sábado, 1 de febrero de 2014

Lerroux, la demagogia a sueldo y la Semana trágica…




Lerroux, la demagogia a sueldo y la Semana trágica…


“Con su verbo fácil, holgada pero discretamente financiado desde Madrid, Alejandro Lerroux ganó muchos fervores y no pocos sufragios populares en la Barcelona de comienzos de siglo, se convirtió en el “emperador del Paralelo” (un barrio eminentemente menestral) y empezó a restar diputados a los propietarios nacionalistas catalanes. De la soez demagogia populista del joven Lerroux, bastará recordar esta conocida muestra, en la que podía palidecer por contraste la más atrabiliaria de las declamaciones truhanescas de Mussolini:

“jóvenes bárbaros de hoy: entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura; destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres para virilizar la especie. Romped los archivos de la propiedad y haced hogueras con sus papeles para purificar la infame organización social. Penetrad en sus humildes corazones y levantad legiones de proletarios, de manera que el mundo tiemble con sus nuevos jueces.” (De un ártículo de Lerroux en “La rebeldía” 1-9-1906)




No contento con sostener en Cataluña al demagógico Partido Radical republicano de Lerroux, y con la intención de amedrentar a los fabricantes catalanes, el gobierno de la monarquía constitucional se dedicó a alentar también en la capital industrial del reino todo tipo de provocaciones, ideadas por el siniestro muñidor de elecciones La Cierva, ministro de Gobernación en el ministerio conservador de don Antonio Maura, sucesor de Cánovas:

“El gobierno contrataba pistoleros como elementos de acción; se provocaba y desafiaba a los anarquistas, y los propios policías colocaban bombas a la puerta de pacíficos ciudadanos en un esfuerzo por intimidar a los nacionalistas catalanes o bien para crear situaciones en las que se hiciera necesario suspender las garantías constitucionales.”



En 1909, el ineficaz y corrompido ejército de la monarquía alfonsina tuvo uno de sus desastres más sonados en Marruecos. Una columna de tropas coloniales que iba a ocupar unas minas de hierro fue literalmente deshecha por una partida de rebeldes marroquíes. Al gobierno madrileño no se le ocurrió mejor cosa que reemplazar esa tropa colonial perdida con reservistas catalanes: ¿no os quejabais de nuestra falta de vigor imperialista? ¡Pues ahí va eso!

Huelga decir que los reservistas pertenecían todos a la población trabajadora: en la España de la Restauración, las clases medias y altas quedaban exentas del servicio militar a cambio de satisfacer una cantidad, relativamente modesta para ellas, pero prohibitiva para las clases “naturalmente inferiores”. Y ese fue el desencadenante de la “Semana Trágica” en Barcelona: cinco días de insurrección espontánea de la clase obrera y de los menestrales barceloneses, con un espectáculo de iglesias (veintidos) y conventos (treinta y cuatro) incendiados, profanaciones de tumbas de frailes y monjas, (Corría de boca en boca la especie de que las minas de hierro marroquíes pertenecían a los jesuitas. El rumor era falso –concesionario de las minas era el político alfonsino conde de Romanones-, pero no completamente infundado: los jesuitas poseían por aquella época cerca de un tercio de la riqueza capitalizada de toda España.) y general invasión del espacio público por parte de la “canalla” en alpargatas. La burguesía catalana quedó aterrorizada. El ministro La Cierva sofocó la revuelta con una cruenta represión en la que perdieron la vida casi un centenar de obreros. (Pocas veces dado a efusiones emocionales, Gerald Brenan no pudo evitar ésta: “Quien no haya vivido algunos años en España no podrá creer la estrecha, íntima y, en resumidas cuentas, indecente relación entre ciertas órdenes religiosas y las clases ricas del país.”, LABERINTO ESPAÑOL, p.39).



Durante esos gravísimos disturbios, brilló por su ausencia el demagogo populista a sueldo de la Villa y Corte. La cosa quedó perfectamente clara para todos los estratos populares urbanos catalanes: los días de gloria del Partido Radical republicano de Alejandro Lerroux en Cataluña eran definitivamente cosa pasada.”

Antoni Domènech (El eclipse de la fraternidad).


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