lunes, 13 de enero de 2014

Josep Pla / “El cuaderno gris” (3)






“Cenamos en la taberna de Mata. Conxita aparece con una inmensa fuente de sardinas a la brasa: gordas, frescas, vivas. En las escamas tocadas por el fuego, el aceite brilla de una manera mortecina y densa. De las escamas azuladas, la luz del mechero de gas saca puntos rutilantes, como un brillante hormigueo. Comemos una cantidad desorbitada de sardinas. La absorción de sardinas a la brasa produce en mi organismo una intensa segregación sentimental. Las sardinas me hacen chorrear los sentimientos, me debilitan la razón y pueblan mi imaginación de formas llenas de gracia. Este fenómeno es en mí tan objetivo que a veces he pensado si los estados de esponjamiento sentimental y poético de los celtas no podrían provenir de la importancia que en su alimentación tuvieron las sardinas.
Después de una infinidad de declamaciones humanitarias y cordiales, volvemos de madrugada –una madrugada fina, filtrada, de piel de seda, cielo de color de ajenjo sobre el cual se recortan las cosas con un sintetismo de estampa. El vientecillo de la tierra es vivo y nos aclara la cabeza. Ahora sería el momento, quizá, de hablar un rato con una mujer malcasada, accesible, generosa y amable.”

Josep Pla  (El cuaderno gris).



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JOSEP MARIA CASTELLET El editor y escritor muere en Barcelona a los 87 años.


Lecturas y formación

JOSEP MARIA CASTELLET / 8 MARZO 1997

La reciente aparición de la obra de Carles Casajuana Pla i Nietzsche: afinitats i coincidències (Play Nietzsche: afinidades y coincidencias)plantea uno de los muchos temas pendientes de estudio acerca de las fuentes del pensamiento y los modelos literarios de Josep Pla, investigación apenas esbozada.A los 100 años de su nacimiento, la calidad literaria y la notable extensión de la obra escrita de Pla merecen un considerable respeto intelectual y una estimación superior a la que se le tributó en vida en Cataluña y entre los escasos lectores españoles más allá de las fronteras del principado, precisamente por la profundidad de sus lecturas y la extensión de su formación cultural.
Es cierto que los 45 volúmenes de su Obra Completa -unas 30.000 páginas- desalientan, por su vastedad, la tentativa de penetrar en los entresijos de una obra escrita a lo largo de más de sesenta años. Sin embargo, no será difícil -a medida que aparezcan monografías como la citada al inicio de estas líneas- intentar una aproximación bastante veraz a la formación cultural de Pla y a las líneas maestras que configuran tanto su pensamiento como el desarrollo de su obra literaria. Quiero citar únicamente los reconocimientos explícitos del mismo Pla: "No me canso de leer los ensayos de Montaigne. Paso así horas y horas de la noche en el lecho. Me producen un efecto plácido, sedante, me proporcionan un reposo delicioso. Encuentro a Montaigne de una gracias apenas interrumpida, lleno de continuas, inagotables sorpresas. Una de estas sorpresas proviene a mi entender del hecho de que Montaigne tiene una idea muy precisa de la insignificante posición del hombre sobre la tierra". O, refiriéndose a Nietzsche, a quien Pla considera como un continuador de los moralistas franceses, con interés múltiple, estilístico también: "Nietzsche, a la larga, se convierte en un vicio. Escribe conciso, es rápido. Sus incisivos golpes hacen oscilar, vivamente, la curiosidad del espíritu". No cabe olvidar entre sus modelos éticos a Leopardi, al que trata con un res peto superior, con la ternura apasionada que le despierta esta "figura del poeta jorobado, pálido , de mirada intensa, amar gado, de corazón vacío y cabeza saturada de sintaxis elegante... ". En otra cita es concluyente: de todos los autores que ha leído "el más lúcido" es Leopardi.
Pero si Montaigne, Nietzsche y Leopardi -entre otros muchos- le seducen por muchas de sus ideas, sus preferencias literarias se decantan por Stendhal y Proust, ejemplos completos y perfectos especialmente por la temática y el estilo, fundidos ambos en los géneros literarios cultivados por los dos autores. Su admiración comprende tanto los libros de viajes o autobiográficos de Stendhal como la capacidad descriptiva y el tratamiento del tema del tiempo en Proust.
A lo largo de su extensa obra y esparcidas por ella, encontramos sus confesiones sobre sus lecturas predilectas y permanentes. Son citas perdidas, como si su autor quisiera esconder la vastedad de su cultura. En tres líneas y sin venir a cuento nos dice en el volumen 12 de suObra Completa que los tres libros que en mayor medida le han impresionado y que en el curso de su vida ha tenido más a menudo en sus manos, "con un interés más permanente", han sido Tratado teológico político, de Spinoza; las Cartas provinciales, de Pascal, y Zibaldone, de Leopardi. Del mismo modo que en otras tres líneas perdidas considera que "los tres grandes fenómenos literarios" de su tiempo han sido "la obra de Marcel Proust, el Ulisses de Joyce y la obra de Luigi Pirandello".
Con estas citas, cazadas al azar y al margen de la multiplicidad de autores citados que encontramos en los índices de su Obra Completa, me interesa repetir que lo que se refiere a los cimientos literarios e ideológicos de los libros de Pla está prácticamente por estudiar. Sólo a medida que se publiquen artículos, estudios o libros como el que ha sugerido estas líneas nos será posible confirmar lo que se está empezando a admitir entre nosotros: no solamente Pla es un escritor de raza, poderosamente dotado, sino que su obra se asienta en la de los grandes autores de la historia literaria de la humanidad y los complementa.-



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