lunes, 28 de abril de 2014

(y 2) Gabo entrevistado en 1972 / Plinio Apuleyo Mendoza






(y 2) Gabo entrevistado en 1972
(Extractos)
Por Plinio Apuleyo Mendoza


-Muchas gentes se preguntan si no te da miedo seguir escribiendo, después del éxito estrepitoso de Cien Años de Soledad. Supongo que te habrán hecho esa pregunta.

-Sí, me hacen esa pregunta con frecuencia, pero son gentes que desconocen por completo los problemas de la creación. Una carrera literaria, aunque su nombre parezca indicarlo, no es una competencia deportiva con uno mismo. Uno escribe cada vez el libro que puede escribir. Cien Años de Soledad la leí cuando revisé las pruebas de imprenta, hace cinco años, y sólo cambié dos palabras. La volví a leer hace unos meses, por casualidad, pues no tenía otra a la mano para un largo viaje de tren, y en ningún momento de su lectura se me ocurrió pensar si era más fácil o difícil escribir algo mejor, aunque si ahora pudiera escribirla de nuevo no le cambiaría solamente dos palabras sino muchas páginas, y algunas cosas serían mejores. En todo caso, esa novela, como las anteriores y las futuras, fue el centro y la razón de mi vida mientras la estuve escribiendo, pero ahora es un león muerto, como decía Hemingway, y si alguna vez acepto que me hablen un poco de ella es solamente por buena educación.

-¿Qué es pues lo que te gusta de tus libros?

-Escribirlos. Una vez terminados no me interesan…

-¿Te incomoda el éxito?

-Me estorba, la fama me intimida, y la consagración se me parece mucho a la muerte, y por eso me molesta participar en espectáculos públicos y no he asistido nunca a ningún acto de publicidad de mis libros…

-¿Cómo te gusta ser leído?

-Es estupendo que lo lean a uno sin complejos intelectuales, que la gente aprenda a perderle el respeto a la literatura. En realidad, todavía quedan demasiados rastros de cuando la cultura era un patrimonio oculto de aristócratas y hechiceros…

-Veo que no tienes en casa muchos libros. Casi nunca has tenido muchos. ¿Por qué?

-Tengo un enorme desprecio por los objetos, y no hago excepción con los libros. Mis únicas propiedades son mis aparatos de música. Los libros, una vez leídos, los regalo, pues siempre estorban en la casa, son feos y mal resueltos como elementos de decoración, y cuesta mucho llevarlos de viaje. Mario Vargas Llosa, que tiene por los libros un respeto sagrado, se crispó cuando le contaron que mi mujer quería leer un libro que yo no había terminado, y resolví la situación de un modo práctico: cada vez que terminaba una hoja la arrancaba del libro y se la pasaba a ella.




-Pero supongo que habrá alguno que te interese guardar…

-Si un libro me interesa de nuevo lo vuelvo a comprar, lo vuelvo a leer y lo vuelvo a regalar. Edipo Rey lo he comprado infinidad de veces en el mundo entero y hoy no lo tengo. Los libros de Pablo Neruda me han costado la mitad de la vida. Mi biblioteca personal se reduce a unos pocos volúmenes que me gusta releer, pero que no son los mismos todas las épocas.

-¿Cuáles son los más constantes?

-Los más constantes son Conrad y Sant Exupery, y no tengo nada de Tolstoi, aunque creo que la mejor novela que se ha escrito es La Guerra y la Paz.
(…)




-¿Cuándo comprendiste que debías cambiar de rumbo?

-Necesité casi siete años de reflexión, sin escribir una letra, para encontrar otra vez el hilo perdido desde La Hojarasca. Cuando decidí correr el riesgo de Cien Años de Soledad, y de los dos libros que estoy escribiendo ahora, fue porque mi propia madurez política me hizo ver que mis comisarios estaban equivocados, que el compromiso de un escritor con agallas no es solamente con la realidad política y social, sino con toda la realidad de este mundo y del otro sin preferir ni menospreciar ninguno de sus aspectos. Fue una especie de clarividencia ideológica que había de conducirme a una más amplia libertad de creación. La revolución cubana, con su explosión imaginativa y su atropellada humanidad, tuvo mucho que ver con esta recuperación de mi conciencia de escritor.
(…)

-Pero los críticos han encontrado en el libro otras cosas más complejas…

-Si los críticos han encontrado otras cosas más complejas, puede ser que en realidad se me hayan salido por válvulas inconscientes, pero también puede ser porque los críticos, al contrario de los novelistas, no encuentran en los libros lo que pueden sino lo que quieren.




¿Cómo debe de interpretarse el papel de la fabulación en Cien Años de Soledad?

-Como una tentativa de romper los límites estrechos que los cartesianos y los estalinistas de todos los tiempos le han puesto a la realidad para que les cueste menos trabajo entenderla… …trato de romper esos condicionamientos mentales mediante trasposiciones poéticas.

-Trasposiciones poéticas de una realidad…

-Claro. En mis libros no hay una sola línea que no esté fundada en un hecho real. Mi familia y mis amigos lo saben muy bien. Hay quienes me dicen: “Es que a ti te suceden cosas que no le suceden a nadie”. Yo creo que le suceden a todo el mundo, pero no tienen la sensibilidad para registrarlas, ni el hábito para verlas, y que la gran mayoría de las personas cultas simplemente las rechaza y las ignora por simple prejuicio intelectual.
(…)




-Gabo: ¿Cómo te definirías políticamente?

-Soy un comunista que no encuentra donde sentarse. Los viejos partidos comunistas están formados por hombres honrados y castos, esterilizados por el catecismo y apaciguados por la reverenda madre soviética, que ahora está más interesada en hacer buenos negocios que en patrocinar la revolución. Esto es evidente en América latina. Aparte de la ayuda económica que le ha prestado a Cuba, y que ha sido muy grande, la Unión Soviética no ha tenido la menor reticencia en negociar con los regímenes más reaccionarios del continente, sin ninguna reserva de orden político. Acuérdate que los carros armados de la policía de Colombia, con los cuales matan a los estudiantes en la calle, fueron fabricados  y vendidos por la Unión Soviética y bendecidos en la plaza pública por el arzobispo.
(…)

-Una última pregunta: una pregunta de cajón: ¿cuál es el mayor riesgo que ves para un joven escritor en América Latina?

-Creo que hay dos peligros: la estrechez ideológica y la prisa por publicar. Como jurado de concursos, y por los manuscritos que me mandan para que los lea, me parece que muchos están escritos solamente para tumbar al gobierno, y la gran mayoría están terminados de cualquier modo para llegar a tiempo. Es cuestión de paciencia: son los editores quienes viven de los escritores, y no al contrario, de manera que es a los editores a quienes corresponde el trabajo de buscar a los escritores. Y de hecho lo hacen. Que no me lo crean a mí, que no sé que hacer con tantos editores en el teléfono, y sin embargo necesité cinco años para que me hicieran el favor de publicarme mi primer libro. Esto parece un consejo, y nunca me ha gustado darlos ni recibirlos. Pero no importa, déjalo así. Al fin y al cabo, no sé por qué tengo la impresión de que ésta es mi primera entrevista de viejo.

(Transcrita de la revista “Libre”, editada en París.
Publicada en el Nº 3, Marzo, Abril, Mayo, 1972. )


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