sábado, 10 de mayo de 2014

Manuel Vázquez Montalbán (LA AZNARIDAD)




“En algún pliegue de la memoria se me quedaron las imágenes de los jefes de Gobierno asistentes a la celebración del cincuenta aniversario de la OTAN, acompañados de sus respectivas esposas, convertido el acto, pues, en un desfile de modelos representativos del gusto y de la ética. Ya que hablo de ética, allí estaba también Havel, calificado por muchos como un monumento ético, satisfecho porque su país ha salido del Pacto de Varsovia de tierra adentro y asume el del Atlántico porque le abastece de una perspectiva oceánica. Mientras los políticos se solazaban con los festejos que siempre acompañan este tipo de colaboraciones –y precisamente por eso habían llevado a sus parejas, desde el criterio un tanto involucionista de que las mujeres lucen más-, brigadas de trabajadores rescataban de entre los escombros de la televisión serbia trozos de cadáveres de profesionales de la información. El garden party de la OTAN se celebró sin que ni siquiera a alguien se le ocurriera pedir un minuto de silencio en memoria de las víctimas de una guerra no declarada, ritual que se respeta hasta en los campos de fútbol cuando se ha muerto la suegra del presidente del club.





No podían pedir ese minuto de silencio porque todos se hacían responsables de la carnicería y de la explicación que el mando atlántico había dado: la televisión yugoeslava era el centro  propagandístico de Milosevic. Es decir, se trataba de aterrorizar mediante terrorismo atlántico, del bueno, a los profesionales de la información que prestaban su oficio o su ideología, o las dos cosas, a la defensa de las razones serbias. Es como si se supiera que la RAI, no sé si la uno, la dos o la tres, fuera el cerebro propagandístico entonces de D’Alema y mereciera ser bombardeada por esta circunstancia e igual podría decidirse de Televisión Española o de la BBC. A partir de ahora todos los contratados por televisiones estatales deberán recibir un plus por riegos derivados de su tarea como cerebros orgánicos o bien declararse en contra de sus sistemas políticos y así obligar a la tecno-industria militar norteamericana a fabricar misiles aún más inteligentes. Es decir, misiles que en caso de que sea necesario bombardear la RAI o TVE o la BBC, sólo maten a los profesionales que se han declarado partidarios de Berlusconi, Aznar o Blair. Aunque a juzgar por sucedidos posteriores, tal vez el bombardeo de la televisión yugoslava fue un aviso que con el tiempo se concretaría en el factual asesinato de periodistas en ejercicio profesional durante la guerra de Irak.




Más allá de la insensibilidad de los políticos con respecto a los profesionales de la información que pudieron ver incluso en la carnicería de Belgrado un castigo simbólico a la maldad de los medios, repasando los rostros de los más altos representantes de esta Alianza Atlántica se descubría fácilmente que estaba llena de socialistas e incluso de un ex comunista reciente, mi querido D’Alama. No insisto ya en que Solana, el secretario, viniera de posiciones socialistas antiatlánticas, porque no quiero convertirme en el flagelo de este hombre que al fin y al cabo se ha estado ganando un sueldo al mes y un lugar nada envidiable en la Historia. Pero es que a la vista de la fotografía de jefes de Gobierno con señora, el corazón me late y proclama: ¡no la toquéis más, ésa es la euroizquierda! ¡La euroizquierda al poder! Un sueño hecho realidad veinticinco años después de las formulaciones berlinguerianas, como final feliz de una realpolitik de la izquierda que no sólo ha querido predicar, sino también dar trigo. Ante la evidencia de que la euroizquierda estaba prestando coartada progresista al pim pam pum norteamericano contra Serbia, pasando por encima de cadáveres no previstos y de la acentuación de la diáspora kosovar, perfectamente prevista, había que confiar en que Blair, Solana, Jospin, D’Alema, Schröder… sabían lo que hacían y algo esperaban obtener de su evidente condición de cómplices de una carniceria. Ignacio Ramonet se planteaba en Le Monde Diplomatique las limitaciones de este socialismo acalórico y la sospecha de que sólo estaba tratando de demostrar su capacidad de que puede gobernar el capitalismo sin que el capitalismo se asuste, se irrite y vaya a por él como ya fue por Lafontaine en Alemania. Antes de que llegue el 3000 esta audaz euroizquierda habrá demostrado no sólo que puede gobernar el capitalismo sino transformarlo, de la misma manera que Solana se apuntó a la OTAN porque consideraba que podía convertirla en la UNICEF. Al precio de tener que asistir a algún garden party objetivamente truculento, pero a veces hay que dar un paso atrás para poder dar dos adelante y el subcomandante Marcos me contó que él aplica un concejo no de Lenin, sino de Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas. Alicia para alcanzar a la Reina de Corazones debe caminar hacia atrás: “Ha de volver al pasado para poder avanzar”.

Manuel Vázquez Montalbán  (LA AZNARIDAD)


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