jueves, 20 de marzo de 2014

Mostrar/Explicar (ELOTRO)




Mostrar (en una foto, en una película, en un texto, en una pintura) dicen que no es lo mismo que explicar (parece que existe la convención de que mostrar es más democrático y abierto y poco o nada adoctrinante frente a explicar (¿también cuando se realiza el esfuerzo de explicación exhaustiva de la complejidad?) que es todo eso y más; o quizá sea otra forma/manera, más adecuada a los intereses del explicador/mostrador, de explicar valiéndose del qué y cómo se muestra -sin revelar los velos-). Por ejemplo se puede mostrar  uno o varios  enigmas que efectivamente lo sean, bien previamente o en el mismo momento del descubrimiento, para el emisor o/y para el receptor, espectador, lector...

Puede ser un enigma real –para el caso inexplicable-, o sea, verdadero, con el que has tropezado o en el que has caído o en el que llevas demasiado tiempo hundido o apresado; y también puede ser un enigma minuciosamente ideado y urdido (lo que no deja de ser otra manera de hacer –fabricar- realidad, en este caso por parte del  que muestra, el emisor).

Mostrar elementos falsos o incompletos, es una manera de pergeñar un enigma o de reelaborar, enturbiar o distorsionar intoxicando un elemento o una situación. Llegar a una trola, infundio o patraña mediante sumas o restas, añadidos o mermas, efectuadas intencionadamente en el corpus de los ingredientes originales y objetivos que componen lo que desde el punto de vista de la ciencia positiva se llama real o, en su caso, del constructo mostrado/argumentado.

Aquí se me ocurre apuntar una (supongo que abundarán) variante: el aviso implícito o explícito, ya clarificador, confuso o desorientador, introducido por el emisor sobre su propia aportación o intervención en el objeto mostrado o su aspecto o composición final.





Pienso en todas las variantes del photoshop (que permiten trocar ideas/imagen incómodas o rebeldes en imágenes/ideas domesticadas o amansadas) aplicado a las imágenes y a los textos, y a los símbolos, y a los signos, y a los significados, y a lo quieto, y a lo fluyente, y a los continentes, y a los contenidos… por otra parte, toda la operación llevada acabo por mano del torticero-emisor sin riesgo alguno de ser pillado por el iluso receptor con las manos manipuladoras en la masa manipulada… porque, ¿quién recuerda a estas alturas de sobre-digestión-desinformación la palabra, el significado, la imagen ¡original!? Por ejemplo: democracia.

Pienso en esos (tan indocumentados como soberbios) historiadores que descartan o arrinconan o mutilan ciertos datos, que destruyen ciertos archivos, que desprecian ciertas aportaciones de testigos directos o indirectos, que hurtan partes del todo (borrando, quemando o haciendo desaparecer, las partes ahora -según ellos- sobrantes. Saben bien -¡Qué no habrán hecho por un terrón de azúcar!- que de lo que no existe nadie busca antecedentes.) y los sustituyen por piezas de manufacturación y fabulación propia, tan estetizantes (anaquelería gratuita y lujo barroco a tutiplén) como ahistóricas (Ah! el Limbo y sus plácidas e irracionales órbitas), y que en consecuencia erigen un nuevo todo, amasado y moldeado y reconducido al curso sensato y, cómo no, a entero gusto del comitente, que, de facto, se convierte mediante la traición de la verdad y la vía golpista de entronización de la leyenda, en el único todo (un todo plano y sin revés) realmente emitido y emitible y susceptible de ser, al fin,  realmente recepcionado y asimilado por los nadie. Ya se sabe, sin tergiversación interesada no hay desconocimiento positivo.




Pienso en el dibujo, la composición, que un indeterminado receptor puede hacerse del país y sus gentes según se nutra con fábulas de un periódico u otro, según las decora una radio u otra, según las adorna una televisión u otra o según las jerarquiza el conjunto de las franquicias y sus visibles y audibles pequeñas e inexistentes variantes de los medios contantes y sonantes, o sea, encuestablemente predominantes. Y, por el contario, la imagen transmitida por aquellos otros medios, es un decir, (aquejados de raquitismo pluridimesional) de origen y vocación opositora y marginal y dramáticamente minoritaria en cuanto al alcance, otro decir, de su  (im)potencia de emisión y radio de eco o repercusión. Todo ello, claro está que en grado muy distinto: emisores y, además, con una incidencia y un impacto muy desigual sobre sus/los receptores.

Pienso en esos golpes de estado (¿Light, Soft?) que tanto menudean últimamente y que ellos, los emisores realmente emitentes, nos muestran o nos explican como auténticas revoluciones incruentas (nadie más dotado para la patraña) pero con el tristemente inevitable daño colateral de miles de muertos civiles y con el consabido resultado gatopardiano: un cambio de escaparate y una continuidad fáctica del viejo, con aspiraciones de eterno, poder.



Pienso en esos profusamente prestigiados intelectuales orgánicos (digamos Gabilondo, Estefanía, Trueba, Muñoz Molina, García Montero, Vila-Matas, Savater, Cercas, Marías, Azúa… por nombrar a algunos de los más abyectos) tan bien untados, premiados, condecorados, academizados y, en fin, obsequiados y retribuidos, y que, sin ningún rubor,  se muestran y explican como gente crítica, de toda la vida, frente al poder (sea el que sea que ya se sabe que siempre es el que es) cuando éste se muestra demasiado injusto o brutal con sus súbditos. Y por la misma chunga, radicales aguafiestas del dominante mensaje dominante, vomitando los vomitivos: yo lo dije, yo lo avisé, yo lo denuncié en mi obra, yo no sólo le hice un corte de mangas sino que lo hubiese combatido en todos los frentes sino fuese porque me rompía las distintas lecturas de  las mañanas de resaca, las tardes alcohólico-literarias y las siestas existencialistas y, no olvidar, el privilegiado modus vivendi… que si no, se hubiesen enterado esos pre y potentes patanes... (ciertamente que todo está dicho, y mostrado y explicado… ya vamos entendiendo, pero, pero… no todo, escribe el poeta lumpen desde su quijotesco blog, donde afirma que siempre dicen lo mismo los mismos (aunque consiguen que resulte cabalmente indistinguible): es decir: la parte del todo que le interesa al amo, ese tirano de rostro amable, Saramago dixit, que a cambio de los servicios prestados por aquellos que venden al mejor postor su versátil óptica intelectual del mundo mundial (la vieja fórmula del contra todo y contra nada que el mundo resuelto está), les facilita la pitanza y de propina algún que otro vicio –cada uno se entretiene según le permita su bien lamido nivel adquisitivo-).




Pienso, ya puestos, en esos banqueros corruptos pero sobre todo eficaces corruptores, que se explican –no ellos en pantalla plasma, digo sus serviles voceros- y embrollan y muestran y ocultan (¿recuerdan que Wert era el asesor de imagen y comunicación del presidente del BBVA antes de ser ministro de educación?) como abnegados impulsores y abanderados de la lucha contra la corrupción (¿cometida por quién? En fin, ya les digo, enigmas prefabricados a capricho y beneficio del emisor). Pienso en esos cineastas rebeldes, insobornables, que presumen de una militancia en la modestia y el desinterés crematístico contra toda sospecha y que se dedican a realizar, tras ímprobos sacrificios en busca de la siempre insuficiente financiación, bellísimos spots publicitarios (más allá, eso sin paliativos, de asfixiantes corsés ideológicos)  a falta de otra materia filmable (¡está todo filmado! ¿se percatan?) de hora y media de golosinada duración para entretener al rebaño receptor idiotizado y, en primer lugar, halagar al amo que les procura el pienso “de autor” y la cocaína y el status artístico. El atajo al lucro por ánimo de excelencia. Y no hay que preocuparse, son consumados expertos en borrar su pasado, sus propias huellas. ¿O no es así la áspera y sórdida realidad?

No la sobes ya más,
que así es lo rosa.

(¿O tampoco era así el constructo poético?)

ELOTRO



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