viernes, 13 de junio de 2014

Marcos Roitman / “TIEMPOS DE OSCURIDAD, Historia de los golpes de Estado en América Latina”




“En medio de la crisis global del capitalismo, levantar la alternativa anticapitalista se considera un anacronismo. Declararse marxista y comunista concita mofa. El insulto es una práctica recurrente para descalificar a dirigentes políticos, sindicales y líderes de movimientos sociales e intelectuales, partidarios del socialismo marxista.

Sin embargo, la lucha contra el comunismo sobrepasa la ofensa verbal. El fin perseguido es aniquilar política y físicamente a sus defensores. La guerra psicológica, el miedo y las campañas ad hoc presentan el comunismo como una amenaza para la familia, el individuo, la moral católica, la propiedad privada y el mercado. Por consiguiente, cuando el movimiento popular gana espacios de representación política y se constituye en una opción real de cambio social, la burguesía y sus aliados se quitan la careta. La clase dominante no tiene empacho en recurrir a la técnica del golpe de Estado para evitarlo.  Cuando lo hace, abandona los principios que tanto enarbola, el habeas corpus, la libertad de asociación, reunión y expresión. Los golpes de Estado y el anticomunismo marchan juntos en la historia. Sus comienzos fueron inorgánicos y difusos, pero a medida que los partidos obreros crecieron, el anticomunismo se vertebró como parte de la razón de Estado.

Si hacemos historia, podemos remontarnos a la publicación del Manifiesto comunista en 1847 y la fundación de la Primera Internacional en 1864 para datar el inicio de la persecución de comunistas, socialistas y anarquistas. Cualquier escusa sirvió para encarcelar, reprimir, censurar y asesinar a sus militantes. La represión ejercida sobre la Comuna de París, entre los días 21 y el 28 de mayo de 1871, evidenció la inexistencia de límites cuando se trata de restablecer el orden burgués. Conocida como la “Semana Sangrienta”, el ejército actuó contra los sublevados dejando un balance de 30.000 muertos y una ley marcial que se mantuvo durante cinco años.

Entrado el siglo XX, con el triunfo de la Revolución rusa y el nacimiento de la Tercera Internacional se clarificó la dirección de la estrategia anticomunista. El enemigo tomó cuerpo en el Comitern y la revolución comunista. El peligro acechaba y era obligado blindarse. No hubo vuelta atrás. Las declaraciones de la Tercera Internacional llamando a la revolución mundial del proletariado, dieron la voz de alarma. Liberales, conservadores y socialdemócratas unieron sus fuerzas para impedirlo. Al anticomunismo se unía la guerra sucia. No importaban los métodos ni los con tal de salvaguardar los intereses de clase del capitalismo…”

Marcos Roitman Rosenmann

(De la Introducción, en “TIEMPOS DE OSCURIDAD, Historia de los golpes de Estado en América Latina”)


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