viernes, 18 de julio de 2014

La cara oculta de los partidos populistas / Marcos Roitman Rosenmann






La cara oculta de los partidos populistas 

Resulta paradójico que  los representantes políticos de la derecha en las instituciones  identifiquen lo popular con    los intereses económicos de  grandes empresarios, el capital financiero, y  la burguesía, una clase social cuyo proyecto rechaza los principios de igualdad, democracia y justicia social. La nueva derecha mundial, diluye, difumina y oculta su programa, el proyecto neo-oligárquico y pretotalitario, señalando que sus decisiones benefician a la sociedad toda, aunque en ocasiones no sepan trasmitirlo a la "gente". Al pensar en la mayoría,  no ven razón alguna para no calificarse de  Populares. EL caso más sangrante lo tenemos en España. La derecha que recorta servicios esenciales, privatiza la sanidad, arremete contra la ley de igualdad,  penaliza el aborto, promueve los contratos basura, rebaja los impuestos a grandes empresarios, indulta a políticos corruptos, persigue a los inmigrantes, fomenta la educación religiosa, resta dinero público para becas e investigación,  sitúa a un 26% de la población en el paro, a diez millones en la pobreza y otros siete en peligro de exclusión social, lleva el nombre de: Partido Popular.




Otros partidos de la derecha, prefieren un toque  patriótico, decantándose por  aducir  la nación como objetivo de sus políticas. Nacionales o de liberación nacional mejor  que ser tachados de liberales o conservadores.  Las mayores desnacionalizaciones y venta de los recursos básicos a manos de empresas multinacionales lo han llevado a cabo partidos como  Liberación Nacional en Costa Rica o el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en Bolivia.  También existen opciones  envolventes, ni de derechas ni de izquierdas,  independientes, progresistas y de centro democrático. En Chile el gobierno de Sebastián Piñera, Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido creado por los acólitos del dictador Augusto Pinochet, acabó licitando a compañías extranjeras las nuevas minas de cobre y otros minerales en nombre de la patria. Continuando la política de los gobiernos de la Concertación. 




En este supermercado, cualquiera puede adueñarse del concepto de justicia, incorporándola a como  identidad partidista.  Primero Justicia,  es el nombre del partido donde  milita el ex-candidato a presidente de la derecha venezolana Henrique Capriles y cuya política se caracteriza por todo lo contrario, desconocer la justicia, apoyar el proceso desestabilizador y sumarse a la sedición golpista. Los hay que llegan al paroxismo, tildándose  de revolucionarios, democráticos y antiimperialistas. Partidos que han  ejercido la represión anticomunista, permitido  la tortura y fomentado la guerra sucia. Caso de Acción Democrática en la Venezuela entre los años 1958 y 1998. 
Las combinaciones son muchas, pero todas tienen un mismo objetivo, ocultar los principios ideológicos y políticos de una derecha que promueve la explotación en todas sus formas en beneficio del capital  trasnacional y las elites de la clase gobernante y dominante.  La realidad de Estados Unidos es  más sangrante. Republicanos versus Demócratas. Basta  observar las políticas hacia América latina  para darnos cuenta de la gran mentira.  Invasiones, golpes de Estados y guerras patrocinados por los "demócratas". ¿Y qué decir de los "republicanos"?: más golpes,  complots, asesinatos políticos e invasiones. Seguramente hay diferencias, pero los pueblos latinoamericanos, sufren las mismas políticas desestabilizadoras del establishment norteamericano donde cohabitan republicanos y demócratas. Pensemos en este siglo XXI.  Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Honduras. Ni que decir tiene la derecha europea, que se parapeta en el parlamento europeo bajo el denominador común de: grupo popular europeo. Allí se han cocinado  las políticas xenófobas y racistas más reaccionarias que han supuesto  un retroceso en el campo de los derechos ciudadanos en  los países de la Unión.



Mientras tanto, la izquierda política y sus partidos en todo el mundo occidental, son acusados de populistas. El término de moda: populismo-chavista e izquierda bolivariana. Bajo esta definición se engloba y niega  la existencia de políticas sociales populares, afincadas en los principios de  dignidad, ciudadanía, anticolonialismo, justicia social,  representación  democrática, derechos de soberanía, pleno empleo, educación pública de calidad para todos, salud universal, igualdad de género o defensa de las riquezas nacionales. Si  la izquierda desarrolla un programa para las clases trabajadores y las mayorías sociales excluidas  y dominadas, entonces  es populismo. Si la derecha recortas, excluye y niega la democracia, asistimos por contra a políticas populares. Sin comentarios.





La derecha no puede aceptar la democracia como forma de gobierno. Recordemos que la democracia se definió como la separación entre propietarios y no propietarios.  La democracia helénica  abrió  la política a los no propietarios por necesidad de subsistencia de la polis. Una manera de articular la defensa de Atenas frente a Esparta. Pero no olvidemos que ni Platón,  ni Aristóteles ni los grandes filósofos de la ilustración fueron  partidarios de la democracia. El voto censitario se mantuvo hasta el siglo XX. Sólo la derecha puede ser populista. La izquierda será popular, no populista. Esa es la diferencia. Los partidos democráticos  aparecieron en el siglo XIX y fueron la antesala de los partidos socialistas y comunistas  del siglo XX. Hoy,  la distancia entre lo popular y el populismo  es la misma que existe entre derecha e izquierda. Otra historia sólo promueve la confusión y la mentira. 


   Marcos Roitman Rosenmann


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