sábado, 18 de enero de 2014

Nikolái Gógol, Víctor Gallego Ballestero (2)





Nikolái Gógol, Víctor Gallego Ballestero (2)
(De la introducción a “LAS VELADAS DE DIKANKA”)

“En una carta a Pletniov (Gógol) escribe:
“No comprendo qué me pasa. ¿Es la proximidad de la vejez lo que causa mi debilidad, lo que me incita a la holganza? ¿Es mi estado enfermizo? ¿Es el clima? No tengo tiempo de hacer nada. Me levanto temprano, me pongo a escribir por la mañana, no dejo entrar a nadie, aparto todos los asuntos secundarios, ni siquiera redacto una carta a mi familia y, a pesar de todo, apenas escribo unas pocas líneas. Pienso que he trabajado una hora, pero cuando miro el reloj es el momento de comer. El final del asunto, es decir, el final de Almas muertas, no está cercano”. Además de esas dificultades creativas, Gógol se enfrentaba con un método de trabajo lento y concienzudo que, según el testimonio de Berg, el propio Gógol definía así: “Para empezar, hay que anotar las ideas tal como vienen, de cualquier manera, sin preocuparse de la forma, pero sin omitir ninguna, y olvidar luego hasta la existencia de ese cuaderno. Al cabo de un mes o dos (a veces más) hay que retomar las notas y releerlas. Pronto se da uno cuenta de que hay muchas cosas inexactas, otras superfluas y otras que faltan. Entonces se corrige el texto, se toman notas al margen y se olvida una vez más el cuaderno. Al releerlo de nuevo, después de algún tiempo, hay que volver a tomar notas al margen; si el espacio no es suficiente, se pega una banda de papel en el borde de la página. Cuando todo haya sido pergeñado de esa manera, se copia el cuaderno de propia mano. Te vendrán nuevas ideas, harás cortes, adiciones, depurarás el estilo… En ese momento, debes olvidarte otra vez de tu cuaderno. Viaja, diviértete, no hagas nada o escribe otra cosa. Llegará un día en que te acuerdes de tu manuscrito. Retómalo, reléelo, corrígelo de la misma manera y, cuando esté igual de sucio que el anterior, vuelve a copiarlo. Advertirás entonces que tu mano, de algún modo, se vuelve más firme a medida que el estilo se purifica y las frases se decantan. En mi opinión hay que repetir este trabajo unas ocho veces.”


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