jueves, 23 de enero de 2014

Antoni Domènech / EL ECLIPSE DE LA FRATERNIDAD





El 15 de noviembre de 1947, el periódico estadounidense Herald Tribune de Nueva York, reproducía el siguiente texto:

“Nuremberg, 14 de noviembre de 1947. Un testigo francés declaró hoy que la empresa IG-Farben compró 150 mujeres del campo de concentración de Oswiecim (Auschwitz), quejándose por el elevado precio de doscientos marcos (unos ochenta dólares de entonces) por cada una, y que las mató a todas ellas en experimentos con una droga somnífera. El nombre del testigo es Gregoire M. Afrine. Declaró al tribunal militar norteamericano que acusa a veintitrés directivos de la IG-Farben de crímenes de guerra, que estaba empleado como intérprete con los rusos después de que éstos tomaran el campo de Oswiecim en enero de 1945 y que encontró allí una colección de cartas, entre las cuales se hallaban varias dirigidas desde la fábrica Bayer (la empresa farmacéutica, integrante del complejo electroquímico IG-Farben) al comandante de campo. Se ofrecieron como prueba los siguientes extractos:

·        Agradeceríamos que nos procurara cierto número de mujeres, con el fin de experimentar con ellas un nuevo somnífero.
·        Hemos recibido su respuesta, pero juzgamos excesivo el precio de doscientos marcos por mujer. Les proponemos el pago de 170 marcos por cabeza. Si están ustedes de acuerdo, nos quedaremos con las mujeres. Necesitamos unas 150.
·        Estamos de acuerdo con su propuesta. Prepárenos 150 mujeres en el mejor estado posible, y tan pronto como recibamos su aviso pasaremos a hacernos cargo de ellas.
·        Recibido el encargo de 150 mujeres. Pese a su extenuación, las consideramos satisfactorias. Les mantendremos al corriente del desarrollo del experimento.
·        Se hicieron las pruebas. Todas las mujeres murieron. Nos pondremos pronto en contacto con ustedes para realizar un nuevo encargo.”

(Los magnates alemanes enjuiciados fueron en su gran mayoría condenados en Nuremberg. Pero a mediados de los cincuenta, estaban ya todos en la calle, y sus empresas, más o menos intactas).



Antoni Domènech (EL ECLIPSE DE LA FRATERNIDAD, pp 356, 357, 358.)

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Para la Bayer no pasa el tiempo: “No creamos medicamentos para indios, sino para los que pueden pagarlo”

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/23/actualidad/1390497913_508926.html

 


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