jueves, 2 de enero de 2014

Raymond Chandler, citas de: “A mis mejores amigos no los he visto nunca”






Raymond Chandler, citas de: “A mis mejores amigos no los he visto nunca”

“Conocerme en persona es la muerte de la ilusión”.

“(Comentando a su editor sobre la foto de contraportada) Las fotos comerciales no valen nada. Estoy llegando a la edad en que se necesita un toque artístico para sacar algo de mi apariencia. Los que tienen ese toque piden demasiado dinero, y dudo de la importancia de la causa. Si bien me siento obligado, por el peso de la opinión, en parte experta, en parte francamente prejuiciosa, a admitir que he sido uno de los hombres más apuestos de mi generación, también tengo que conceder que la generación ya está un poco enmohecida, y yo también”



“Cosa rara, la civilización. Promete tanto, y todo lo que da es producción en masa de mercadería vulgar para gente vulgar”.

“A partir de ahora, si cometo errores, como lo haré sin duda, no los cometeré en un inútil intento de evitar cometer errores”.

“No me gusta ningún escritor para quien un rasgo de ingenio laborioso y retorcido sea mejor que una simple verdad”.

“Hammett sacó el crimen del jarrón veneciano y lo arrojó al callejón; no necesita seguir ahí para siempre, pero fue una buena idea… Hammett devolvió el crimen a la clase de gente que lo hace por un motivo, no solo para proporcionar un cadáver; y con los medios a mano, no con pistolas de duelo talladas a mano, curare o peces tropicales. Llevó al papel a esa gente tal como es, y la hizo hablar y pensar en la lengua que usa habitualmente con esos propósitos… Fue parco, frugal, duro, pero hizo una y otra vez lo que sólo los mejores escritores pueden hacer. Escribió escenas que parecía como si nunca hubieran sido escritas antes.”


“En general, el negocio de la antología me produce un completo disgusto. Gente que no le ha dado nada al mundo en términos de escritura (y nunca lo hará) presume de utilizar el trabajo de otros a precios nominales, y por Dios me refiero a precios nominales, para su propio beneficio y provecho, y se justifican como compiladores o críticos o eruditos, en apoyo de lo cual escriben unas vomitivas pequeñas introducciones y se quedan sentados con una sonrisa indulgente y los bolsillos bien abiertos”.

R. Ch., carta a los editores de Sheridan House,
24 de noviembre de 1946


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