lunes, 5 de mayo de 2014

Emilio Lledó: Los padres alemanes y franceses deben de tener otro sentido de la libertad…





El filósofo Emilio Lledó (Sevilla, 1927) disfruta enseñando las dos ‘joyas’ de su biblioteca. La primera es un cuaderno escolar, decorado con dibujos infantiles y banderas republicanas cuyo morado intentó disimular cuando aún era un chiquillo para evitar problemas. Su entonces maestro solía invitarles a hacer “sugerencias” y pensar por ellos mismos, remarca con intención. La segunda también es obra de niños, vecinos del pueblo de sus padres, Salteras (Sevilla). Se trata de una carpeta que acaban de enviarle con fichas y redacciones dedicadas al “amigo Lledó”.
Repasar esos trabajos le devuelve la esperanza. A veces la pierde cuando piensa en la política educativa del actual Gobierno.
Parece estar pasándolo mal últimamente.
Muy mal, lo digo sin ambigüedad. Estamos viviendo un retroceso gravísimo, porque, a pesar de todo, este país había progresado. Cuando yo era niño, mis padres me mandaban a casa de mi madrina, en Salteras. Era una labradora modesta, pero buenecita, que tenía gallinas. Allí me consolaba del hambre de Madrid. En los años cuarenta, el pueblo tenía 2.000 habitantes, y los únicos que estudiábamos bachillerato éramos los hijos de algún terrateniente y yo. Hoy tiene 5.000, un instituto, tres colegios públicos, guardería, biblioteca… El pueblo ha progresado porque un alcalde decente ha entendido que su misión era ésa y no proteger a “amigantes”, una palabra que viene de mangante.
Es un gran aficionado a crear nuevas palabras y sobre todo a denunciar las que considera vacías, como por ejemplo la “excelencia”.
Se oye esa expresión y eso ya es… [se indigna]. No se puede entregar la educación de un país a la diferenciación económica, a los colegios de pago. En primer lugar, porque muchos de esos centros no se pueden comparar con el último instituto público de Francia o Alemania. Aparte de que es una injusticia enorme. Otro de los sofismas más lamentables e ideologizados de los últimos años es hablar de “la libertad de los padres para escoger dónde educar a sus hijos”. ¿Qué libertad es ésa? ¿Los padres de los barrios humildes tienen libertad para mandar a sus niños a los colegios de las sectas, que piden un dinero imposible de pagar? Los padres alemanes y franceses deben de tener otro sentido de la libertad, porque nunca han protestado por su magnífica enseñanza pública.
Habla de sectas en la enseñanza. ¿Qué papel juega la Iglesia en este momento?
Un papel lamentable e ideológico que no tiene nada que ver con la democracia ni con un país laico. Un ejemplo son las declaraciones de Rouco Varela en el acto de homenaje a las víctimas del 11-M. No sé por qué hay que celebrarlo en una iglesia y hacer que este señor opine. El estudio tiene que ser creación de libertad, no de dogmatismo ni de frases hechas. Los conceptos estereotipados, en quien no los reflexiona, producen agresividad. Uno de los frutos que genera la ignorancia cultivada es la violencia.
¿Qué le parece la supresión de la asignatura de Educación para la Ciudadanía?
Una expresión de la ignorancia, del fanatismo y de la ideologización que estamos viviendo. Me entristece ver la poca sensibilidad de los muchachos, que merecen otro tipo de enseñanza. En España hay maestros de instituto excelentes, pero están intentando coartarlos y privatizar lo que es público. La democracia es, fundamentalmente, obra de lo público y creadora de lo público.




Ahora lo que se fomenta es la cultura del emprendimiento.
Los emprendedores, sí, como los que emprendieron la destrucción de nuestras costas y la locura de la burbuja inmobiliaria, o los que están permitiendo la burbuja mental de los estudiantes con la eliminación de las humanidades. Eso es muy grave. Los jóvenes tienen que luchar por la defensa de estas asignaturas. ¿Es que no son humanos los químicos orgánicos o los asesores financieros?
¿Blindar la religión mientras se suprime la filosofía puede tener consecuencias peligrosas?
El adjetivo no me gusta mucho. Es peor que peligroso, es funesto. Es ideológicamente inaceptable para un país que quiera progresar intelectual, cultural, técnica, industrialmente. Es inadmisible que se menosprecien las humanidades y se establezca una religión que yo no sé muy bien de qué tipo es, porque la religión también se manipula por determinados grupos ideológicos. Es un error garrafal.
Hace años que se habla de una generación perdida, la que se dedicó a la construcción y no se formó. Al problema se suma ahora la falta de recursos para estudiar. ¿Hay recuperación posible?
Menos mal que no salió lo de Eurovegas. Se vendía ese producto diciendo que iba a generar empleo. Por supuesto que habría gente que hubiera trabajado en esa monstruosidad. Pero el trabajo se crea con fábricas de cosas útiles, con innovación, con cultura. Me sorprende que la gente vote a determinados políticos. No se entiende, a no ser que nosotros también seamos un poco corruptos y pensemos que nos caerán las migajas de quien se va a hacer con el poder.



¿Qué esperanza les queda a quienes no logran encontrar un trabajo?
Yo viví la Guerra Civil y la posguerra. Entonces había una tristeza general, pero esperábamos que todo cambiaría alguna vez para mejor. Ahora estamos en el mundo de la esperanza que imaginábamos y sería terrible que lo que nos determinase fuese la desesperanza, la decepción y la involución. Habría que pedir responsabilidades reales a quienes las tienen. Me sorprende que ciertos partidos políticos, pongamos de izquierdas [hace gesto de comillas], no exijan las cuentas exactas de los aeropuertos que se han hecho sin aviones. ¿Y la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia? ¿Y la de la Cultura, de Galicia? Las ciudades de las ciencias se hacen creando escuelas y universidades públicas. Es curioso, en el franquismo sólo había universidades públicas. Estaban condicionadas, pero aun así es mucho peor esta cultura de la privatización, donde me gustaría saber la categoría de muchos de los señores que están enseñando en centros privados, y también qué idea tienen de la libertad y el progreso.
¿Cómo ve la Universidad actual?
Estoy un poco desconectado, pero mis exalumnos me cuentan que va a peor. Me atrevería a hacer una entrevista cara a cara con esos ideólogos de la educación para demostrarles el retraso y la incultura que están promoviendo con esa obsesión por hacer cosas ‘valiosas’. Uno de los escándalos que más me chocan es que se obsesione a los muchachos con la idea de que la Universidad sirve para ganarse la vida. En esos años hay que crear ilusiones. Me gustaría que los asesores del ministro [José Ignacio Wert] me explicaran sus razones. No creo que la monstruosidad de ciertos individuos llegue al extremo de querer entontecer al país.



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