jueves, 31 de julio de 2014

Santiago Ramón y Cajal (Charlas de Café, 1921)





“¿Alardeas de carecer de enemigos? Veo que te calumnias. ¿Es que jamás dijiste a nadie la verdad ni realizaste un acto de justicia?”

La Naturaleza ha hecho similares los ademanes de la amistad vehemente y los del sablazo expoliador.”

“En el mundo todos vamos de caza por un coto más escaso en perdices que en cazadores. Y cada pieza cobrada representa para los demás una esperanza desvanecida.”

“…me reservo el precioso e inalienable derecho de evolucionar o de retrogradar al compás de las enseñanzas de los tiempos”

“Casi siempre la alabanza otorgada por los demás representa el eco de las alabanzas que les hemos prodigado. Hacer justicia de balde es una de las cosas más peregrinas y admirables.”

“La sombra va unas veces delante y otras detrás”.
(Séneca)
“Como el odio y la envidia”
( Ramón y Cajal)

“Afirmaba Catón que: “sólo los enemigos dicen verdades”. Y  de vez en cuando la ducha fría de la verdad constituye tónico insustituible.”

“Contra los desengaños del mundo y las fatigas del trabajo, e invirtiendo el viejo refrán, deberíamos decir: “quien bien te quiera te hará reír”

“-Veo que son ustedes muy amigos.
-No tanto…, es que ahora nos necesitamos.”

“A veces nos amamos porque nos conocemos, y otras, acaso las más, nos amamos porque nos ignoramos.”

“Evita asimismo los amigos y protectores ricos y necios. A poco que los trates, te verás convertido en su amanuense o en su lacayo.”





“Agrádame la ingenua sinceridad del pobre mendicante. Al respondernos maquinalmente: “¡Dios se lo pagará!”, expresa una verdad como un templo. ¡Ojalá que los amigos a quienes prestamos dinero o apoyo eficaz gastaran igual ingenua franqueza!... Sobre todo antes de prestárselo.”

“Y a propósito de aduladores, permítasenos un ejemplo: Regalamos un libro. El adulador avisado lo repasa, aunque sea someramente, y escoge en el fárrago de vulgaridades algunas ideas estimables, ponderándolas discretamente. En cambio, el lisonjeador necio alaba sin ton ni son, avergonzándonos con epítetos manidos y frases hechas, y demostrando que ni siquiera le hemos merecido el honor de la lectura.”




“Muchos amargos desengaños ahorraríamos moderando el necio afán de ser admirados o de pasar plaza de amenos conversadores.
Ejemplo al canto:
Cuando llenos de inquietud preguntamos en el café acerca de la ausencia definitiva de ciertos queridos contertulios, oímos desilusionados las siguientes respuestas:
-¿Qué es de Fulano?
-Como perdía una hora de trabajo todas las tardes, ha adelantado la de la consulta.
-¿Y de Zutano?
-Una vez votado académico o catedrático, ha vuelto a su antiguo Casino.
-¿Supongo que no habrá ocurrido lo mismo con Mengano, que, además de ser rico, carece de aspiraciones académicas?
-Cierto; pero se ha hecho socio de la Gran Peña, y prefiere el tresillo a la conversación.
-Está bien; mas Perengano debe de estar enfermo, ya que ni juega al tresillo, ni charla apenas, ni ejerce ninguna profesión. ¿Qué es de él?
-Muy sencillo: Perengano ha cambiado de tertulia, por estar harto de paradojas y desatinos.
Y ponemos el grito en el cielo, desazonados y amargados, por ignorar que las más amenas divagaciones políticas, filosóficas o científicas no valen, a los ojos del mundo, lo que una vanidad satisfecha, un billete de cinco duros o una hora de tresillo.”

Santiago Ramón y Cajal (Charlas de Café, 1921)


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