lunes, 27 de enero de 2014

Raymond Chandler, citas de: “A mis mejores amigos no los he visto nunca” (y 5)







Uno escribe en un estilo que ha sido imitado, hasta plagiado, al punto que uno empieza a parecer un imitador de sus imitadores. Así que uno tiene que ir donde ellos no puedan seguirlo.

Tenemos la memoria tan atestada de experiencias y emociones que todas nuestras percepciones están sobrecargadas por una pátina de recuerdos.

Estrictamente hablando la cantidad de producción no significa nada. Un escritor se revela en una sola página, a veces en un solo párrafo. Un no escritor puede llenar todo un estante, puede alcanzar una especie de fama, en ocasiones puede inventar una trama que lo hará parecer de lo que es en realidad, pero al fin se desvanece y es nada.

La moneda del elogio se ha devaluado tanto que no queda nada que decir sobre un libro realmente bueno.

Yo soy de los que creen que usted se equivoca por completo. Pienso además que el hecho de que usted puede salirse con la suya no prueba que tenga razón. (En una carta a Hitchcock)

Era un buen aire fresco, tranquilo y reconfortante, y por un momento no quise saber nada de la raza humana. Unas pocas bocanadas de aire limpio que no hubiera respirado ningún mentiroso o criminal. Era todo lo que quería.

Estaba muerta ahora, y podía tomarla por lo que me pareció la primera vez que la vi, y lo que hizo y por qué lo hizo podía dejárselo a los solemnes idiotas que lo explican todo y lo saben todo.

Últimamente me descubren hablando solo con frecuencia. Dicen que no es tan grave, mientras uno no se responda. Yo no solo me respondo, sino que discuto y me enojo.


Si uno tiene talento suficiente, puede arreglárselas, hasta cierto punto, sin agallas; y si tiene suficientes agallas, puede arreglárselas, hasta cierto punto, sin talento. Pero no se puede salir adelante sin uno u otro.

He perdido afinidad con mi medio. Los Ángeles ya no es mi ciudad, y La Jolla no es nada más que un clima y una cantidad de cortesías sin sentido. Fui a una fiesta hace una semana y, Dios santo, había un hombre con un esmoquin a cuadros y otro con uno de moaré rosa. Y hoy en la tienda de Dutch Smith he visto uno de color pardo. Este país está en la cresta de una ola de prosperidad, todo el mundo gana buenos sueldos y todos están endeudados hasta las orejas por las compras a plazos. Dios los ayude si el rearme se hace más lento. No tengo sobre qué escribir. Para escribir sobre un lugar hay que amarlo u odiarlo o las dos cosas por turnos, que es generalmente el modo en que se ama a una mujer. Pero hay un sentimiento de vacío y aburrimiento… y eso es fatal. Fui el primer escritor que escribió con realismo sobre el sur de California. Ahora, la mitad de los escritores del país están describiendo el smog. Los Ángeles se ha vuelto para mí una puta barata.

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