viernes, 28 de febrero de 2014

“El cine obsceno, ¡qué esplendor!” (1929) / Paul Éluard





(…) El cine obsceno, ¡qué esplendor! Es exaltante, todo un descubrimiento. La increíble vida que cobran en pantalla esos penes inmensos y magníficos, el esperma que brota. Y la vida de la carne enamorada, todas sus contorsiones. Es admirable. Y está muy logrado, la carga de erotismo es inmensa. Me encantaría que lo vieras. Si vienes a Marsella, irás con Gaillard, que es la encarnación misma del decoro, y que ya ha acompañado a verlo a diversas “damas” de la “burguesía”. Bueno, te contaré mi experiencia. Me porté muy bien y no vi a nadie. Con eso me bastó. La película me provocó una erección que me trastornó durante una hora. Estuve a punto de correrme ante la mera visión de las imágenes. Si hubieras estado allí, no hubiera podido aguantarme. Y es un espectáculo puro, sin artificios teatrales. Los actores ni siquiera mueven los labios, por lo menos para hablar: es un arte “mudo”, un arte “salvaje”, la pasión que se enfrenta a la estupidez y a la muerte. Deberían proyectar este tipo de películas en todas las salas de cine e incluso en las escuelas. Acabaría en matrimonios posibles, primigenios, en uniones sagradas, multiformes. Por desgracia, la poesía aún no ha nacido. (…)

Paul Éluard (En “Lettres à Gala”, 1924-1948)



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jueves, 27 de febrero de 2014

Manuel Fernández-Cuesta / Eric Hobsbawm, el otro gentleman comunista.








“La crítica de la retórica de los mitos históricos es una tarea de
los historiadores de hoy, sobre todo en casos donde hay nacionalismos”
Eric Hobsbawm,  El País, 12 de abril de 2003

“Lo que encontramos hoy en día no es que ya no exista clase obrera alguna,
sino que la conciencia de clase ya no tiene su capacidad de unir”
Eric Hobsbawm (1988)


Leíamos a Hobsbawm. Era un paso de frontera obligado. Queríamos asaltar los cielos de la razón y la razón, vestida con las sedas del turbocapitalismo, ha creado el actual estado de excepción permanente. Arranco esta necrológica, subgénero periodístico, con un libro en la mano. Se trata de Las revoluciones burguesas, 11ª edición, Labor, Punto Omega, 1987. En realidad, licencias editoriales al margen, es el primer volumen de las Eras, La Era de la Revolución (1798-1848), obra que consagró -si no lo estaba ya- a Eric Hobsbawm, en 1962, como uno de los historiadores más importantes del siglo XX. Junto con La Era del Capital(1848-1875) y La Era del Imperio (1875-1914), aparecieron en 1975 y 1987, constituyen el fresco más detallado sobre la evolución política, social y cultural del siglo XIX, hasta la I Guerra Mundial. Leer estos tres volúmenes, hoy, pulcramente editados por Crítica, junto con el resto de sus trabajos, es la forma más sencilla, rápida y directa para entender cómo hemos llegado hasta aquí, cómo nos han conducido, burbujas inmobiliarias al margen, al abismo. Muchos advenedizos, cabalgan por doquier, aprovecharán su muerte, 1 de octubre de 2012, y repetirán la letanía: era un historiador marxista, es decir, de poco fiar o, en el mejor de los casos, lastrado por su errónea metodología. “Marxista” ha pasado de ser un término descriptivo, lo era en el siglo XIX, a un insulto -salvo excepciones- durante el XX: ahora es solo arqueología. “Historiador marxista” debe ser una categoría especial, se entiende que menor (o diferente), de historiador. Algo así como un historiador prisionero de su gulag ideológico totalitario. Será por aquello de la objetividad demócrata-liberal. Esta visto que no se han enterado, a estas alturas, del método marxista como forma de análisis de la realidad social. Da igual. Han ganado.


Eric Hobsbawm, judío no practicante, nació (1917) en un sitio imposible y mágico del protectorado colonial británico, Alejandría (Egipto), y ha muerto, sabio, en otro sitio igualmente fantasmagórico, un hospital de Hampstead, en el Londres virtual, la sociedad líquida del consumo y los JJ. OO., donde nada es lo que parece: ni un anuncio es un anuncio. Educado en Viena, Berlín y en el King´s College de Cambridge, formó parte del grupo de marxistas ingleses que tanto lustre dieron al pensamiento anglosajón, teoría y acción práctica, durante décadas. Incluso más de una generación de españoles (mirarán hacia otro lado, no son tiempos de reivindicaciones) se ha nutrido con las lecturas de E. Hobsbawm, E. P. Thompson, Christopher Hill, Maurice H. Dobb, Rodney Hilton o Raymond Williams, por citar nombres esenciales. Past & Present fue una de sus principales revistas. Estaban levantando la bandera de la Historia social: la historia desde abajo. “Me hice comunista en 1932, aunque en realidad no ingresé en el Partido hasta mi llegada a Cambridge en otoño de 1936”. Así arranca el capítulo 9, “Ser comunista” de Años interesantes. Una vida en el siglo XX (2003).
Prolífico escritor, por su inteligencia crítica han desfilado cuestiones tan variadas como los primeros revolucionarios, bandoleros y ludistas, o el jazz (escribió docenas de artículos para elNew Statesman con el pseudónimo de Frankie Newton, trompetista negro y comunista de Billie Holliday), pasando por la revolución industrial, el olvido de la mujer en la Historia, el bolchevismo, los sindicatos de clase, la dinámica de Vietnam y las guerras imperialistas; mayo del 68, Marx, Lenin o Karl Korsch y las vanguardias artísticas del siglo XX. 




Nada le parecía ajeno. Aunque quizá sea Trabajadores. Estudios de historia de la clase obrera (Crítica, 1979), uno de sus libros más rotundos: la guía imprescindible. Con Historia del siglo XX (Crítica, 1995), titulado Age of Extremes. The short Twentieth Century (1914-1991), puso colofón a susEras. Este trabajo de síntesis le dio fama mundial (al tiempo, Giovanni Arrighi, publicaba, 1994,El largo siglo XX, Akal, 1999), consiguiendo llegar a miles lectores. Me alegré -en silencio- por el éxito del viejo combatiente. En 2003, con motivo de uno de sus viajes a España (era un apasionado de nuestra historia contemporánea), declaraba a El País (12/04/2003), ante la pregunta, “¿Qué significa el comunismo en el siglo XXI”? “En primer lugar, crítica al capitalismo, crítica de una sociedad injusta que está desarrollando sus contradicciones. El ideal de una sociedad de mayor igualdad, libertad y fraternidad. La pasión por la acción política, el reconocimiento de la necesidad de la acción colectiva. La defensa de la causa de los pobres y los oprimidos. Lo que ya no significa es un orden social como el tipo soviético, un orden económico de planificación total y colectiva: me parece que ese experimento ha fallecido. El comunismo como motivación continúa vigente; como programa, no.”



Con la muerte del profesor Hobsbawm desaparece uno de los pilares de la memoria individual y colectiva del siglo XX. Conocía los recodos del siglo XIX y ha vivido el XX, cambalache de guerras, pasiones revolucionarias e ilusiones perdidas. La muerte de E.H. nos deja ateridos de frío, la sensación de una espada en la piel, arrancando otoño, mientras avanza la destrucción implacable del Estado de Bienestar. La “Era de Hobsbawm” toca a su fin. Quedarán los libros, centenares de artículos y conferencias. Es posible que alguien, por vez primera, se acerque a sus textos. Los mayores pasarán el plumero por las estanterías y recordarán qué pensaban, illo tempore, cuando leyeron a E.H. Los nuevos lectores disfrutarán. A otros muchos, este gentleman comunista les seguirá dando pavor. O quizá sea su propia sombra, ahora gris marengo.


Manuel Fernández-Cuesta (1963-2013)



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miércoles, 26 de febrero de 2014

MARX A ENGELS





MARX A ENGELS

Londres, 25 de septiembre de 1857


…Tu El Ejército (El artículo de Engels “El Ejército” fue publicado en la Nueva Enciclopedia Americana) está muy bien y únicamente sus dimensiones me han producido el efecto de un estacazo, pues sé cuán perjudicial es para ti esforzarte mucho. Si hubiera sabido que ibas a trabajar hasta tan altas horas de la noche, hubiera mandado al cuerno todo el asunto.

La historia del ejército prueba, con mayor evidencia que nada, la justeza de nuestro punto de vista acerca de la conexión entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales. En general, el ejército tiene importancia en el desarrollo económico. El salario, por ejemplo, se desarrolló plenamente y por primera vez en el ejército de los antiguos. El peculium castrense (Peculio del soldado) es también, en Roma, la primera forma jurídica en que se reconoce la propiedad mobiliaria de los no cabezas de familia. Lo mismo puede decirse del régimen gremial, que surgió por primera vez en las corporaciones de los fabri (Artesanos agregados al ejército) También aquí observamos por primera vez la aplicación de las máquinas en gran escala. Incluso el valor especial de los metales y su uso como dinero parece remontarse originariamente –apenas superada la Edad de Piedra de Grimm- a su importancia militar. También la división del trabajo dentro de una misma rama de la industria parece haberse aplicado por primera vez en los ejércitos. En ellos observamos además, resumida y palmariamente, toda la historia de las sociedades burguesas. Si algún día tienes tiempo, debes analizar el problema desde este punto de vista.

Los únicos puntos que has dejado por tocar en tu escrito son, a mi entender, los siguientes: 1) la aparición de auténticas tropas mercenarias, por primera vez, en gran escala, y de golpe, entre los cartagineses (para nuestro uso privado consultaré un libro sobre el ejército de Cartago escrito por un berlinés y de cuya existencia me he enterado hace poco). 2) El desarrollo del ejército en Italia en el siglo XV y comienzos del XVI. Aquí, precisamente, nacieron las argucias militares de carácter táctico. Por cierto, en su Historia de Florencia Maquiavelo describe muy graciosamente cómo peleaban los condottiere (Condottieri. Jefes de destacamentos militares mercenarios de los siglos XIV y XV en Italia. Algunos condottieri se apoderaron del poder y se convirtieron en fundadores de dinastías) Copiaré este trozo y te lo remitiré. Pero no, cuando vaya a verte a Brighton -¿cuándo?- te llevaré el libro de Maquiavelo. Su Historia de Florencia es una obra maestra. Y por fin, 3) el sistema militar asiático, tal como apareció originariamente entre los persas y, después, en las más diversas variedades, entre los mongoles, los turcos, etc…


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martes, 25 de febrero de 2014

El Roto: “Mi trabajo es social porque ayuda a comprender”. / Ana Bernal Triviño







El Roto: “Mi trabajo es social porque ayuda a comprender”.

Ana Bernal Triviño

Es Andrés Rábago. Para muchos, más conocido por sus viñetas y su seudónimo: El Roto. El Centro de Arte Contemporáneo CAC Málaga acoge hasta mayo su primera exposición individual en un museo. 271 viñetas que recorren su creación artística entre 2005 y 2013, marcada por un sello muy personal cargado de símbolos y sencillez a partes iguales, pero que todos los días produce un golpe con la realidad que intentamos no ver u ocultar. Es un hombre comedido, muy reflexivo, atento y con una sonrisa que desvela la satisfacción que produce el reconocimiento de una obra que, ante todo, enfoca desde una función social.


Cuando se llega a la exposición, el título impresiona: Apocalipsis…
Sí, pero con un subtítulo: viñetas del libro del Debe y el Haber. Ahí acotamos el apocalipsis, y nosotros lo entendemos como revelación, porque la sátira revela cosas, pone de manifiesto lo que está oculto. Pensamos que apocalipsis es cuando se acaba el mundo. El mundo se acaba y se renueva constantemente. Pero aquí tiene sentido de revelación.
La exposición se articula en cuatro ejes: ecología, economía, violencia y mente-ciencia…
Son preocupaciones básicas de las que me he ocupado de forma reiterada. Hay otros temas que no están aquí, de los que también me he ocupado, como el arte o la política. Pero esos bloques son mis preocupaciones, son los más evidentes, los más claros.


¿Qué es para usted la sátira?
Es más bien un catalizador de ideas que está en la sociedad y en el ambiente. Y es eso, un catalizador mezclado con el agua, y que deposita al fondo un poso que deja ver qué era lo que enturbiaba el agua. Ese es el trabajo de la sátira.
Muchas de sus viñetas también recuerdan a Goya, por lo hispano y lo grotesco…
Lo grotesco es consustancial al hombre, siempre hay algo de grotesco. Y en la sátira es cierto que siempre hay algo de ese punto, porque la sátira trabaja como una lupa y amplifica los defectos. 
Sus viñetas se plasman en un medio de actualidad pero, en cambio, su trabajo no tiene fecha de caducidad…
Sí, busco que tenga un tiempo de vigencia lo más amplio posible. Por eso no me preocupo de los temas más inmediatos. Me preocupo por asuntos de calado que sé que estarán latentes durante mucho tiempo todavía. Intento evitar esa especie de espuma superficial, esas cosas que van a ser olvidadas para mañana o pasado. Procuro buscar en aguas más profundas, qué es lo que está debajo y qué es lo que está moviendo la superficie, esos grandes peces que están por debajo o las grandes corrientes… Eso es lo que me interesa. No me interesan las olitas que acaban en la playa.


Si sus viñetas siguen vigentes, significa que no arreglamos esos problemas…
Por desgracia, los problemas por sí no existen, al margen de la acción de los hombres. Es la acción de los hombres y su reflexión sobre lo que hay que trabajar ahora mismo. Estaba pensando en el tema de los inmigrantes muertos en el Estrecho. En la prensa sólo se fijan en la muerte de esos inmigrantes. Pero así no vamos a entender nada de lo que hay que ver: el porqué de que esto pase en África, entender de qué huyen, si tenemos alguna responsabilidad en esa situación, en las guerras, qué se puede hacer… Ahí es donde hay que reflexionar porque lo otro, al final, es ya la ola en la playa, pero lo que ha impulsado esa ola, no nos preocupa. Yo me intereso por el origen de la ola porque es ahí donde no quieren que miremos. Nos están enseñando que hay algo más impactante, pero no nos están enseñando el origen.

¿Cómo se trabaja teniendo esa labor pedagógica pero sin subestimar al lector?
Tienes que partir del hecho de tu propia ignorancia. Yo nunca pienso que soy más inteligente que el lector. No puedes considerar que el lector sea inferior. Tienes que estar en el mismo plano y tienes que ser respetuoso, pero aún más cuando estás en un medio de comunicación. Ahí tienes un deber y un respeto aún mayor porque crece tu responsabilidad. Son aún más las personas que están delante. Esa es la posición que yo siempre intento adoptar, y también que tenga una utilidad, que tenga una función social. Yo pienso que mi trabajo es social porque ayuda a comprender, o a escuchar para poder hablar… Es una especie de posición equilibradora. 


Su trabajo es muy metódico, y sin muchos referentes, salvo los básicos…
Por ejemplo, no veo la televisión, no veo ningún telediario. Apenas escucho la radio, a lo mejor un poquito del informativo que tiene puesto mi mujer en casa. Leo básicamente informaciones en la prensa. Si veo que hay un asunto que no lo tengo claro, intento informarme algo más. Pero hay suficiente información en la prensa. En Internet hay mucha más información pero, como no tiene estructura, es inútil, se van borrando unas cosas a las otras. Yo soy partidario de que haya una estructura, de manera que se pueda absorber esa información y crear algún cuerpo doctrinal, de construcción de lo real. Si no es simplemente un barullo, qué es lo que nos está pasando. La gente tiene mucha información pero tiene una información caótica y sus mentes también.
Y eso complica enfrentarse a los problemas…
Sí, y sobre todo comprender hacia dónde nos llevan. Es verdad que la prensa hay mucha manipulación, pero está clara, puedes entender bien la manipulación. Pero en un medio continuamente fluido es más difícil saber hacia dónde te están llevando, porque continuamente te llevan en direcciones contrarias.
Su dibujo es muy austero, ¿está convencido de que con esa sencillez el mensaje llega mejor?
Es un lenguaje necesario por el medio en el que se publica. Un periódico es un medio muy rápido, que requiere una lectura rápida, llamar la atención del lector de una forma muy intensa. Eso requiere un tipo de dibujo muy concreto y un tipo de lenguaje también muy concentrado. El lenguaje lo da el medio. En la época de los ingleses y franceses del siglo XVIII y XIX ellos hacían un lenguaje muy elaborado, con muchos personajes, muy complejo, porque la gente lo veía en grabado. En el grabado la mirada era muy lenta, pasaban días y comentaban. Hoy eso es imposible. Lo que intentas es que tengan una visión rápida del asunto.
En sus viñetas muestra mucha de las máscaras de la sociedad, e incluso de la indiferencia hacia todo. ¿Se puede vivir y avanzar en esta sociedad sin posicionarse?
Lo que no se puede hacer es achacar la responsabilidad de todo a los demás. Hay que hacer una especie de visión de lo que cada uno de nosotros estamos haciendo para facilitar que las cosas sean como son, o para impedir que sean como son, o para llevarlas en la dirección que creemos que tienen que llevar. Eso nos lleva a una cuestión de responsabilidad. Cuando la responsabilidad siempre se la echamos a otro, aunque también la tengan porque cuanto más poder se tiene hay más responsabilidad, tienes que saber que cada uno de nosotros somos responsables de la realidad o de la creación de la realidad. Y no me estoy refiriendo a unos términos estrictamente físicos. Esa responsabilidad frente a lo que co-creas en cada momento es lo que nos convertirá en más humanos, en más personas. Y eso es algo que no puedes delegar en nadie. Cada uno tenemos también nuestra responsabilidad en las cosas que hacemos. Si cada uno respondiese en cada momento de la manera que tuviese que hacerlo, cambiarían muchísimo las cosas.
Cada vez se insiste más en la ausencia de ideologías. ¿El poder tiene ideología?
Sí, claro que tiene ideología al poder, pero ya no podemos hablar de la ideología estrictamente en términos políticos. Es mucho más complejo. Nos están intentando meter en un mundo unidimensional y ese es el componente ideológico real. Otra cosa son los matices de ese componente.
Usted es muy crítico con Internet y la abundancia de información. En su terreno, el diseño digital también ha llegado con fuerza…
En mi método yo busco los medios más sencillos: papel pintado, lápiz, rotulador… Primero porque me gusta el carácter artesanal, que es lo bonito de este trabajo, el dibujo, la forma artesanal que tiene de hacerse. Y luego porque tienes el original, dónde está la presencia. Cuando tú ves el original de un cuadro de una persona importante hay algo de su presencia física y eso en el digital no existe. El que lo ha hecho desaparece por completo. Tiene a su favor la multiplicidad, pero ahí entramos en el terreno de lo cuantitativo, del que yo intento huir. El dibujo es cualitativo, Internet es cuantitativo y yo estoy siempre a favor de lo cualitativo.
¿Pensaba que alcanzaría esta trayectoria en su profesión?
Yo he dibujado desde pequeñito. He sido dibujante pero ahora, con el tiempo, miras atrás y te das cuentas de que al final lo único que hice seguir fue una trayectoria que ya estaba trazada.
El dibujo como cauce natural de su vida, mientras que se le da menos protagonismo en las escuelas…
Desde mi punto de vista las cosas se entienden cuando se dibuja. De hecho, para entender algo, si lo dibujas se entiende mejor. Si se produce una ausencia de esa capacidad de estructurar las cosas a través del dibujo, nos debilita.


Sus viñetas siempre transmiten cierto desasosiego, aunque la principal ilustración de esta exposición es una que indica “Si no podemos cambiar el horizonte, cambiemos de perspectiva”. ¿Cómo piensa dibujar ese futuro?
No es bueno plantear el futuro porque partiremos de sistemas de planteamiento deformados. Primero tenemos que planificar nuestra mente y, una vez clarificada, el futuro se establece por sí mismo. Lo que no puedes hacer es intentar diseñar el futuro. Lo que tienes que hacer es diseñar el presente, quién eres, qué quieres y, a partir de ahí, el futuro se va creando. Pero el futuro no existe. Sólo existe el presente.



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lunes, 24 de febrero de 2014

¿Extractivismo o ecologismo de los pobres? / Boaventura de Sousa Santos





EL FETICHISMO DEL CRECIMIENTO INFINITO
¿Extractivismo o ecologismo de los pobres?

Al “ecologismo de los ricos” es preciso contraponerle el “ecologismo de los pobres”, basado en una economía política no dominada por el fetichismo del crecimiento infinito y del consumismo individualista.

Boaventura de Sousa Santos
Es director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra (Portugal)


Al inicio del tercer milenio, las fuerzas de izquierda se debaten entre dos desafíos principales: la relación entre democracia y capitalismo, y el crecimiento económico infinito (capitalista o socialista) como indicador básico de desarrollo y progreso. En estas líneas voy a centrarme en el segundo desafío (sobre el primero, ver “¿Democracia o capitalismo?”, en Página/12 del 6 de enero pasado).

Antes de la crisis financiera, Europa era la región del mundo donde los movimientos ambientalistas y ecologistas tenían más visibilidad política y donde la narrativa de la necesidad de complementar el pacto social con el pacto natural parecía tener gran aceptación pública. Sorprendentemente o no, con el estallido de la crisis tanto estos movimientos como esta narrativa desaparecieron de la escena política y las fuerzas políticas que más directamente se oponen a la austeridad financiera reclaman crecimiento económico como la única solución y sólo excepcionalmente hacen una mención algo simbólica a la responsabilidad ambiental y la sustentabilidad. Y, de hecho,las inversiones públicas en energías renovables fueron las primeras en ser sacrificadas por las políticas de ajuste estructural. Ahora bien, el modelo de crecimiento que estaba en vigor antes de la crisis era el blanco principal de las críticas de los movimientos ambientalistas y ecologistas, precisamente, por ser insostenible y producir cambios climáticos que, según los datos la ONU, serían irreversibles a muy corto plazo, según algunos, a partir de 2015. Esta rápida desaparición de la narrativa ecologista muestra que el capitalismo tiene prioridad no sólo sobre la democracia, sino también sobre la ecología y el ambientalismo.

Pero hoy es evidente que, en el umbral del siglo XXI, el desarrollo capitalista toca la capacidad límite del planeta Tierra. En los últimos meses, varios récords de riesgo climático fueron batidos en Estados Unidos, la India, el Artico, y los fenómenos climáticos extremos se repiten con cada vez mayor frecuencia y gravedad. Ahí están las sequías, las inundaciones, la crisis alimentaria, la especulación con productos agrícolas, la creciente escasez de agua potable, el desvío de terrenos destinados a la agricultura para desarrollar agrocombustibles, la deforestación de bosques. Paulatinamente, se va constatando que los factores de la crisis están cada vez más articulados y son, al final, manifestaciones de la misma crisis, que por sus dimensiones se presenta como crisis civilizatoria. Todo está vinculado: la crisis alimentaria, la crisis ambiental, la crisis energética, la especulación financiera sobre los commodities y los recursos naturales, la apropiación y la concentración de tierras, la expansión desordenada de la frontera agrícola, la voracidad de la explotación de los recursos naturales, la escasez de agua potable y la privatización del agua, la violencia en el campo, la expulsión de poblaciones de sus tierras ancestrales para abrir camino a grandes infraestructuras y megaproyectos, las enfermedades inducidas por un medioambiente degradado, dramáticamente evidentes en la mayor incidencia del cáncer en ciertas zonas rurales, los organismos genéticamente modificados, los consumos de agrotóxicos, etcétera. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible realizada en junio de 2012, Río+20, fue un rotundo fracaso por la complicidad mal disfrazada entre las élites del Norte global y las de los países emergentes para dar prioridad al lucro de sus empresas a costa del futuro de la humanidad.




En varios países de América Latina, la valorización internacional de los recursos financieros permitió una negociación de nuevo tipo entre democracia y capitalismo. El fin (aparente) de la fatalidad del intercambio desigual (las materias primas siempre menos valoradas que los productos manufacturados), que encadenaba a los países de la periferia del sistema mundial al desarrollo dependiente, permitió que las fuerzas progresistas, antes vistas como “enemigas del desarrollo”, se liberasen de ese fardo histórico, transformando el boom en una ocasión única para realizar políticas sociales y de redistribución de la renta. Las oligarquías y, en algunos países, sectores avanzados de la burguesía industrial y financiera altamente internacionalizados, perdieron buena parte del poder político gubernamental, pero a cambio vieron incrementado su poder económico. Los países cambiaron sociológica y políticamente, hasta el punto de que algunos analistas vieron la emergencia de un nuevo régimen de acumulación, más nacionalista y estatista, el neodesarrollismo, sobre la base del neoextractivismo.
Sea como fuere, este neoextractivismo se basa en la explotación intensiva de los recursos naturales y, por lo tanto, plantea el problema de los límites ecológicos (para no hablar de los límites sociales y políticos) de esta nueva (vieja) fase del capitalismo. Esto es tanto más preocupante en cuanto este modelo de “desarrollo” es flexible en la distribución social, pero rígido en su estructura de acumulación. Las locomotoras de la minería, del petróleo, del gas natural, de la frontera agrícola son cada vez más potentes y todo lo que se interponga en su camino y obstruya su trayecto tiende a ser arrasado como obstáculo al desarrollo. Su poder político crece más que su poder económico, la redistribución social de la renta les confiere una legitimidad política que el anterior modelo de desarrollo nunca tuvo, o sólo tuvo en condiciones de dictadura.




Por su atractivo, estas locomotoras son eximias para transformar las señales cada vez más perturbadoras de la inmensa deuda ambiental y social que generan en un costo inevitable del “progreso”. Por otro lado, privilegian una temporalidad que es afín a la de los gobiernos: el boom de los recursos naturales no va a durar para siempre y, por eso, hay que aprovecharlo al máximo en el más corto plazo. El brillo del corto plazo oculta las sombras del largo plazo. En tanto el boom configura un juego de suma positiva, quien se interpone en su camino es visto como un ecologista infantil, un campesino improductivo o un indígena atrasado, y muchas veces es sospechado de integrar “poblaciones fácilmente manipulables por Organizaciones No Gubernamentales al servicio de quién sabe quién”.
En estas condiciones se vuelve difícil poner en acción principios de precaución o lógicas de largo plazo. ¿Qué pasará cuando el boom de los recursos naturales termine? ¿Y cuando sea evidente que la inversión de los recursos naturales no fue debidamente compensada por la inversión en recursos humanos? ¿Cuando no haya dinero para generosas políticas compensatorias y el empobrecimiento súbito cree un resentimiento difícil de manejar en democracia? ¿Cuando los niveles de enfermedades ambientales sean inaceptables y sobrecarguen los sistemas públicos de salud hasta volverlos insostenibles? ¿Cuando la contaminación de las aguas, el empobrecimiento de las tierras y la destrucción de los bosques sean irreversibles? ¿Cuando las poblaciones indígenas, ribereñas y de los quilombos (afrobrasileños) que fueron expulsadas de sus tierras cometan suicidios colectivos o deambulen por las periferias urbanas reclamando un derecho a la ciudad que siempre les será negado? Estas preguntas son consideradas por la ideología económica y política dominante como escenarios distópicos, exagerados o irrelevantes, fruto de un pensamiento crítico entrenado para dar malos augurios. En suma, un pensamiento muy poco convincente y de ningún atractivo para los grandes medios de comunicación.




En este contexto, sólo es posible perturbar el automatismo político y económico de este modelo mediante la acción de movimientos y organizaciones sociales con el suficiente coraje para dar a conocer el lado destructivo sistemáticamente ocultado del modelo, dramatizar su negatividad y forzar la entrada de esta denuncia en la agenda política. La articulación entre los diferentes factores de la crisis deberá llevar urgentemente a la articulación entre los movimientos sociales que luchan contra ellos. Se trata de un proceso lento en el que el peso de la historia de cada movimiento cuenta más de lo que debería, pero ya son visibles articulaciones entre las luchas por los derechos humanos, la soberanía alimentaria, contra los agrotóxicos, contra los transgénicos, contra la impunidad de la violencia en el campo, contra la especulación financiera con productos alimentarios, por la reforma agraria, los derechos de la naturaleza, los derechos ambientales, los derechos indígenas y de los quilombos, el derecho a la ciudad, el derecho a la salud, la economía solidaria, la agroecología, el gravamen de las transacciones financieras internacionales, la educación popular, la salud colectiva, la regulación de los mercados financieros, etc.
Tal como ocurre con la democracia, sólo una conciencia y una acción ecológica vigorosas, anticapitalistas, pueden enfrentar con éxito la vorágine del capitalismo extractivista. Al “ecologismo de los ricos” es preciso contraponerle el “ecologismo de los pobres”, basado en una economía política no dominada por el fetichismo del crecimiento infinito y del consumismo individualista, sino en las ideas de reciprocidad, solidaridad y complementariedad vigentes tanto en las relaciones entre los seres humanos como en las relaciones entre los humanos y la naturaleza.



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domingo, 23 de febrero de 2014

Robert Antelme (La especie humana)





“(…) Si fuésemos a buscar a un SS y le mostrásemos a Jacques, podríamos decirle: “Míralo lo has convertido en ese hombre podrido, amarillento, lo que más debe parecerse a lo que piensas que él es por naturaleza: el deshecho, el desperdicio, lo habéis conseguido. Pues bien, vamos a deciros lo siguiente, algo que debería dejaros tiesos si “el error” pudiese matar: le habéis permitido convertirse en el más completo de los hombres, en el más seguro de sus poderes, de los recursos de su conciencia y del alcance de sus actos, en el más fuerte. No es que los desgraciados sean los más fuerte, no es tampoco que el tiempo esté de nuestra parte. Es que Jacques dejará un día de correr los riesgos que vosotros le hacéis correr, y que vosotros dejaréis de ejercer el poder que ejercéis y es que ya podemos responder a la pregunta: si puede decirse que hayáis ganado en algún momento. Con Jacques, no habéis ganado jamás. Queríais que robase, no ha robado. Querías que lamiese el culo a los capos para comer, no lo ha hecho. Queríais que se riese para caer bien cuando un Meister molía a golpes a un compañero, no se ha reído. Queríais sobre todo que pusiese en duda si una causa merecía que se descompusiese de esta manera, no ha dudado. Gozas ante esta ruina que se mantiene en pie ante tus ojos, pero es a ti a quien han estafado, jodido hasta la médula. No os enseñamos más que los forúnculos, las llagas, los cráneos grises, la lepra, y vosotros sólo creéis en la lepra. Os hundís cada vez más, jawohl! Teíamos razón, jawohl, alles Scheisse! Vuestra conciencia está tranquila. “¡Teníamos razón, no hay más que verlos!” Nosotros os hemos engañado como nadie lo ha hecho, y nosotros os llevamos hasta las últimas consecuencias de vuestro error. No os vamos a desengañar, quedaos tranquilos, os conduciremos hasta el final de vuestra barbarie. Nos dejaremos llevar hasta la muerte y veréis un montón de chusma que revienta.
“No contamos ni con la liberación de los cuerpos ni con la resurrección de los mismos para tener razón. Ahora es cuando, vivos y semejantes a despojos, nuestras razones triunfan. Es verdad que eso no se ve. Pero tenemos tanta más razón cuanto menos visible es, tanta más razón cuantas menos posibilidades teéis vosotros de daros cuenta de lo que sea. No sólo la razón está de nuestra parte, sino que somos la razón misma sometida por vosotros a la existencia clandestina. Y por eso podemos inclinarnos menos que nunca ante los triunfos aparentes. Comprended esto bien: vosotros habéis conseguido que la razón se transforme en conciencia. Habéis rehecho la unidad del hombre. Habéis fabricado la conciencia irreductible. Jamás podréis esperar conseguir que estemos a la vez en vuestro lugar y en nuestro pellejo, condenándonos. Aquí nunca nadie se convertirá a sí mismo en su propio SS”.


Robert Antelme  (La especie humana).  



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sábado, 22 de febrero de 2014

La Europa de los mercaderes / Marcos Roitman



La celeridad en la puesta en marcha de las políticas de recortes y austeridad en la Unión Europea acelera y profundiza la crisis y sus efectos.

Marcos Roitman


Mientras la Troika se pasea por los países del Mediterráneo exigiendo acelerar  la reforma del mercado laboral para conseguir mayor productividad y competitividad, el malestar y las protestas crecen. En el maletín, los llamados "hombres de negro" llevan un compendio de medidas estándar como bajar los salarios, aumentar la edad de jubilación, potenciar los contratos basura, agilizar el despido libre, elevar el IVA y seguir por la senda de las privatizaciones. Un recetario completo implantado de forma indiscriminada en la zona Euro. En su conjunto, el paquete se conoce como "políticas de austeridad", cuyo fin sería disminuir el déficit fiscal, hacer frente a la recesión y estimular el crecimiento económico. Medidas consideradas el factótum para sortear la crisis que enfrenta el capitalismo transnacional, sea cual sea la situación y circunstancia. El Fondo Monetario, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo están convencidos de su eficacia y las defienden a ultranza, a pesar de su fracaso. Nada parece indicar que vayan a entrar en barbecho o sean cuestionadas.



La Troika ha subrayado el error de cálculo de su práctica en Grecia. Los objetivos no se han logrado, provocando un efecto bumerán, más pobreza, desigualdad y un recorte sustantivo de los derechos políticos, sociales y económicos. Ninguna de las medidas diseñadas por los "tecnócratas y expertos", privatizaciones, despido de funcionarios, recortes en sanidad y educación, bajada de sueldos y salarios, han revertido la situación o indican un repunte en el medio plazo. El Fondo Monetario advierte que la deuda pública en relación con el PIB -en la actualidad del 186%- sólo bajará al 130% en 2030. Y por si fuera poco, los ingresos obtenidos por la venta de las empresas públicas no han cubierto las expectativas, situándose en 46.000 millones de euros, es decir, 20.000 millones menos que los presupuestados.
Según la OCDE, entre 2009 y 2011 Grecia ha reducido su déficit público estructural desde el 12,8% hasta el 1,8%, es decir, seis puntos anuales. En un año, explica Sebastián Dullan, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, "Grecia ha reducido su déficit el doble de lo que Alemania hizo en cinco años". Lo dicho para Grecia se puede validar, con matices, en España y Portugal. En el primer caso en 2009 se bajó del 9,5 al 1,2 en 2012; y en el segundo, pasó del 9,5 en 2010 al 2,2 en 2012. Algo similar ocurre con los salarios reales. En Grecia han caído un 13% entre 2009 y 2011, mientras que en Portugal y España un 10% y un 7% respectivamente en tres años. El problema no ha sido la negligencia a la hora de aplicar las políticas de recortes y de austeridad, sino todo lo contrario: la celeridad en su puesta en práctica acelera y profundiza la crisis.


Con las cifras encima de la mesa, los economistas y funcionarios de la Troika sentencian, tras más de un lustro de austeridad: "Hubo fracasos notables. La confianza del mercado no fue restablecida (...) y la economía se enfrentó a una recesión bastante más fuerte de lo previsto". Este mea culpa de los responsables haría pensar en un cambio de rumbo. Pero no ha sido el caso, y apostillan: "el programa era necesario, pese a los errores de cálculo del Fondo con respecto a la sustentabilidad de la deuda".
La Troika pretende disminuir el déficit público adelgazando el Estado y equiparando las condiciones de trabajo de los países europeos a la existente en los países emergentes, donde se roza la semi-esclavitud. De esta forma, alegan, se combatiría la crisis, bajarían las tasas de paro juvenil y el desempleo, incentivando la contratación vía reducción de salarios. En Alemania, según Rafael Poch, Angel Ferrero y Carmela Negrete, autores del libro La quinta Alemania. Un modelo hacia el fracaso europeo,"el sector de salarios bajos que en 1995 implicaba el 15% de los trabajadores emplea hoy al 25% y se ha expandido tres veces más rápido que el sector tradicional. El 42% de ex-empleados del sector tradicional que han perdido su trabajo encuentran empleo en el sector de salarios bajos. Sólo un 15% de los parados de larga duración fueron contratados en 2011 en el sector tradicional. Hay ocho millones de empleados a tiempo parcial, con contrato limitado, minijobs".


Como era previsible, los bajos salarios, el aumento del desempleo y la privatización de la sanidad y la educación son el detonante de una catástrofe social sin precedente en Europa. No hay capacidad de ahorro, compra, ni acceso al crédito. La exclusión social, la marginalidad y la pobreza infantil muestran su cara más alarmante. En Grecia, según David Stuckler y Sanjay Basu, autores de Por qué la Austeridad Mata, "a fin de cumplir con los objetivos de reducción del déficit marcados por la Troika, el presupuesto griego en sanidad se ha reducido en un 40% desde 2008. Ese programa de austeridad (...) incrementó el índice de desempleo entre los jóvenes hasta el 50%, y de personas sin hogar en más de un 25%. (...) Como consecuencia del recorte (...) Grecia sufrió su primera epidemia de malaria en muchas décadas. Además, la austeridad ha eliminado 35.000 puestos de médicos".
En Alemania, la degradación del trabajo determina una devaluación del consumo y una menor recaudación fiscal, afectando el nivel de bienestar de la población. Entre 1995 y 2010, las ventas de productos baratos y de baja calidad en el mercado minorista de alimentos pasaron del 29,2% al 43,6%. Paralelamente, alrededor del 50% de los hogares alemanes no pagan impuestos sobre la renta porque ganan demasiado poco para hacerlo. El cuadro es desolador, pero la Troika insiste en aplicar políticas de austeridad y recortes sociales como únicas salidas a la recesión. Si la crisis sacó a la luz las hipotecas basura, la especulación inmobiliaria y el acceso al crédito fácil, también conllevó la implantación de un modelo tendente a la concentración de la riqueza, bajo el paraguas de la desregulación y la economía de libre mercado. En la Unión Europea existen 115 millones de personas en riesgo de pobreza, el 23% de la población. A lo que hay que sumar otros 150 millones en la cuerda floja. El informe de la OCDE de 2012 ¿Por qué la desigualdad sigue aumentando? señala que las desigualdades superan los 1,4 puntos en términos del coeficiente de Gini, y los ingresos medios del 10% más rico son nueve veces más elevados que los del más pobre.


Alemania no presenta un cuadro muy diferente de lo que sucede en los países mediterráneos. El informe bianual sobre pobreza y riqueza elaborado por el Ministerio de Trabajo alemán para 2013 pone de relieve que al 50% más pobre de la población le corresponde el 1% de la riqueza, y al 10% más rico el 53%. En 2003, al 50% le correspondía el 3%. La desigualdad avanza y el hambre se extiende.
El euro se sostiene a duras penas y crecen el malestar y las voces que piden su salida en los países más afectados por las políticas de austeridad. Asimismo, comienza  a emerger, lo queramos o no, una Europa profundamente xenófoba y racista, donde el nazi-fascismo se expande. Baste comprobarlo en Grecia con el partido Amanecer Dorado y la profunda crisis de representatividad de la socialdemocracia. En España la creación de un partido político a la derecha del Popular, VOX, enciende las luces rojas; y en Francia, el Frente Nacional de Marine Le Pen concentra una intención de voto del 24%. No son pocos quienes reniegan de la democracia como régimen político, abrazando fórmulas autoritarias donde el poder esté en manos de oligarquías financieras y empresariales. Las tecno-burocracias se han adueñado del terreno político, desplazando a los ciudadanos en beneficio de conglomerados trasnacionales.
Emerge una Europa profundamente desigual donde las políticas públicas inclusivas ceden el lugar a políticas de seguridad y control social cuyo fin es criminalizar los movimientos sociales y las protestas, imponiendo un orden represivo que garantice, sobre todo, la sobreexplotación de las clases trabajadoras. Es la Europa de los mercaderes.





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jueves, 20 de febrero de 2014

Velázquez y los bufones. (2)







La “España negra” o “La Marca España”… la misma mierda es…




Darío de Regoyos: La  “España negra” o “La Marca España”…
la misma mierda es…

“Los cinco están a la venta y tengo más que usted puede ver en
la página web que hemos montado para la ocasión”
El periodista ha llamado a la casa comercial interesándose por los cuadros que acaba de ver en el pase de prensa en el Museo Thyssen-Bornemisza y que, paradójicamente, están vinculados a esa empresa en la misma cartela. Junto al título, la técnica y la fecha aparece el nombre de la casa de compra y venta a la que pertenecen los cuadros: www.artelandia.com

Aunque nunca antes se haya visto de una manera tan descarada en un museo público la opción de compra de unos cuadros expuestos en una muestra temporal…

Tendríamos que quedar usted y yo para hablar del precio de los cuadros”, cuenta el responsable de la empresa al periodista que se ha hecho pasar por un coleccionista interesado en lo que acaba de ver. Como si hubiese pasado por una galería de arte comercial y no por un museo mantenido con fondos y financiación pública.

Le preguntamos al experto en el eslabón perdido del impresionismo, el postimpresionismo y otros movimientos, cómo es posible que Darío de Regoyos haya sido tan ignorado por los museos de este país. Responde que es un autor que “pintó mucha porquería y muchas obras buenas”…

Leer más:  El Thyssen inaugura la muestra de Darío de Regoyos con varios cuadros en venta - Noticias de Cultura  http://bit.ly/1l111nA



He citado en más de una ocasión aquella frase que Marguerite Yourcenar puso en boca de Adriano: “A todos los efectos, tener razón antes de tiempo es lo mismo que estar equivocado”.Y claro, comentas que los eventos del Thyssen resultan cada vez más desvergonzados… que sí, señores que sí, que se trata de dinero público con el que unos cuantos sinvergüenzas obtienen pingües beneficios. Se forran ellos y reparten migajas de miles de euros entre los comisarios, periodistas, expertos o críticos de cine metidos a “entendidos” en pintura y medios de desinformación y propaganda… el dinero público, el que no hay para la educación, la sanidad o las pensiones… da para todos los chorizos. “La España Negra” que ahora la llaman “La Marca España”. La misma mierda es.

ELOTRO



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martes, 18 de febrero de 2014

La vía Cézanne / ELOTRO






Tan pronto observo (en lugar de contemplar),
apago los colores del mundo.
(Peter Handke)


Nueva exposición en el Thyssen del viejo maestro. Le han puesto un título en inglés. Se podrá visitar desde el 4 de febrero hasta el 18 de mayo. Lee uno los folletos y cartelas y hay cosas que le dejan una profunda huella en la mente. Es un decir. Como ya he escrito en otras ocasiones la necesidad comercial de adornar estas exposiciones o eventos con grandilocuentes catálogos, folletos, anuncios y… es cada día más evidente y desalentadora. Aquella expo que hicieron sobre Hopper fue el no va más de cretinez mercantilizadora.

Pero parece que a cierta gente, sin duda mayoritaria desde el punto de vista del negocio, le encanta este tipo de montajes coreográficos. A veces lo que más. Es algo parecido al tiempo que comparativamente le dedican a la cartela y a la obra. Un visitante desconocido se me acercó para comentarme consternado que había observado que casi ningún cuadro estaba firmado…
No supe qué decirle pero hice un gesto cómo de sorpresa y admiración ante el trascendental hallazgo que aquel buen hombre compartía generosamente con servidor… el caso es que el cuadro que en ese momento teníamos delante de las narices estaba firmado en su ángulo inferior derecho de manera clara y con caligrafía nítida. Señalé la circunstancia y a cambio obtuve un tajante: “le digo que la mayoría sin firmar” y una súbita despedida a la francesa.





La masiva asistencia ayuda a impedir una contemplación mínimamente adecuada. Los vigilantes de sala piden constantemente que se baje el tono de voz y que los que están hablando por el móvil abandonen la sala, aunque nada dicen de la costumbre de los abrigos de piel de colocarse de espaldas a la obra y comentar lo bella que es “La gran belleza”, en un tonillo que parece dejar en desventaja a los poco agraciados desnudos cézanianos que por cierto no parecen darse por aludidos. La fila a pesar de todo fluye a gran velocidad y solo realiza paradas por fuerza mayor: cuando se atasca ante el bloqueo de otro grupo de abrigos de visón, o su versión de marca blanca, que escucha devotamente las explicaciones de su respectivo líder/Guía. Estos grupos de señoras tan atildades y enjoyadas parecen pertenecer a alguna de esas asociaciones o "Clubes de Damas" necesitadas de entretenimientos que proporcionen además cierta pátina cultural a su estado de dorada indolencia.
De los visitantes con audioguías qué quieren que les diga. Las criaturas cuando ven el simbolito junto a la obra que a juicio de los expertos de turno merece explicación detallada han de alejarse de la misma y dejar paso al tráfico de abrigos, perfumes caros incapaces de disimular el olor de lo viejo, dentaduras sorprendentemente blancas y uniformes, hocicos botulínicos y puntiagudos tacones para no ser arrollados. De tal manera que obtienen una información parcial, sólo auditiva de una obra que a duras penas llegan a contemplar siquiera a trozos intermitentes tras aquel bosque de pellejudas zorras o visones o lo que sean…(Hay una escena calcada en la película "Días sin huella" de Billy Wilder, pero con gabardinas... y por cierto, se trata de la delirante visión de un consumista compulsivo de... alcohol.)





Ahora dejemos el análisis serio de la realidad concreta y abordemos el asunto desde un punto de vista puramente banal. Se nos dice que un tipo llamado Robert Smithson aportó en 1969 una nueva interpretación sobre la obra de Cézanne, de ahí, supongo, el título en inglés de la muestra, y no satisfecho con ello denunció la tergiversación que sobre el maestro hicieron los cubistas. ¿Una nueva aportación del mayo del 68? No sé, no contesto.

Cuando les decía que hay cosas que dejan una profunda huella en mi mente no me refería a cosas como esta muestra de imbecilidad supina. Entre otras aportaciones teóricas trascendentales también se nos informa de que el viejo cascarrabias pintó como todos sus compas fundamentalmente paisajes al aire libre pero que los pintaba como si fuesen naturalezas muertas y que cuando pintaba naturalezas muertas las pintaba como paisajes pero a cubierto, en el estudio. Y que por eso tanto sus paisajes al aire libre como sus naturalezas muertas en el estudio o al revés carecían de “estaciones” u “horas del día”… y esto te lo endilgan sin pestañear ni carraspear… es lo que tiene el marketing cultural: necesita siempre “Una nueva” vuelta de tuerca… a la tradicional soplapollez del experto, entendido, ducho, versado, estudioso, erudito…





Para terminar les contaré que si son capaces de abstraerse de ese desfavorable y hostil contexto que les acabo de describir, pueden disfrutar de lo lindo con la contemplación sin orejeras “culturetas” de los magníficos óleos y las estupendas acuarelas del maestro de Aix. Y si se fijan un poquito no tanto en la selección temática que han hecho, eso no tiene nada que ver con Cézanne, (eso solo obedece a la vuelta de tuerca imprescindible desde el punto de vista del negocio)  sino el dato cronológico de las obras podrán comprobar todos y cada uno de los "evidentes" jalones que tuvo que ir superando Cézanne para llegar a realizar esas extraordinarias obras maestras, y que produjo sobre todo a partir del segundo tramo de la década de los ochenta. Podemos observar la depurada estilización de la pincelada y su carga, o descarga cuando toca, matérica; la refinada paleta cromática que logró aislar, después de muchos descartes, y manejar; el gran dominio que consiguió en la composición, en los espacios, en la distribución de pesos, y en la forma de "involucrar" -otros dicen fundir-  los colores; su prodigiosa capacidad de síntesis tanto en el dibujo subyacente como en las manchas de colores vibrantes que convierten cada una de sus obras en “puro movimiento”; el extraordinario pulso que le permitió llegar, cargado de recursos plásticos, recordemos el blanco hueso de sus trozos de lienzo “intocados” (Y aquí abro paréntesis para subrayar ese gesto de no acabamiento, un paso más allá que Velázquez, a sabiendas deja el lienzo tal cual, como una aportación de vaguedad radical, vaguedad que es una invitación al diálogo, a la participación "con papel" del observador ante las dudas sobre el significado y el escepticismo sobre "lo pintado"; lo que desmiente en mi opinión ese extendido tópico del Cézanne impenetrable o inaccesible. Nada apunta a que el hermetismo formase parte de su afán sino todo lo contrario, más bien uno más de sus muchos temores fundados o no.) o los juegos "concatenados" de perspectivas, hasta el borde mismo de la abstracción, o sea, hasta donde sus fuerzas y entendimiento conseguían hacer pie.




Sin proponérselo, "vaticinó poco y acertó mucho" -Matisse dixit-, fue el gran precursor de las vanguardias del siglo XX, en su obra está el origen de mucho de lo que sería importante en la obra de Picasso, Braque, Matisse, Kandinsky, Kitaj… pero sobre todo del palurdo fracasado Paul Cézanne, odiado, ridiculizado y despreciado por los abrigos de visón y los zorros y zorras perfumadas que visitaban los “Salones” de su época… e incomprendido o vilipendiado por sus propios parientes, colegas, críticos, coleccionistas, vecinos bienpensantes o incluso aquellos pilletes que le apedreaban cuando cargaba con la maleta de pintura y pinceles y el caballete camino del "lugar" de trabajo...  a excepción de “ese par de borrachos que se apropiaban de sus hallazgos”, Gauguin y Van Gogh, y de ese otro muchacho llamado Emile Bernard… por decirlo todo, también hubo una mujer, Mary Cassatt, que supo ver en aquel hombre malhumorado que nunca se preocupó por lo que se "estilaba", que exageraba a posta, provocativamente, su rudo provicianismo en el habla y en el vestir en aquellas veladas cuando los artistas más o menos impresionistas se reunían en las terrazas de aquellos cafés parisinos, el genial pintor que ya era “en su obra”. Cézanne, en el arte que no en la vida, lo consiguió todo, menos éxito. Es un decir.  Todavía.

ELOTRO




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