lunes, 3 de febrero de 2014

LA INSURRECCIÓN DEL PUEBLO TRABAJADOR EN ASTURIAS.





LA INSURRECCIÓN DEL PUEBLO TRABAJADOR EN ASTURIAS.


(…) “El partido socialista se ha dado cuenta (después del golpe de Dolfuus en Austria) de que la burguesía va esta vez a la eliminación completa de todo lo que en el mundo obrero ha creado la evolución histórica. Y como al fin y al cabo el partido socialista forma parte integrante y se nutre de ese mundo obrero, el peligro de aniquilamiento amenaza también al partido socialista. Ya no se trata para el partido socialista de servir a la burguesía ejerciendo su influencia adormecedora sobre el proletariado, pues la burguesía, le ha hecho saber que no solamente no le pagará nada por el servicio, sino que, por el contrario, una necesidad superior le obliga a ejecutar a su antiguo sirviente. Ante esta macabra situación el partido socialista grita aterrado: ¡Hay que hacer la revolución! Ni más ni menos que el reo ante el patíbulo aúlla: “¡Yo no quiero morir!”. Y de acuerdo con sus temores, el partido socialista emprende un viraje radical orientándose hacia posiciones revolucionarias. Ya el solo hecho de aludir a la revolución concentra en torno al partido socialista la casi totalidad del proletariado y de las masas populares… Pero aquí es dónde radica la mayor desgracia del partido socialista: la dirección de una revolución proletaria requiere cualidades de las cuales el partido socialista es la negación viviente… Lo que en los momentos actuales necesita la clase obrera es un partido que pueda, quiera y sepa hacer, no un partido que sólo es capaz de amenazar… (Pues) la clase trabajadora se las tiene que ver no con la simple amenaza de la contrarrevolución, sino con el hecho de la contrarrevolución.
(Esteban Bilbao, “Algunas consideraciones ante la situación”, Revista Comunismo, 1931-1934).




La clase obrera asturiana, predominantemente socialista, pero en la que podía apreciarse también una respetable influencia anarquista y una ya no despreciable presencia comunista, convencida de que esta vez la amenaza de los responsables del PSOE iba en serio, respondió con hechos. En octubre de 1934 los mineros asturianos  y sus mujeres iniciaron la mayor insurrección proletaria de la historia de España, y la más importante de Europa occidental desde la Comuna de París de 1871, arrastrando tras de sí a toda la población trabajadora. Disciplinados, bien organizados, unidos bajo la célebre consigna fraternal inventada por ellos –UHP: ¡Uníos Hermanos Proletarios!, memorioso homenaje al glorioso pasado común de 1848 y 1871- izquierdistas republicanos pequeñoburgueses, socialistas de varias tendencias, comunistas de todas las corrientes, anarcosindicalistas de la CNT y anarquistas de la FAI mostraron por unas semanas, modesta pero heroicamente, lo que tal vez habría podido ocurrir en el mundo si, en vez de ser ocasión para una trágica escisión del movimiento obrero y popular mundial, el ejemplo galvanizador de la Revolución bolchevique hubiera, al contrario, servido en Europa para iniciar un gran movimiento de reunificación y de aprendizaje democrático revolucionario de todo el pueblo trabajador; un movimiento capaz de destruir los restos de las viejas oligarquías feudales del sur y del este del continente, y capaz también de destruir en el mismo impulso el nuevo feudalismo del dinero, los peligrosos poderes privados oligárquicos generados por el gran capitalismo industrial y financiero de la era de la seguridad, afianzados en los monopolios y en las coaliciones oligopólicas nacionales e internacionales.


 (Aida de la Fuente)



Barcelona, Madrid, Andalucía, el resto de España apenas secundó la insurrección asturiana con unas pocas huelgas, rápidamente desechas por la policía.(La CNT, que disponía de cerca de medio millón de afiliados en Barcelona, habría podido perfectamente lanzar una huelga general insurreccional en la estratégica plaza que era la capital industrial de España. No lo hizo por puro sectarismo: ignorando que sus propios camaradas se estaban batiendo en Asturias en un clima de total unidad del movimiento obrero y popular, la miope burocracia de la CNT catalana consideró que la huelga era cosa de socialistas, y le dio la espalda). Después de dos semanas de luchas con tropas regulares del ejército dirigidas por el general Franco, la insurrección fue militarmente derrotada. La represión fue durísima.”


(En “El eclipse de la fraternidad” / Antoni Domènech, pp. 442 y 443)


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