jueves, 13 de febrero de 2014

Peter Handke (Historia del lápiz)









Rembrandt, 1660: quizá estaba mortalmente afligido –pero ha pintado su imagen. Y es un gran actor.

Yo tengo una medida, y a menudo la pierdo: eso es la vergüenza.

No puedo observarme a mí mismo, excepto en lo que hago.

Con la escritura jamás vendo mi piel, pero sí una de mis pieles. Después me crece otra. ¿Por eso me crece otra?

La nostalgia no asalta a Odiseo de día. Él no dice: "Estoy muy lejos de casa”, sino: “Yazgo muy lejos de casa”.

Tan pronto observo (en lugar de contemplar), apago los colores del mundo.

Pensando, tengo que aniquilar mi propio pensamiento. Sólo puedo pensar a través de la escritura.

Agotamiento: ya no reconozco ningún color.

La atención suprema, probada para el otro, consiste en hacerse uno mismo perceptible.

Los grandes maestros daban a los rostros también una ligera vaguedad.

Solo debería ser crítico cuando quiero intensamente que las cosas sean de otra manera.

Decirte la verdad era imposible, y otra cosa no se me ocurría.

“Mira con más detenimiento el cuadro oscuro. ¡Quizá entonces se ilumine!”. Dijo el hombre pintado en el cuadro oscuro. Yo eché a reír, y los objetos del cuadro se oscurecieron, pero la habitación se iluminó.

A veces soy capaz de algunas cosas. Pero no existe nada de lo que sea capaz siempre.

Peter Handke  (Historia del lápiz)



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