicioso; lo adoro. Quiero verte reir siempre. Te lo mereces. He pensado en sitios a donde deberíamos ir juntos, sitios oscuros, aquí y allí, en París, por el simple hecho de decir "aquí vine con Anaïs", "aquí comimos, bailamos o nos emborrachamos juntos".
Ay!, verte borracha alguna vez, qué privilegio!, casi me da miedo de proponértelo; pero Anais, cuando pienso cómo aprietas contra mí, cuán ansiosamente abres las piernas y qué humeda estás, Dios, me vuelvo loco de pensar en cómo serías cuando todo se disuelve. Ayer pensé en ti, en cómo ciñes las piernas en torno a mí, de pie, en cómo se tambalea la habitación, en cómo caigo sobre ti en la oscuridad sin saber nada. Y me estremecí y gemí de placer.
Pienso que si he de pasar todo el fin de semana sin verte, resultará intolerable. Si es preciso, iré a Versailles el domingo - lo que sea, pero he de verte. No temas tratarme con frialdad. Me bastará con estar cerca de ti, con mirarte admirado. Te quiero, eso es todo.



(Esta carta fue remitida a Anaïs por Henry Miller cuando éste todavía no era un fenómeno editorial)

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Quiero decir que no puedo ser absolutamente leal, no está dentro de lo que soy capaz. Me gustan las mujeres, o la vida, demasiado… No sé cual de las dos cosas. Pero ríe, Anaïs. Me encantaría oírte reír. Eres la única mujer que tiene un sentido de la alegría, una sabia tolerancia; no, es más, parece que me instas a que te traicione. Por eso te amo. Y ¿qué es lo que te lleva a hacer eso, el amor? Es hermoso amar y ser libre al mismo tiempo.
No sé lo que espero de ti, pero es algo parecido a un milagro. Te voy a exigir todo, hasta lo imposible, porque me animas a ello. Eres realmente fuerte. Me gusta incluso tu engaño, tu traición. Me parece aristocrático (¿suena inapropiada la palabra aristocrático en mi boca?).
Sí, Anaïs, pensaba en como traicionarte, pero no puedo. Te deseo. Quiero desnudarte, vulgarizarte un poco… no sé, ay, lo que me digo. Estoy un poco bebido porque tú no te encuentras aquí. Me gustaría dar una palmada y Voilà, ¡Anaïs! Quiero que seas mía, usarte, follarte, enseñarte cosas. No, no siento aprecio por ti, ¡no lo permita Dios! Tal vez quiera hasta humillarte un poco, ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué no me arrodillo ante ti y te adoro? No puedo, te amo alegremente ¿Te gusta eso? Y querida Anaïs, soy tantas cosas. Ves solamente las cosas buenas ahora, o al menos eso es lo que me haces creer. Quiero tenerte al menos un día entero conmigo. Quiero ir a sitios contigo, poseerte. No sabes lo insaciable que soy, ni lo miserable, además de egoísta.
Me he portado bien contigo. Pero te advierto, no soy ningún ángel. Pienso principalmente que estoy un poco borracho. Me voy a la cama; resulta demasiado doloroso permanecer despierto. Soy insaciable. Te pediré que hagas lo imposible. No sé lo que es. Probablemente tú me lo dirás. Eres más rápida que yo. Me encanta tu coño, Anaïs, me vuelve loco. Y tu manera de pronunciar mi nombre. ¡Dios mío, parece irreal! Escucha, estoy muy ebrio. No soporto estar aquí solo. Te necesito. ¿Puedo pedírtelo todo? Puedo ¿Verdad? Ven enseguida y fóllame. Descarga conmigo. Rodéame con las piernas. Caliéntame...



De:   Henry y June. Anaïs Nin   (Diario íntimo)






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Otrerías






Las campañas electorales se celebran sólo para que los electores olviden que el “voto útil” tiene exactamente la misma utilidad que el “voto inútil”.

ELOTRO

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jueves, 5 de septiembre de 2013

Carmen Martín Gaite (Retahílas)




“De la voz “retahíla” dice el Diccionario de la Real Academia Española:

RETAHÍLA: “Serie de muchas cosas que están, suceden o se mencionan por su orden”.

Y el Diccionario crítico-etimológico de J. Corominas:

RETAHÍLA: Derivado de hilo; el primer componente es dudoso; quizás se trate de un cultismo sacado del plural recta fila= hileras rectas.

Yo debo añadir a tan acreditados testimonios el sentido figurado de “perorata”, "monserga” o “rollo” –como ahora se suele decir- con que he oído emplear esa palabra desde niña.

Carmen Martín Gaite  (Retahílas)


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