viernes, 28 de febrero de 2014

“El cine obsceno, ¡qué esplendor!” (1929) / Paul Éluard





(…) El cine obsceno, ¡qué esplendor! Es exaltante, todo un descubrimiento. La increíble vida que cobran en pantalla esos penes inmensos y magníficos, el esperma que brota. Y la vida de la carne enamorada, todas sus contorsiones. Es admirable. Y está muy logrado, la carga de erotismo es inmensa. Me encantaría que lo vieras. Si vienes a Marsella, irás con Gaillard, que es la encarnación misma del decoro, y que ya ha acompañado a verlo a diversas “damas” de la “burguesía”. Bueno, te contaré mi experiencia. Me porté muy bien y no vi a nadie. Con eso me bastó. La película me provocó una erección que me trastornó durante una hora. Estuve a punto de correrme ante la mera visión de las imágenes. Si hubieras estado allí, no hubiera podido aguantarme. Y es un espectáculo puro, sin artificios teatrales. Los actores ni siquiera mueven los labios, por lo menos para hablar: es un arte “mudo”, un arte “salvaje”, la pasión que se enfrenta a la estupidez y a la muerte. Deberían proyectar este tipo de películas en todas las salas de cine e incluso en las escuelas. Acabaría en matrimonios posibles, primigenios, en uniones sagradas, multiformes. Por desgracia, la poesía aún no ha nacido. (…)

Paul Éluard (En “Lettres à Gala”, 1924-1948)



***

No hay comentarios:

Publicar un comentario