domingo, 25 de mayo de 2014

Susan Sontag, Diarios




Quiero denunciar a todos, mandar a todos al diablo. Voy a mi máquina de escribir como podría ir por mi ametralladora.

Me siento como Kafka, pero he encontrado un conjunto de puertos seguros, para protegerme del terror, para resistir, para sobrevivir.

El genio del capitalismo estadounidense es que todo lo que se llega a conocer en este país, es asimilado.

¿Tal vez por última vez? “Derecha” e “Izquierda” son palabras agotadas.

Para ser un gran escritor, saberlo todo sobre adjetivos y puntuación, o sea: ritmo. (…) Acopiar un vocabulario propio, un auténtico tesoro de palabras, requiere años, mucho esfuerzo y paciencia.

“Frankenstein” de Mary Shelley es una obra sorprendente para alguien de 18 años de edad. En “Frankenstein”, el héroe es el monstruo, alguien que pierde el juicio por falta de amor.

Las únicas ideas interesantes son las herejías.

La velocidad aniquila el aburrimiento.

Los nazis hicieron de Wagner su música oficial; Marinetti despreciaba a Wagner.

El “tú” que el “yo” necesita para su propia realización.

El poder del arte = el poder de la negación.

El pintor más influyente de nuestro siglo: Duchamp. Disuelve la idea del arte.

Nunca me dejé engañar por la política de la contracultura (La pretensión de su potencial revolucionario).




En 1880 una monja de clausura necesitó de una dispensa del Vaticano para mirar por una ventana y ver por primera vez en su vida un tren.

La inteligencia –más allá de determinado punto- es un lastre para el artista. Leonardo da Vinci y Duchamp, eran demasiado inteligentes para ser pintores. Conocían el juego… y Paul Valéry fue demasiado inteligente para ser poeta.

No se exigía hasta finales del siglo XIX que el arte se justificara a sí mismo, que pusiera de manifiesto su sentido. Equivalía a pedirle al arte que fuera útil, práctico. Distinguir entre las actividades serviles, prácticas, las que se sabe por qué se las realiza: son útiles, necesarias y obligatorias. Y las actividades libres, voluntarias y gratuitas.

Dos demoledoras experiencias de lecturas este año: La correspondencia de Flaubert y la biografía de Simone Weil.
Entiendo a ambos muy bien, por eso me han deprimido, representan los dos polos de mi propio temperamento.
Flaubert: la ambición, el egoísmo, la indiferencia, el desprecio a los demás, la esclavitud a la obra, el orgullo, la obstinación, la falta de misericordia, la lucidez, el voyeurismo, la morbosidad, la sensualidad, la falta de honradez… por el contrario…
Simone Weil: la ambición, el egoísmo, la neurosis, el rechazo al cuerpo, el ansia de pureza, la ingenuidad, la torpeza, la asexualidad, el anhelo de santidad, la honradez…
-Yo no soy feminista, dijo Simone Weil, claro que no, nunca aceptó el hecho de que era una mujer, de ahí que se afeara, no era fea, se vistiera así, fue incapaz de tener vida sexual alguna, estuviera sucia, descuidada, desordenara toda habitación que ocupara, etc…. si hubiera podido acostarse con alguien, sólo habría podido ser con una mujer, no porque fuera realmente homosexual, no lo era, sino porque por lo menos con una mujer no habría sentido que la violaban, aunque por supuesto eso era imposible también…



Las mujeres, a lo largo de casi toda la historia han sido esclavas, enseres, desde pies vendados, ablación de clítoris, inmolación en pira funeraria del marido… carecen de condición jurídica, derecho a la propiedad, al voto, a su propio nombre… leyes del aborto, discriminación en el trabajo,etc… Las mujeres están integradas a sus opresores, aunque en algunas sociedades, por ejemplo, la árabe o la china, las mujeres están casi segregadas…

Estoy enviando paquetes bomba al mundo.

Eso es lo que me fascinó de la novela corta de Stevenson, cuando la leí hace varios meses; que Hyde es más pequeño, más débil y más joven que Jekyll.

Parafasia: Discurso confuso de palabras trastocadas, causado (entre otras cosas) por un coágulo sanguíneo en el lado izquierdo del cerebro.

 El intelectual es un refugiado de la experiencia. En la Diáspora.

Toda la vida he estado pensando en el cansancio, mas es un tema que está comenzando a cansarme.

Las mujeres y el coraje. No el coraje de hacer, sino el coraje de resistir / de sufrir.

Mi papel: El intelectual como adversario. (Así que ahora, ¿he de ser adversaria de mí misma?)

Quiero escribir un “Moby Dick” del pensamiento. Melville tiene razón: es indispensable un gran tema.




Ideas de Foucault sobre la incomunicabilidad: figuras de cera, injertos de piel, la presencia inhumana de los objetos.

Mi tema en toda la obra narrativa que he escrito desde “EL BENEFACTOR” en adelante: La ficción del pensamiento. La relación entre el pensamiento y el poder. Es decir, las diversas formas de la opresión, la represión y la liberación. No se me ocurre nadie más que haya tratado este tema cabalmente en cuanto narrativa, Beckett un poco.  

Oído en una fiesta: “Estás pasando por encima de mi historia”, (A alguien que te interrumpe).

Tsvetáieva dijo de Pasternak que se parecía a un árabe y a su caballo.

Releer, repensar los problemas.


(Susan Sontag, Diarios)


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