viernes, 14 de febrero de 2014

Susan Sontag: El poder de la transformación. / Mar Gallego








Susan Sontag: El poder de la transformación.

Por Mar Gallego


A la maestra…


Hoy Susan Sontag es recordada como una de las intelectuales y ensayistas estadounidenses más brillantes del S.XX y por ser una de las mayores representantes de los movimientos contraculturales de a partir de los años sesenta: de hecho, su texto sobre lo Camp (Notes on camp) volvió a poner en pie este término y fue usado desde las teorías estéticas para dar paso a otra serie de movimientos transgresores.
Además, a Sontag se la recuerda por ser la mujer que mejor lució un mechón de pelo blanco en contraste con su pelo negro y profundo y por sus relaciones sentimentales con otras mujeres: Harriet Sohmers, la dramaturga cubana María Irene Fornés; o -la más sonada- la fotógafa Annie Leibovitz, con quien pasó los últimos años de su vida. A un mes del aniversario de su muerte, contamos algo de la historia de la adulta que “se sintió obligada a vivir en el cuerpo de una niña” y de la “niña que tuvo el privilegio de vivir en un cuerpo de adulta”.

“Creo que…
Que no hay dios personal o vida después de la muerte
(B) Que la cosa más deseable en el mundo es la libertad de ser fiel a uno mismo, es decir, Honestidad
(C) Que la única diferencia entre los seres humanos es la inteligencia
(D) Que el único criterio de una acción es su efecto último en hacer a la persona feliz o infeliz
(E) Que está mal privar a un hombre de la vida [comentarios 'f' y 'g' están desaparecidos.]
(H) Creo, además, que un Estado ideal (además de ‘g’) debe ser de carácter fuerte y centralizado con control gubernamental de servicios públicos, bancos, minas, transporte + y subvenciones de las artes, un salario mínimo satisfactorio, ayuda a los discapacitados y anciano[s]. La asistencia del Estado a las mujeres embarazadas sin distinciones como las de hijos legítimos + ilegítimos”.


Su paso por la enfermedad reforzó su empatía, sus ganas de estar rodeada de gente y su conciencia social. Así, criticó que el dolor solo pudiera ser representado bajo determinados cánones.




Con estas palabras extraídas de su diario personal*, Susan Sontag apuntaba ya -a la edad de 14 años- su pasión por la listas. Unas listas que escribía meticulosamente sobre todo lo que tenía que leer, escuchar, intentar o evitar ser… y en las que ya podía observarse su innegable apego a la transformación personal, a su propia auto-revisión y a un carácter estricto en cuanto a cómo quería desarrollarse y quién pretendía ser. “Honestidad” e “inteligencia” fueron dos de los vocablos más mencionados en sus discursos y, tanto en sus textos como en su implicación social, Sontag demostró ambas cualidades en cada acción emprendida.
Su único hijo, David Rieff, comentaba en una entrevista tras la publicación de sus diarios que el descubrimiento mayor que hizo de su madre leyendo sus anotaciones fue “lo consistentes que eran sus ambiciones y sus puntos ciegos”: “De alguna manera, ella fue ella misma a una edad muy temprana”, advertía. “Siempre estaba hablando sobre la transformación”.

Sin embargo, la autora -Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2003- sigue siendo una gran desconocida para el púbico en algunos aspectos e incluso para el movimiento feminista. Todo ello, a pesar de su fascinante apuesta vital y experiencia; y de un inimitable intelecto que nunca tuvo “pelos en la lengua”.

La enfermedad y sus metáforas: Cáncer y vida
La enfermedad y sus metáforas fue el título que recibió uno de los ensayos en los que la pensadora abordó el daño que se infligía sobre las personas pacientes a través de actitudes sociales que giraban en torno a los mitos de algunas enfermedades y que resultaban más contraproducentes, decía, que la propia enfermedad. Diez años después puso el dedo aún más en la llaga y escribió El Sida y sus metáforas.
Estos ensayos no fueron más que su propia experiencia personal ya que, debido a su lucha contra el cáncer, hablaba desde la autoridad que le dieron sus propias vivencias. La pensadora sufrió tres cánceres a lo largo de su trayectoria vital (murió a causa del último el 28 de diciembre de 2004 a los 71 años de edad). No obstante, Sontag siempre pregonó el mensaje que asociaba el cáncer con la vida. No hay que olvidar que el primero se lo diagnosticaron en 1975 a través de un discurso directo y, según ha explicado su hijo en alguna que otra entrevista, sin escrúpulos de su médico: “Tenía un 10% de posibilidades de vivir dos años más”.

Sontag se negó a aceptar su diagnóstico y puso todos los medios a su alcance para evitar lo que más temía: la muerte. Estuvo más viva que nunca y con una actividad intelectual increíble durante casi 30 años más después de ese diagnóstico. Su entonces compañera, Annie Leibovitz, estuvo más cerca que nadie en la última batalla que libró y la fotografió en su proceso para, según ella, prepararse para el dolor. Especialmente polémica fue la foto de Sontag en su “lecho de muerte”.
Ambas mujeres eran amantes de la fotografía. Sontag, por ejemplo, dedicó varios ensayos al respecto: Sobre la Fotografía o Ante el dolor de los demás. Su empatía y sus ganas de estar rodeada de gente y de beber de ésta se vio reforzada por su “paso por la enfermedad”. También se agudizó su conciencia social. Así, criticó que el dolor solo pudiera ser representado bajo determinados cánones. En Ante el dolor de los demás expuso que “los sufrimientos que más a menudo se consideran dignos de representación son los que se entienden como resultado de la ira, humana y divina” y que “el sufrimiento por causas naturales, como la enfermedad o el parto, no está casi en absoluto [...]”.

A pesar de toda la crítica a las posiciones que se adoptan ante enfermedades ajenas y propias, Sontag demostró que “cáncer” también podía ser sinónimo de “aprendizajes” y, sobre todo, de “vida”.
Osama Bin Sontag
Siento un poco de vergüenza de ser estadounidense. Siempre me ha molestado la vanidad de querer ser los primeros, la cultura popular, las películas de Hollywood… Quizá por eso me gusta tanto sentirme extranjera. Me interesan más los derrotados que los vencedores**
Sontag nunca evitó la polémica que suscitaban sus pensamientos, ya que creía en éstos como herramientas y armas para el cambio. Tampoco se mantuvo distante tras el atentando del 11S ni ajena a la política bélica exterior de Estados Unidos y a los daños causados. Por estos motivos, la neoyorquina fue blanco de la prensa estadounidense más conservadora que la tachó de “idiota, traidora y títere de Saddam” (“Osama Bin Sontag” la llamaban) por preguntarse si las invasiones de Estados Unidos en Oriente Medio no tendrían relación directa con el atentado contra su país.

En Ante el dolor de los demás llegó a afirmar que “el Museo Conmemorativo del Holocausto y el previsto Museo y Monumento al Genocidio Armenio están dedicados a lo que no sucedió en Estados Unidos” y que “contar con un museo que haga la crónica del colosal crimen de la esclavitud africana en Estados Unidos de América sería reconocer que el mal se encontraba aquí”. Y remataba: “Los estadounidenses prefieren imaginar el mal que se encontraba allí […]”.
La pensadora acudió a los propios países en conflicto (la más visible fue su visita a Sarajevo) y contó las experiencias y los pensamientos que le suscitaban. A pesar de las críticas, afirmaba que no había un día en que la gente no se le acercara por la calle y le agradeciera su valentía: “No creo que se requiera valentía para decir lo que uno piensa, pero así debe parecer a otras personas […]”.




¿Susan Sontag feminista?
[…] No se hace uso de la literatura o de los premios literarios para respaldar fines ajenos a ella. Por ejemplo, el feminismo. Y hablo como feminista (Parte del discurso de Sontag tras recibir el Príncipe de Asturias de la Letras. El mismo año fue galardonada Fátima Mernissi, conocida por su defensa de los derechos de las mujeres)***
Sí, Susan Sontag era feminista pero curiosamente ésta fue su faceta menos conocida. A los siete años de edad, la pensadora leyó la biografía de Madame Curie, lo que avivó su deseo de ser científica o médica. Posteriormente, tuvo un “despertar de conciencia feminista” tras leer a Simone de Beauvoir y Virginia Woolf.

A sus 18 años, casada y en estado de embarazo, leyó El segundo sexo por vez primera. “Fue en ese momento cuando de verdad me volví militante —contaría luego—. Creo que yo misma he tenido esas mismas ideas conscientemente durante 20 años, e inconscientemente toda mi vida. E intenté al máximo llevarlas a la práctica en mi propia existencia”.
En El Tercer Mundo de la Mujer, texto publicado por Partisan Review en 1973, Sontag expuso que “cada generación produce unas pocas mujeres geniales (o, al menos, de una irreprimible excentricidad) que alcanzan una posición especial por sí mismas. Pero se entiende que la visibilidad histórica [...] de semejante grupo de mujeres se deriva precisamente de que posee unas cualidades que en general no tienen las mujeres. Se caracterizan por su energía, inteligencia, voluntad y valor masculinos”.

Un año después publicó un obra de teatro bajo el nombre de Alice in Bed, en la -según explicó- quiso retratar “la tan común realidad de una mujer que no sabe qué hacer con tanta genialidad, con su originalidad y con su agresividad, y por lo tanto ve cómo su carrera queda inválida”.
La ensayista también criticó los mandatos de belleza normativos asegurando que las mujeres eran juzgadas por su aspecto y que se castigaba más a la mujer que al hombre por los cambios que conlleva el envejecimiento: “Uno de los motivos principales de tener fotografías de bellas famosas para mirarlas a lo largo de los años es el de ver lo bien o lo mal que pactan con la vergüenza del envejecimiento”.
En una entrevista concedida a su admirador y periodista Kevin Jackson para The Independent, éste le preguntó si había sido consciente de su cambio explícito hacia el feminismo; a lo que ella contestó:
-Sí, y no sé por qué lo hice. Creo que se me olvidó… [hace una pausa y ríe] Perdón. Ya sé que suena tonto, pero creo que simplemente se me olvidó hablar de eso. Era real para mí, en mi vida, pero olvidé que tendría que hablar de ello en mis libros […] ¿Por qué no lo había hecho antes? ¿Por qué se me olvidó?
Elaine Showalter escribió un texto sobre Sontag en el que recapacita sobre su “giro” hacia el feminismo haciendo alusión a una obra fotográfica de Annie Leibovitz titulada Women. El artículo acaba de la siguiente forma:
“La última fotografía de Women es la propia Susan Sontag —su famosa melena ya completamente cana, corta a lo chico. Nunca ha estado tan hermosa”.

“Estoy viva”. “Soy hermosa”

El 23 de mayo de 1949 (con 16 años de edad), Susan Sontag escribió en su diario:
“… ¿Y qué soy yo mientras escribo esto? Nada menos que una persona distinta… Y estuve tan cerca de invalidarme por completo, de rendirme totalmente… Ahora conozco un poco mis capacidades… Quiero acostarme con muchas personas, quiero vivir y aborrezco la muerte, no daré clases ni obtendré un máster después de graduarme… ¡No tengo la intención de dejar que mi intelecto me domine, y lo único que no quiero es venerar el conocimiento o a la gente que lo posee! Me importa un comino la acumulación de datos de cualquiera, salvo en la medida que en sea un reflejo [de] la sensibilidad fundamental que sí exijo… Tengo la intención de hacer todo… A lo único que renuncio es a la facultad de renuncia, a retirarme: la aceptación de la igualdad y el intelecto. Estoy viva… Soy hermosa… ¿Hay algo más?”




Nota de la autora: Susan Sontag iluminó, literalmente, mi vida. No sé qué hubiera sido de mí si no hubiera recibido ese referente en mi juventud; si ella no hubiera decidido ser la persona que fue o si jamás hubiera escrito alguno de sus ensayos. Este artículo es mi particular forma de darle las Gracias.



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*Según su hijo, los diarios de Susan Sontag no eran unos diarios al uso: la autora los usaba como libro de anotaciones sobre idea, listas, propósitos… No obstante, sus primeros diarios recogidos en Renacida guardan mucho de “diario convencional” por su visión de la gente y de sí misma.
** Sontag fue enterrada en el Cementerio de Montparnasse en París debido a su pasión por la cultura Europea y a que nunca se sintió muy estadounidense.
*** Susan Sontag ganó con el Príncipe de Asturias en 2003 y diez años después, la que fue su pareja sentimental, Annie Leibovitz recibió el mismo reconocimiento. En su discurso, la fotógrafa hizo alusión –emocionada- a la figura de Sontag (ya fallecida): “Con este premio, me unen a un grupo maravilloso de artistas, escritores, compositores, arquitectos y cineastas. En este momento, me viene a la mente una galardonada anterior que significó mucho para mí: Susan Sontag”.



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