sábado, 30 de noviembre de 2013

ODIO A LOS INDIFERENTES / ANTONIO GRAMSCI





Odio a los indiferentes. Creo, como Friedrich Hebbel, que “vivir significa tomar partido”. No pueden existir quienes sean solamente hombres, extraños a la ciudad. Quien realmente vive no puede no ser ciudadano, no tomar partido. La indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso odio a los indiferentes. La indiferencia es el peso muerto de la historia. Es la bola de plomo para el innovador, es la materia inerte en la que a menudo se ahogan los entusiasmos más brillantes, es el pantano que rodea a la vieja ciudad y la defiende mejor que la muralla más sólida, mejor que las corazas de sus guerreros, que se traga a los asaltantes en su remolino de lodo, y los diezma y los amilana, y en ocasiones los hace desistir de cualquier empresa heroica. La indiferencia opera con fuerza en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad, aquello con lo que no se puede contar, lo que altera los programas, lo que trastorna los planes mejor elaborados, es la materia bruta que se rebela contra la inteligencia y la estrangula. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, el posible bien que un acto heroico (de valor universal) puede generar no es tanto debido a la iniciativa de los pocos que trabajan como a la indiferencia, al absentismo de los muchos. Lo que ocurre no ocurre tanto porque algunas personas quieren que eso ocurra, sino porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, deja hacer, deja que se aten los nudos que luego sólo la espada puede cortar, deja promulgar leyes que después sólo la revuelta podrá derogar, dejar subir al poder a los hombres que luego sólo un motín podrá derrocar.


La fatalidad que parece dominar la historia no es otra que la apariencia ilusoria de esta indiferencia, de este absentismo. Los hechos maduran en la sombra, entre unas pocas manos, sin ningún tipo de control, que tejen la trama de la vida colectiva, y la masa ignora, porque no se preocupa. Los destinos de una época son manipulados según visiones estrechas, objetivos inmediatos, ambiciones y pasiones personales de pequeños grupos activos, y la masa de los hombres ignora, porque no se preocupa. Pero los hechos que han madurado llegan a confluir, pero la tela tejida en la sombra llega a buen término: y entonces parece ser la fatalidad la que lo arrolla todo y a todos, parece que la historia no sea más que un enorme fenómeno natural, una erupción, un terremoto, del que son víctimas todos, quien quería y quien no quería, quien lo sabía y quien no lo sabía, quien había estado activo y quien era indiferente. Y este último se irrita, querría escaparse de las consecuencias, querría dejar claro que el no quería, que el no es el responsable. Algunos lloriquean compasivamente, otros maldicen obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: si yo hubiera cumplido con mi deber, si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, mis ideas ¿habría ocurrido lo que paso? Pero nadie o muy pocos culpan a su propia indiferencia, a su escepticismo, a no haber ofrecido sus manos y su actividad a los grupos de ciudadanos que, precisamente para evitar ese mal, combatían, proponiéndose procurar un bien. La mayoría de ellos, sin embargo, pasados los acontecimientos, prefiere hablar del fracaso de los ideales, de programas definitivamente en ruinas y de otras lindezas similares. Recomienzan así su rechazo de cualquier responsabilidad. Y no es que ya no vean las cosas claras, y que a veces no sean capaces de pensar en hermosas soluciones a los problemas más urgentes o que, si bien requieren una gran preparación y tiempo, sin embargo, son igualmente urgentes. Pero estas soluciones resultan bellamente infecundas, y esa contribución a la vida colectiva no está motivada por ninguna luz moral; es producto de la curiosidad intelectual, no de un fuerte sentido de la responsabilidad histórica que quiere a todos activos en la vida, que no admite agnosticismos e indiferencias de ningún género.


Odio a los indiferentes también porque me molesta su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos por cómo ha desempeñado el papel que la vida le ha dado y le da todos los días, por lo que ha hecho y sobre todo por lo que no ha hecho. Pido cuentas a cada uno de ellos por cómo ha desempeñado el papel que la vida le ha dado y le da todos los días, por lo que ha hecho y sobre todo por lo que no ha hecho. Y siento que puedo ser inexorable, que no tengo que malgastar mi compasión, que no tengo que compartir con ellos mis lagrimas. Soy partisano, vivo, siento en la conciencia viril de los míos latir la actividad de la ciudad futura que están construyendo. Y en ella la cadena social no pesa sobre unos pocos, en ella nada de lo que sucede se debe al azar, a la fatalidad, sino a la obra inteligente de los ciudadanos. En ella no hay nadie mirando por la ventana mientras unos pocos se sacrifican, se desangran en el sacrificio; y el que aun hoy está en la ventana, al acecho, quiere sacar provecho de lo poco bueno que las actividades de los pocos procuran, y desahoga su desilusión vituperando al sacrificado, al desangrado, porque ha fallado en su intento.
Vivo, soy partisano. Por eso odio a los que no toman partido, por eso odio a los indiferentes.


Antonio Gramsci - 11 de Febrero de 1917


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jueves, 28 de noviembre de 2013

Dices tú de capitalismo…



“…Henry Ford, por ejemplo, creó en 1914 un “departamento de sociología” concebido para reformar las vidas de sus trabajadores inmigrantes y hacerlos “frugales, eficientes y leales”. Para lograrlo, los “sociólogos” de la empresa automovilística:

…investigaban la vida familiar de cada trabajador, así como su registro laboral, de modo que sólo podía solicitarse el incentivo de cinco dólares por día después de demostrar un adecuado entorno familiar y otros valores de clase media relacionados. Así, la compañía trataba de enseñar a los obreros no sólo el “modo correcto de trabajar”, sino también el “modo correcto de vivir.

Muchas otras grandes corporaciones norteamericanas siguieron este camino. En 1919, había al menos ochocientas plantas industriales que practicaban políticas parecidas, conscientemente destinadas a quebrar los valores espontáneos –o heredados del socialismo europeo- de la clase trabajadora industrial norteamericana. Razones de eficiencia y buen funcionamiento de la corporación llegaron a justificar la destrucción del muro que separaba el puesto de trabajo en la empresa y la vida privada en el hogar y en los locales o clubes obreros, lo que se tradujo en una activa política tendente a:

…prevenir que las logias fraternales de los trabajadores sirvieran licor, llamar a estudiantes universitarios a la fábrica para que dieran, a la hora de la comida, charlas sobre “higiene de la vida cotidiana, formación del carácter y religión vital”, e inspeccionar las condiciones de vida en el hogar de los trabajadores.


De “El eclipse de la fraternidad”, Antoni Domènech


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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Henri Michaux / Del carácter indio.




Henri Michaux  / Del carácter indio.


No se ha enfatizado bastante la lentitud del carácter indio.

 Es esencialmente lento, embridado.

 Sus frases, cuando se las oye decir, parecen deletreadas.

 El hindú no corre jamás, ni en la calle, ni el pensamiento en su cerebro. Camino, encadena.

 El hindú no quema sus etapas. Nunca es elíptico. Nunca sale de las filas. Su antípoda es el espasmo. Nunca es asombroso. En los 48.000 versos del Ramayana, en los 100.000 delMahabharata, no hay un relámpago. El indio no tiene prisa. Razona sus sentimientos. Prefiere los encadenamientos.

 El sánscrito es la lengua más encadenada del mundo, indudablemente la más bella creación del espíritu indio. Una lengua panorámica, una lengua de razonadores, flexible, sensitiva y atenta, prevenida, hirviendo de casos y de declinaciones.

 El hindú es abundante, tiene esa abundancia en la mano. Le gustan los cuadros de conjunto y también sabe verlos.

 Tirona acaba de morir. Se lo anuncian a su padre Sin apresurarse, el padre, en 240 preguntas, bien lentas, bien detalladas, bien parejas, interroga si que nadie lo interrumpa.

 Después de todo eso, se desmaya. Lo abanican. Vuelve en sí. Vuelve al asunto. Nuevo lote de doscientas-trescíentas preguntas.

 Intervalo.

 Entonces, sin mayor prisa, y empezando por el diluvio, un general cuenta lo acontecido.

 Así se pasa alrededor de hora y media.

 Como hay muchas guerras cercanas y lejanas en el Mahabharata, muchas intervenciones de dioses y de héroes, se comprende que sus doscientos cincuenta mil versos basten apenas para dar un resumen del argumento.

 Su pensamiento es un trayecto, sin alterar el paso. Inútil decir que el centro del Mahabharatano se encuentra fácilmente. El tono épico no se abandona ni un instante. El tono épico, por otra parte, como el tono erótico, tiene algo de naturalmente falso, artificial, voluntario, y parece hecho para la línea recta.

 Cuando se ha comparado un soldado valiente a un tigre entre conejos, y a una manada de elefantes ante un bambú joven, y a un huracán barriendo las naves, se puede continuar diez horas en el mismo tono sin hacernos levantar la cabeza. En seguida se ha llegado a la cumbre, y se continúa en línea recta.

 Pasa lo mismo con las obras eróticas; después de dos o tres violaciones, algunas flagelaciones y actos contra natura, qué quieren ustedes, ya uno se asombra, y se sigue leyendo medio dormido. Es que no se es naturalmente épico, ni erótico. A menudo me he sorprendido de la facilidad con la cual los hindúes toman el tono sursum corda y el tono de los predicadores redentoristas.

Henri Michaux
En Un bárbaro en Asia
Traducción de Jorge Luis Borges




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martes, 26 de noviembre de 2013

MARTA SANZ: “El feminismo tiene que pasar por una mirada autocrítica”.





MARTA SANZ: “El feminismo tiene que pasar por una mirada autocrítica”.
Por Paula Corroto

¿Qué modelos instauraron las mujeres de la Transición? ¿En quiénes se miraron las niñas de entonces? ¿Qué supusieron los desnudos de la era del destape? ¿Hemos objetualizado las mujeres nuestro cuerpo? ¿Por qué hoy se sigue luchando por un aborto libre? ¿Qué es la obscenidad? Todas estas preguntas se encuentran en la novela de Marta Sanz (Madrid, 1967),  Daniela Astor y la caja negra (Anagrama), sugeridas a través de la historia de Catalina H. Griñán, una niña que a finales de los setenta tiene doce años. Una novela que, además, se pega con loctite a esta actualidad veraniega en la que hemos visto las reivindicaciones de las mujeres del movimiento FEMEN o las imágenes de aquellas otras zarandeadas con los pechos al descubierto en los recientes San Fermines. Una novela para reflexionar y para divertirse en estos días de sol y playa (para el que pueda).

Después de Black, black, Black y  Un buen detective no se casa jamás, con  Daniela Astor y la caja negra,¿has pasado del género negro al rosa?
Supuestamente es un paso del negro al rosa que tiene que ver con cómo yo me planteaba la forma de escribir novela negra. Yo me pongo a ello porque me daba la sensación de que las novelas negras se estaban convirtiendo en novelas rosas, dulces y complacientes con el lector. Y también soy consciente de que el mundo rosa, y con eso me refiero al mundo de la intimidad, las mujeres y los estereotipos femeninos, está lleno de montones de detalles que lo acercan a lo más negro de lo negro, porque vemos muchas contradicciones, muchas represiones, muchas cuentas no saldadas con la liberación femenina. Vemos lo que significa el concepto de obscenidad, cómo se mercantilizan los sentimientos. Por eso, ni lo negro me parece negro ni lo rosa me parece rosa.

Y más negro quizá ese mundo rosa porque no ha cambiado.
Yo creo que las mujeres hemos ganado en ciertos terrenos, pero quedan terrenos en los que queda muchísimo por ganar, como la brecha salarial, y hay determinados asuntos en los que podemos estar peor que en los setenta. A mí me inquieta la reforma que pretendía hacer Gallardón con respecto a la ley del aborto. Por otro lado, volviendo a los estereotipos, en los setenta el desnudo femenino suponía una liberación en la medida en la que veníamos de cuarenta años de represión franquista, y al mismo tiempo, eso fue un arma de doble filo, porque ese desnudo se mercantiliza, se convierte en un objeto de consumo, con lo que la mujer se objetualiza cada vez más. Y eso permanece de una forma más violenta porque mientras que el estereotipo de belleza era muy heterogéneo, ahora el estereotipo femenino de belleza está cada vez más homogeneizado. Con lo cual, cada vez somos más novia de Frankenstein, más serializada y machacada. Y en ese sentido estamos peor.

Alguna lectora podría pensar qué significan entonces estereotipos como los Lisbeth Salander.
Sí, fue una especie de paradigma de lo que podría ser el nuevo feminismo, pero para mí no es un nuevo feminismo, ya que muestra cómo una mujer asume valores de violencia masculina para poder sobrevivir en un mundo donde todavía hay un esquema patriarcal. Yo no creo que el feminismo sea eso ni que cristalice en personajes como Lisbeth Salander.

Ahora vemos a muchas adolescentes comportándose de una manera muy violenta y más sexualizada que hace años. ¿Estamos transmitiendo una ‘liberación’ mal entendida?
Sí, pero más que una cuestión de género es un reflejo de la violencia del sistema en general. Estamos en un sistema violento y tanto los hombres como las mujeres asumimos roles de comportamiento afectivos, eróticos, familiares que son violentos y agresivos y una especie de huida hacia adelante. Ahí no veo tanto un problema de género como de mal funcionamiento generalizado del sistema en el que estamos viviendo.

Sí, pero la conducta de los hombres apenas ha cambiado y sí lo ha hecho la de las mujeres.
Es que el mundo está pensando para los chicos y no tienen ninguna necesidad de cambiar el patrón. Las que tendríamos necesidad de cambiar el patrón somos nosotras y, sin embargo, vivimos el contrasentido de que cada vez hay menos mujeres que se declaran feministas porque creen que todos los logros se han conseguido y las luchas se han acabado. Eso es algo que a mí sí me preocupa. Ahora bien, hay un libro muy interesante de Caitlin Moran, que se llama  “Cómo ser mujer” donde se denuncia todo esto y en donde por qué no nos declaramos todas feministas y no solo feministas, sino feministas exaltadas y radicales, porque cada vez hay más motivos para ello.

En la novela aparece el destape de los años setenta. Ahora estamos viviendo el movimiento FEMEN, ¿crees que tiene sentido en los países occidentales?
Sé que a muchas mujeres les irrita mucho la utilización del cuerpo como mecanismo de protesta. A mí, mientras que tú tengas la convicción de que estás exhibiendo tu cuerpo como una especie de instrumento de provocación para reivindicar cosas que te preocupan, no me parece mal. Otra cosa distinta es cuando esa exhibición de tu cuerpo se hace con un fin comercial. Me parece muy importante el propósito por el cual muestras tu cuerpo. Un cuerpo no es bueno ni malo en un principio. Es el uso que tú hagas de esa exposición pública. Lo que me llama la atención es que en la esfera occidental, el desnudo tanto masculino como femenino, puede seguir siendo algo provocador, lo que nos dice que hay una serie de tabúes que todavía no tenemos resueltos.

¿Por qué las mujeres seguimos a vueltas con nuestro cuerpo cada vez que queremos reivindicar algo?
Tiene mucho que ver con acepciones de la feminidad. Durante muchos años se hablaba de las esencias femeninas, que yo creo que siempre han servido para colocar a la mujer en una posición de desventaja, puesto que siempre han tenido que ver con la sensibilidad, la maternidad… Y todo el mundo de la mujer se circunscribía mucho a eso, al cuerpo y a la posibilidad de ser madre. Cuando la historia afortunadamente evoluciona nos damos cuenta de que hombres y mujeres somos biológicamente distintos, pero lo que nos coloca en desventaja no es nuestro cuerpo sino la costra cultural, el peso de la historia que hace de cada género lo que es. Por eso ha habido mucha reflexión en torno al cuerpo de las mujeres, porque nuestro cuerpo no es tanto lo que somos intrínsecamente sino lo que hemos hecho de él, como si fuera la representación de nuestra biografía.

En esta novela también hay una mirada autobiográfica, como en  “La leche de anatomía”.Como si para escribir sobre de qué va esto de la vida haya que bajar a los fondos de uno mismo.
Esta novela se relaciona mucho con La lección de anatomía no tanto porque sea autobiográfica, ya que yo no he vivido los episodios traumáticos que ha vivido Catalina H. Griñán. Ahora, comparto con ella una atmósfera de época. Incluso una determinada sensibilidad hacia las cosas. Y en este sentido yo creo que muchas novelas serían autobiográficas. Por lo que se relacionan estas novelas es por cómo se relacionan las representaciones con la realidad y eso me parecía fundamental. Ver cómo somos cada una por los modelos que vamos asimilando. A mí me parecía muy interesante ver cómo para las niñas que en la Transición teníamos 11, 12 y 13 años esos modelos eran las bellas imágenes de las actrices del destape, y cómo a veces construimos lo que somos a partir de un lenguaje que nos es ajeno y del cual no nos podemos desprender. Me preocupaba mucho ver cómo lo que es el capital simbólico de una cultura siempre suele ser fruto del trabajo de los hombres, y sin embargo los nuestros se quedan en la periferia y nunca llegan a ser capital simbólico del que nutrirnos. Respecto a lo de la memoria, en todas mis novelas es un disparadero fundamental para reflexionar, pero yo quiero utilizarla sin nostalgia. Para mí era muy importante hacer un retrato de la Transición española a partir de una mirada diferente a la habitual y hacerlo viendo cómo el pasado se relaciona con el presente. Me interesa volver la vista atrás en la medida en la que eso me enseña a mirar mejor en el hoy.

La nostalgia siempre idealiza, y quizá hemos vivido de esa nostalgia sobre la Transición.
Evidentemente, y para una generación, eso coincide con su niñez y su juventud, que es el momento más espléndido. Cuando resulta que la Transición, el cambio de una sociedad represiva a una más abierta, coincide con esa época de tu vida, tiendes a magnificarla y a vivir un Cuéntame permanente. Eso es comprensible, pero a mí no me interesa esa mirada. Me interesa la que recupera el pasado para ver lo que nos queda por hacer y comprender en el futuro.

¿Qué imagen de la mujer construyó la Transición? ¿Qué cosas son positivas y cuáles nos han hecho daño?
A partir de la Transición se construye una imagen de la mujer trabajadora, que tiene más espacio en la vida pública y también empieza esa falacia de la superwoman, de esa mujer que es perfecta dentro y fuera de casa, que tiene que cubrir todas las labores en todos los ámbitos de una manera eficaz y competente desarrollando unos modelos de mujer totalmente estresada y neurótica, con un nivel de autoexigencia sobre el que deberíamos empezar a cuestionar y que reflejan mucho la revistas femeninas. Por otra parte, surge ese modelo de mujer más objetualizada, que tiene que ver con el mundo del cine, que acaba derivando en ese juguete roto del que se habla tanto en la novela. Así que son un poquito esas dos cosas: esa visión convencional de la mujer que termina siendo mujer objeto y se acaba rompiendo, y esa otra imagen que coge las riendas de su vida, pero intentando cubrir unas expectativas que nos hacen profundamente infelices, porque ser buena madre, ser buena hija, ser buena trabajadora, es terrible.

En la novela aparecen las revistas del corazón de aquella época. No sé si tú también piensas que tenían un punto más transgresor y pícaro que las actuales, que son mucho más ‘blancas’.
Yo no lo había visto así, pero ahora que lo dices es totalmente cierto. Y me gusta la palabra que has utilizado, porque esas revistas tenían un punto de picardía que incluso podría ser transgresor para la señora que leía aquello y que pensaría en esos ‘putones verbeneros’ aunque luego esos putones verbeneros y esos pendones estuvieran repitiendo un modelo absolutamente convencional. Ahora estamos en el imperio de la corrección política e ideología encubierta y que responde a esos modelos de mujer que hablábamos antes: ser la perfecta en todos los ámbitos de la vida. Las revistas femeninas tienen recomendaciones para que seas una estupenda cocinera, tengas sesenta años y parezca que tengas cuarenta, te dan consejos psicológicos que te indican cómo cuidar a tus hijos, te dan consejos para que aprendas a comportarte en el trabajo sin ser conflictiva. En el fondo, eso que tú llamas blanco para mí es pernicioso.

Y son revistas dirigidas por mujeres, con lo cual nosotras algo de culpa tenemos.
Cuando yo digo que esta novela es una novela feminista lo digo desde la convicción de que el feminismo tiene que pasar por una mirada autocrítica. Para mí, el feminismo no es el que es agresivo contra el varón, todo lo contrario. Una feminista en este momento tiene que empezar a pasar por el filtro de la autocrítica. Hasta qué punto nosotras hemos renunciado a hacer lo que nos correspondía. Si hasta a nosotras nos asusta la palabra ‘feminista’. Yo reivindico un feminismo hecho a base de una mirada autocrítica y en el que hay preguntas que tenemos que resolver. En esta novela hay montones de preguntas que yo no me he resuelto: qué es la obscenidad, hasta qué punto el desnudo fue un motivo de liberación o fue una trampa para que cada vez fuera más objeto… No lo sé. Hay que reivindicar un espacio, una serie de igualdad de derechos que todavía no tenemos y que se ve en el mundo de lo salarial y en algunas cosas de la sanidad, y la mirada que nosotras tenemos nosotras mismas. Por ejemplo, no hay una esencia femenina que te vincule a la maternidad. Con eso excluimos a millones de mujeres que no quieren ser madres. Eso de la maternidad no constituye tu manera de estar en el mundo.

¿No hay una falta de camaradería entre las mujeres?
Seguramente hay una falta de solidaridad entre las mujeres. Somos muy excluyentes con respecto a las mujeres que no somos madres. Como si fuéramos unas minusválidas. En la novela hay un personaje, la abuela Consuelito, que es el más machista, el que perpetúa los valores más machistas y el que es incapaz de ponerse en la piel de su nuera para ver por qué no quiere tener otro hijo. El personaje de Catalina se crea en una familia que es progresista y, sin embargo, se asumen los valores más rancios del patriarcado. El padre es el dueño de las palabras y la hija ha mamado eso hasta tal punto que todo lo que hace su madre le parece mal. Piensa que es una paleta de pueblo, pero cuando su madre se pone a estudiar también le parece mal porque le parece que lo que tiene que hacer una madre es estar en la casa. Con respecto al tema del aborto quería que no estuviera relacionado con una enfermedad terrible ni con que sus condiciones económicas fueran espantosas, ni con que la hubieran violado, sino que fuera una mujer que después de haber tenido una hija y en un momento de su vida en el que está aprendiendo, no quiere tener otro hijo. Sin más justificación. El aborto es un derecho de la mujer y no podemos estar haciendo compartimentos estancos con respecto a esto.

Y estamos otra vez en esa lucha.
Sí, y cuando defiendes este tipo de razonamientos te dicen que confundes a los niños con orejas, te enfrentas con lo que llaman el derecho a la vida en abstracto y con una mirada llena de doble moral e hipocresía. Porque cuando la gente habla de esto se olvida de la pena de muerte, de la madre… Cuando se habla del derecho a la vida de lo que se debería hablar es del derecho a la vida digna. Por eso yo soy partidaria de la eutanasia y del aborto. Con esta novela me estoy encontrando con mujeres que me dicen que jamás hubieran pensado que tendrían que volver a salir a la calle para reivindicar cosas que creían conquistados, y luego con otras señoras que te dicen “tú no eres feminista, ya que las feministas son todas unas radicales y tú no eres así’. Me hace gracia comprobar cómo este estereotipo lo tenemos tan asentado.

Por cierto, ¿qué novelas recomiendas para este verano?
 “Cómo ser mujer”, de Caitlin Moran, es una novela muy divertida porque relaciona el feminismo con el sentido del humor, cosa a la que tampoco están acostumbrados los receptores, parece que todo tiene que ser sesudo, académico, serio y un poco agresivo. También me gustan los libros ilustrados de Nórdica y últimamente me han gustado muchoUna rubia imponente, de Dorothy Parker, y El relato soñado, de Arthur Schnitzler. Y por último,  “La hija del veterinario”, de Bárbara Comyns, entre el realismo a lo Dickens y el realismo mágico. Y  “La piedra de moler”, de Margaret Drubble -la hermana de Antonia S. Byatt-, una novela inteligentísima y desprejuiciada sobre la maternidad como estado no grandilocuente y sobre la marca, a veces buena, que nos deja la educación sobre la piel.




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domingo, 24 de noviembre de 2013

Dices tú de los "pocos" y los "muchos"..




“…los atenienses fueron el primer pueblo, y el único en su tiempo, en echar a las clases dominantes del poder político y en establecer la democracia, en la creencia de que la libertad de todos es el más robusto vínculo de acuerdo. Y compartiendo unos con otros las esperanzas nacidas de los peligros, tuvieron libertad de espíritu en su vida cívica. Y se sirvieron de la ley para honrar a los buenos y castigar a los malvados. Pues consideraron que era cosa de bestias salvajes estar sujetos unos a otros por la fuerza, y deber de hombres, en cambio, perfilar la justicia con la ley, convencer con la razón, sometiéndose a la soberanía de la primera y a la instrucción de la segunda”.

Lysias, el meteco (hacia el 390 antes de nuestra era)


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Juan Ramón Jiménez




“Aprendamos al maravilloso
compás del mientras tanto”



Juan Ramón Jiménez

(Madrid, Cuesta de Moyano 16/11/2013)

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sábado, 23 de noviembre de 2013

Dices tú de locuciones obsoletas...



Dices tú de locuciones obsoletas, anticuadas, desfasadas, caducas…

“Llamo “proletario” a los hombres que, produciendo toda la riqueza de la nación, no poseen para vivir sino el jornal asalariado de su trabajo –trabajo, además, que depende de causas fuera de su alcance-. Llamo “burgueses” a todos  los hombres a cuya voluntad está sometido y encadenado el destino del proletario”

Reynaud, en la “Revue Encyclopedique”, abril de 1832.



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viernes, 22 de noviembre de 2013

Velázquez y la familia de Felipe IV / Museo del Prado.




Velázquez y la familia de Felipe IV / Museo del Prado.
 
En 1649 boda de Felipe IV y Mariana de Austria. / Velázquez embarca rumbo a Italia. / Se publica “El arte de la pintura” de Francisco Pacheco, antiguo maestro y suegro de Velázquez. / Epidemia de peste en Andalucía que reduce casi a la mitad la población de Sevilla. /.



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Aforismos / Una antología de textos de Manuel Sacristán Luzón



23

“Me parece que el problema de nuestra sociedad y nuestra cultura
ha llegado ya a tal grado de complicación que hay que empezar a
no ser simplistas, y aceptar que uno tiene que jugársela a la vez
por los indios del Brasil y por la conciencia científica del espíritu
revolucionario” (M.A.R.X. II, 45). 
Manuel Sacristán, atento lector
y anotador de la vida del apache Gerónimo... En algunas culturas
indias norteamericanas, la gente acostumbraba a tener en cuenta a
sus descendientes hasta la séptima generación.
Esos son los lapsos temporales en que puede realizarse una
política responsable. Y a la inversa, una cultura –como la nuestra—
donde la política se deforma en convulsivas urgencias a tres o
cuatro años vista, una cultura donde, risiblemente, diez o quince
años ya son “el largo plazo”, no puede ser calificada sino como
degenerativa.

24

“Deberías seguir el ejemplo de shunk tokecha (el lobo). Aunque
lo sorprendas y corra para salvar la vida, se parará para echarte
otra mirada antes de entrar en su último refugio. Así debes
también tú echar otra mirada a todo cuanto ves.”
Así hablaba el anciano tío de Oyihesa, un indio dakota santi.

A lo que más se parece este consejo sobrecogedor es al que nos
proporcionaba Walter Benjamin en la sexta de sus “Tesis de
filosofía de la historia”: “Articular históricamente lo pasado no
significa conocerlo ‘tal y como verdaderamente ha sido’.
Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el
instante de un peligro.”
Historiador, filósofo, activista, ciudadano, poeta: aprende a mirar
como el lobo en ese instante de liberación o condena, de
proximidad de la muerte o del milagro, de supremo peligro.


Aforismos / Una antología de textos de Manuel Sacristán Luzón
Prólogo: Jorge Riechmann
Edición, presentación y notas: Salvador López Arnal



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jueves, 21 de noviembre de 2013

Dices tú de señoritos de mierda “pluma en mano”…




Dices tú de señoritos de mierda  “pluma en mano”…

“Agustín de Foxá, en la que sin duda es la mejor novela escrita desde el bando de los vencedores sobre la guerra civil española de 1936-1939, ofrece el siguiente retrato de los manifestantes que celebraban por los barrios distinguidos de Madrid, el 14 de febrero de 1936, el triunfo electoral del Frente Popular:

“Pasaban las masas ya revueltas; mujerzuelas feas, jorobadas, con lazos rojos en las greñas, niños anémicos y sucios, gitano, cojos, negros de los cabarets, rizosos estudiantes mal alimentados, obreros de mirada estúpida, poceros, maestritos amargados y biliosos. Toda la hez de los fracasos, los torpes, los enfermos, los feos; el mundo inferior y terrible, removido por aquellos banderas siniestras”

-Madrid de corte a checa, El Mundo ediciones, Madrid, 2001, p.210.

(De El eclipse de la fraternidad, Antoni Domènech).


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miércoles, 20 de noviembre de 2013

“El Bulli” cierra y la guía Michelín también nos castiga...





“El Bulli” cierra y la guía Michelín también nos castiga y  recorta, ya sólo quedan 8 restaurantes españoles con estrellas ¡¿Pero dónde quieren que comamos?!

ELOTRO


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Dices tú de tetas y carretas…





Dices tú de tetas y carretas…


Pincelada uno:
“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni tomar autoridad sobre el hombre, sino estar en silencio”
Pablo, Tim. 2,11-12. (Según la traducción de don Cipriano de Valera.)




Pincelada dos:
La Corte Suprema del Estado de Ohio, todavía en 1970, sentencia que la mujer es: “como mucho, un sirviente superior de su marido”.

(De “El eclipse de la fraternidad”, Antoni Domènech).


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martes, 19 de noviembre de 2013

Dices tú de matonismo y crimen organizado…




Dices tú de matonismo y crimen organizado…

El PP da por perdidos,  “como por arte de mafia”, los cien mil millones de euros del rescate bancario español…

ELOTRO


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lunes, 18 de noviembre de 2013

Lessing, una mujer de quien aprender / Marta Sanz





Cuando Doris Lessing saca a la luz los choques de clase, género y cultura expresa el deseo de buscar un territorio común: una zona donde la fricción se suavice. Doris recibe a los periodistas al ser galardonada con el Nobel. Está sentada en las escaleras por debajo de los fotógrafos. Tal vez esa sea la metáfora de un punto de vista que anhela la conciliación: el destrozado sentimiento de fraternidad en una época en que la igualdad parece imposible y la libertad se reduce a la posibilidad de comprar y vender. La imaginativa parábola de La grieta apunta en esa dirección.
 Doris Lessing pasará a la posteridad por su sabiduría para visibilizar las contradicciones con las que vivimos cotidianamente: pobres y ricos, mujeres y hombres… Pero afila las aristas de esas contradicciones: Alice, la militante de La buena terrorista, recrea un hogar burgués en una casa en ruinas y con esa subyugante metáfora se cuestiona el peso de nuestras creencias, de lo que estamos dispuestos a perder por cambiar el mundo, al mismo tiempo que afloran la debilidad del pensamiento y las circunvoluciones de una deriva ideológica individual expuesta al curso de la Historia. Lessing da cuenta de la evolución de la ideología occidental y del nexo que une vida interior. Desde El cuaderno dorado esa reflexión se intensifica desde una perspectiva de género. En no pocas novelas de Lessing las mujeres, en su interacción con otras mujeres, descubren matices que exceden los límites de la lucha entre sexos: la vejez y la diferencia de clase, la mutación de los valores, son filos que cortan al leerDiario de una buena vecina, libro conmovedor que nunca cae en ese despeñaperros de ternura que transforma las buenas intenciones de la retórica literaria en el blanqueo de nuestra mala conciencia.
En las novelas de Lessing, el horizonte de la solidaridad entre mujeres no pasa tanto por la asunción de lo que tenemos en común como por la rentabilización constructiva de nuestras diferencias. La repugnancia ante los estragos de la edad o la divergente visión del mundo se desactivan ante un sentimiento de compasión que no se coloca ni por encima ni por debajo del compadecido. Hablamos de fraternidad, la búsqueda de empatía en una sociedad donde nadie sienta la culpa del verdugo ni la debilidad despótica de la víctima. De ese horizonte de feminismo autocrítico las mujeres tenemos mucho que aprender. Lessing mira a los fotógrafos sentada en las escaleras: la piedad deja de ser una emoción peligrosa.

Marta Sanz es escritora.



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domingo, 17 de noviembre de 2013

Carlos Castilla del Pino, “Estudios de psico(pato)logía sexual”




“Desde el punto de vista de un observador tales relaciones resultan incomprensibles. ¿Cómo es posible, se pregunta, que tal sujeto persista en una relación con el objeto amado, si éste no le exige otra cosa que la sumisión absoluta o el sufrimiento de sus constantes huidas y desprecios? ¿Cómo es posible que este último, que parece despreciable, no rompa definitivamente con el primero? Tal comportamiento recíproco se hace inteligible si se atiende a la complementariedad de las relaciones objetales que para ambos resultan necesarias: masosádicas, en el primer caso; sadomasoquistas, en el segundo”.


Carlos Castilla del Pino, “Estudios de psico(pato)logía sexual”



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sábado, 16 de noviembre de 2013

Citas tomadas de "El eclipse de la fraternidad", Antoni Domènech.





“…ni el pasado ha muerto, ni está el mañana –ni el ayer- escrito.”

Antonio Machado, 1938




En el seno del mundo dado tiene el hombre que hacer triunfar el reino de la libertad; para lograr esa suprema victoria es necesario, entre otras cosas, que, más allá de sus diferencias naturales, hombres y mujeres afirmen inequívocamente su fraternidad.

Simone Beauvoir,1949

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Ya vemos perfectamente, a través de vuestras falsas máximas de libertad y de vuestras grandes palabras de igualdad, que, a vuestros ojos, no somos sino la canalla.

Marat, 1790





Nosotros y los nuestros, todos hermanos nacidos de un sola madre, no creemos que seamos esclavos ni amos unos de otros, sino que la igualdad de nacimiento según naturaleza nos fuerza a buscar una igualdad política según ley, y a no ceder entre nosotros ante ninguna otra cosa sino ante la opinión de la virtud y de la sensatez.

ASPASIA (siglo V antes de nuestra Era; compañera política de Pericles, el cual dispuso que se hiciera mención expresa en su propio epitafio de la gymaikeía areté, de la virtud política de las mujeres.)


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viernes, 15 de noviembre de 2013

Dices tú de la ley Gallardón, dón, dón…




Dices tú de la ley Gallardón, dón, dón…

¿Injusticia=patodos? Por quemar 1 contenedor te pueden llegar a caer, Estrasburgo arriba, Estrasburgo abajo, varios años de cárcel; ahora bien, pongamos un ejemplo exagerado e improbable: un presidente de banco, bajo las leyes del  mismo Régimen, quema, papelillos comprometedores al viento, un edificio de 32 plantas y… le SALE GRATIS. (Parece ser que un tal Wert era por entonces su asesor contra incendios).

Nota exculpatoria si procede: La justicia y este post son, como decía aquél alcalde cabezón, un puro cachondeo de hilillos de mocos sobre la vertical del quinto pino. El culpable ya se sabe que siempre es el maquinista que pasaba por allí, o el mayordomo o los “paroterroristas” de Estrasburgo…


ELOTRO


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jueves, 14 de noviembre de 2013

Thomas Bernhard, “El frío”.




“…para suicidarme realmente era demasiado cobarde y sentía también demasiada curiosidad por todo, toda mi vida he sido de una curiosidad desvergonzada, eso ha impedido una y otra vez mi suicidio, me hubiera matado mil veces si mi desvergonzada curiosidad no me hubiera mantenido en la superficie terrestre.”

Thomas Bernhard,  “El frío”.

La Iglesia católica (es) un movimiento de masas totalmente vil, nada más que una asociación embrutecedora de los pueblos para recaudar incesantemente el mayor capital imaginable…
(…)
Todo el que vende algo que no existe es acusado y condenado, decía mi abuelo, pero desde hace milenios la Iglesia católica vende a Dios y al Espíritu Santo abiertamente, con absoluta impunidad. (…)
Los cardenales y arzobispos no son más que recaudadores sin escrúpulos a cambio de nada.”

Thomas Bernhard, "Un niño".



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miércoles, 13 de noviembre de 2013

El mal menor... / Antonio Gramsci






De cómo Gramsci hace más de setenta años ya definió certeramente “el truco retórico ” de la falsa izquierda…

“El concepto de mal menor es uno de los más relativos. Enfrentados a un peligro mayor que el que antes era mayor, hay siempre un mal que es todavía menor aunque sea mayor que el que antes era menor. Todo mal mayor se hace menor en relación con otro que es aún mayor, y así hasta el infinito. No se trata, pues, de otra cosa que de la forma que asume el proceso de adaptación a un movimiento regresivo, cuya evolución está dirigida por una fuerza eficiente, mientras que la fuerza antitética está resuelta a capitular progresivamente, a trechos cortos, y no de golpe, lo que contribuiría, por efecto psicológico condensado, a dar a luz a una fuerza contracorriente activa o, si ésta ya existiese, a reforzarla.”

[Antonio Gramsci, Quaderno, 16 (XXII)]


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martes, 12 de noviembre de 2013

Juako Escaso.




¿Y si llega un día en que un Mosso
d'Esquadra pierda un ojo por disparos
de los manifestantes?

Entonces quizá podamos sentarnos
y definir la violencia.


(Juako Escaso. Mañana sin amo.)


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