lunes, 21 de julio de 2014

Los genios del mal / MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ




Los genios del mal 

Ahora, Esperanza Aguirre y los suyos sacan una nueva tarasca en su procesión de necedades,los genios del mal, como inspiradores de la política de una sorpresiva oposición que está claro les atemoriza porque ha empezado a conquistar logros parlamentarios y sociales en contra de su sistema, no en vano la justicia comunitaria acaba de tumbar por segunda vez la Ley hipotecaria del Partido Popular. Algo se mueve en su contra y lo saben. Saben que ya no les basta con los palos y las multas, ni con la zafiedad intelectual de las acusaciones de populismo, totalitarismo, bolivarianismo y ETA. Ahora necesitan de genios del mal, caricaturescos, cocos de feria. El monstruo de las galletas está a la vuelta de la esquina. Se desacreditan solos. Como si se dirigieran a una sociedad de débiles mentales. ¿Por qué no confiesan de una vez que beben a es-condidas?
La guerra de brujos por ellos emprendida, la de las patrañas echadas a correr y destinada a desacreditar a sus adversarios políticos, recuerda a la que le gustaba al general Mola, de quien ayer se conmemoraba su felonía, que fue premiada por un título nobiliario ilegal, al igual que toda la legislación surgida al amparo del golpe militar de 1936. Parece mentira que sigan oficiando de paladines de la democracia y las libertades, empeñados en dar lecciones de ética política. Su orden no es otra cosa que el desorden con el añadido de la violencia institucional.
Supongo que entre los genios del mal a los que alude Esperanza Aguirre estará el fiscal Villarejo, que no solamente ha estudiado de manera lúcida y acuciosa el sistema legislativo-represivo del franquismo, sino que acaba de señalar que: “Hay que hacer frente a la deriva prácticamente fascista del PP”. Algo que solo resulta exagerado para quien se beneficia de ella; pero que causa verdadero asombro y asusta si se examinan con detenimiento el sistema represivo urdido por el Gobierno del Partido Popular y el alcance de sus daños sociales. Constituyen una seria amenaza para la ciudadanía que no está con ellos y para la que está, sin darse cuenta de que los padece, lo que acaba resultando un misterio. Lo dijo el fiscal Villarejo refiriéndose a una ley franquista, pero me parece aplicable a todo el sistema jurídico urdido entre ese perturbado que tenemos como ministro de Interior, el de Justicia, el de Defensa y la jerarquía eclesiástica en la sombra: “es la máxima expresión de la arbitrariedad jurídica al servicio de la represión ideológica y política”. Basta leer con detenimiento la ley Mordaza o el proyecto de la próxima de los Matones. No hay que hacer esfuerzo alguno para sacar las cosas de contexto, salen ellas solas, por la fuerza de las circunstancias. El uso que hacen de su mayoría parlamentaria pone en tela de juicio el sistema parlamentario y lo acerca a la más pura ley del más fuerte.



Entre los genios del mal citados por Esperanza Aguirre no está el general Franco ni tampoco los golpistas de 1936, cuyos descendientes ostentan títulos nobiliarios por completo fules, ni los ministros franquistas cómplices de un sistema en extremo represivo, ni los que se hicieron ricos con las consecuencias del golpe militar, ni los jueces de orden público, ni los torturadores como Billy el Niño o Muñecas -presuntos, ay, qué risa, salvo para sus víctimas- que han venido siendo amparados y exonerados por una magistratura cómplice, condecorados en muchas ocasiones por gobernantes sin escrúpulos y aplaudidos por un amplio sector de la población que ve con agrado esa práctica, algo que haríamos bien en no olvidar.
Torturas. El asunto del que no se habla o cuanto menos, mejor. Villarejo sí lo ha hecho para constatar que en 2013 se documentaron 79 procesos penales por delitos de tortura en España. Otra cosa es el recorrido judicial que vayan a tener y al que ya nos tienen acostumbrados. Es mucho que un miembro destacado del sistema judicial español reconozca la existencia de esa lacra, algo que no me consta hiciera el juez Garzón, lamentablemente, cuando estuvo de verdad en su mano denunciarla y perseguirla porque le sobraron ocasiones.





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