domingo, 26 de enero de 2014

Madrid, esos cielos. / Miguel Sánchez-Ostiz





Madrid, esos cielos y esas luces. El jueves a la tarde un grupo de represaliados del franquismo montaba guardia en la Puerta del Sol con sus pancartas y banderas republicanas, “¡Por la Tercera!”, sí, y cuanto antes, que para muchos será demasiado tarde.  Ayer, ya anochecido, no muy lejos de allí, en la calle de la Escalinata, plaza de la Ópera, un nutrido grupo de jóvenes exhibía  una bandera nazi y coreaba a brincos un siniestro “¡Y Hitler volverá!”. Si yo lo vi, también lo vio la policía que patrullaba la zona. El extenso centro de la ciudad está, como el de todas,  bien poblada de maderos y de matones. Hace unos años, pocos, pateaba Madrid sin descanso: Peatón de Madrid (2003), como si no lo hubiera escrito. Se me han ido pasando las ganas. ¿Agorafobia? Pues sí, qué pasa. A cierta edad… al menos este escenario de la vida ya fue. En las persianas cerradas de viejos comercios castizos –los de la estampa y la bobería costumbrista de “las tiendas color canela”, tan resultona ella–, veo el anuncio de más cierres, de más pájaros negros gañendo su Nevermore. Todo muy alegre. Eso sí, me suelo quedar embobado con las luces del atardecer, con ese cielo azul de las mañanas de invierno y con algunas calles del viejo Madrid en las que parece que voy a oír la voz de Edgar Neville diciendo: “¡Luz, cámara… acción!”. No creo que pudiera repetir el entusiasta patear de hace unos pocos años  de no poder estar con algunos amigos nuevos, gente generosa y cálida grande el número/ No es, mas basta para sentirse acompañado/ A la distancia en el camino. A ellos/ Vaya así mi afecto agradecido. Un gozo. Hasta el más misántropo sabe de ese gozo y del don del trato. Poema de los dones. Borges.



Es más que suficiente para regresar de manera fugaz. La ciudad se me ha ido haciendo antipática, veo hostilidad, malos modos, mucho lapo de “¡Caballero!” que denuncia al jebo y a la jeba, arrebuche, mucho empujón, calles y barrios hechos gueto de castas, lugares donde ya no tienes sitio, donde estás de más o donde estorbas, y es que eso, a cierta edad insisto, se huele… a todo te acostumbras y a lo que es forzoso, enseguida. Como lo veo y lo siento, lo escribo. A cada cual su feria. Madrid, luces y sombras… esos cielos.

Miguel Sánchez-Ostiz


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