lunes, 21 de abril de 2014

51 años después del asesinato de Julián Grimau / Salvador López Arnal







Y el crimen fue en Madrid

Salvador López Arnal



Hace 51 años, el 20 de abril de 1963, el luchador antifranquista comunista Julián Grimau era asesinado por un pelotón de fusilamiento del fascismo español: 27 descargas de fusiles, dos tiros de gracia [1]. ¡Al hoyo con él, rojos al paredón!
Si tienen ocasión, escuchen o recuerden las palabras de su compañera pocos días después del crimen. Pocas palabras tan verdaderas como esas, pocas palabras tan imperecederas.
Grimau había sido detenido a finales de 1962, una año y medio antes. Lanzarían toda la porquería de la que eran capaces sobre él.
La tortura y el crimen fue el plan sistemático que organizaran: sufrió graves lesiones durante los interrogatorios, fue lanzado, esposado, por una ventana de la comisaría. Como el joven estudiante Enrique Ruano, muy pocos años después.
Grimau fue sometido a un “juicio” militar, condenado a muerte y fusilado. En Madrid, en la ciudad resistente. Como en los viejos tiempos, como cuando finalizada la guerra civil, asesinaban, tras juicios sumarísimos, a “delincuentes” que habían defendido la II República. Estaba en sus genes y en sus memes. Era un programa de investigación y realización praxeológica.
La causa de Grimau se convirtió en un símbolo contra el franquismo. El Partido Comunista, el PSUC, extendieron las protestas por todo los rincones del mundo. No fue fácil. También aquí. En Barcelona, por ejemplo, algunos “locos comunistas catalanes o no catalanes”, hermanados con otros compañeros del resto de Sefarad, no contaba casi nada la identidad nacional, las finalidades eran comunes, se la jugaron en las Ramblas barcelonesas. Manuel Sacristán entre ellos. Dijeron de él que había perdido el juicio político.
El dictador criminal, estaba, estuvo hasta el final de sus días, en sus memes fascistoides, no cedió ante las presiones internacionales: desde el papa Juan XXIII hasta Nikita Kruschev pidieron clemencia.
El ministro de Información era Manuel Fraga Iribarne, el ex presidente fundador (¿lo sigue siendo?) del PP. Al año siguiente, el país se ensució con su infamia y su lema: ¡25 años de paz! ¡De paz! ¡La de los cementerios y las cunetas por supuesto, la del Valle de los caídos!
La gran historiadora Soledad Bengoechea, de Espai Marx, ha recordado el homenaje de Violeta Parra [2]. En su honor y en el recuerdo Julián Grimau. ¡No habitará sobre él nuestro olvido!: «Un río de sangre» (primera versión): 

Miren cómo nos hablan
de libertad
cuando de ella nos privan
en realidad.
Miren cómo pregonan
tranquilidad
cuando nos atormenta
la autoridad.
¿Qué dirá el Santo Padre
que vive en Roma,
que le están degollando
a sus palomas?
Miren cómo nos hablan
del paraíso
cuando nos llueven balas
como granizo.
Miren el entusiasmo
con la sentencia
sabiendo que mataban
a la inocencia.
El que oficia la muerte [3]
como un verdugo
tranquilo está tomando
su desayuno.
Lindo se dará el trigo
por los sembra’os,
regado con tu sangre,
Julián Grimau.
Entre más injusticia,
señor fiscal,
más fuerzas tiene mi alma
para cantar.
Con esto se pusieron
la soga al cuello,
el sexto mandamiento
no tiene sello.




La segunda versión del poema-canción de la gran Violeta: “Julián Grimau (o Qué dirá el Santo Padre).”

Miren cómo nos hablan
de libertad
cuando de ella nos privan
en realidad.
Miren cómo pregonan
tranquilidad
cuando nos atormenta
la autoridad.
¿Qué dirá el Santo Padre
que vive en Roma,
que le están degollando
a sus palomas?
Miren cómo nos hablan
del paraíso
cuando nos llueven penas
como granizo.
Miren el entusiasmo
con la sentencia
sabiendo que mataban
a la inocencia.
El que oficia la muerte
como un verdugo
tranquilo está tomando
su desayuno.
Con esto se pusieron
la soga al cuello:
el quinto mandamiento
no tiene sello.
Entre más injusticia,
señor fiscal,
más fuerzas tiene mi alma
para cantar.
Lindo se dará el trigo
en el sembra’o,
regado con tu sangre,
Julián Grimau.

Notas:
[3] Estrofa censurada en todas las ediciones hasta 1991. Quilapayún sigue la versión de Recordando a Chile, pero canta en la segunda estrofa «por la sentencia», en la última estrofa: «mientras más injusticias» y «lindo segar el trigo». Daniel Viglietti en Canciones chuecas sigue la versión de Quilapayún, pero dice «con la sentencia». En la versión de Leben, kämpfen, Solidarisieren canta el mismo texto que Quilapayún. Ángel Parra sigue la versión de Recordando a Chile, reemplazando «penas» por «balas», acortando la primera mitad de la última estrofa.
(1963)


Salvador López Arnal es nieto de otro asesinado en juicio sumarísimo, 24 años antes: el obrero cenetista asesinado en el Camp de Bota de Barcelona en mayo de 1939 –delito: “rebelión”- José Arnal Cerezuela.




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