lunes, 18 de agosto de 2014

Párrafos de… “Sobre algunos temas en Baudelaire” / Walter Benjamin.






Párrafos de… “Sobre algunos temas en Baudelaire” 





Engels en “Situación de las clases trabajadoras en Inglaterra” dice:
Una ciudad como Londres, donde se puede caminar horas enteras sin llegar siquiera al comienzo de un fin, tiene algo de desconcertante. Esta concentración colosal, de dos millones y medio de hombres en un solo punto, ha centuplicado la fuerza de estos dos millones y medio de hombres… pero todo lo que… esto ha costado es algo que se descubre sólo a continuación. Después de haber vagabundeado varios días por las calles principales… se empieza a ver que estos londinenses han debido sacrificar la mejor parte de su humanidad para realizar los milagros de civilización de los cuales está llena su ciudad, que cien fuerzas latentes en ellos han permanecido inactivas y han sido sofocadas… Ya el hervidero de las calles tiene algo desagradable, algo contra lo cual la naturaleza humana se rebela. Estos centenares de millares de personas, de todas las clases y de todos los tipos que se entrecruzan ¿no son acaso todos hombres con las mismas cualidades y capacidades y con el mismo interés de ser felices?... y sin embargo se adelantan unos a otros apuradamente, como si no tuvieran nada en común, nada que hacer entre ellos; sin embargo, la única convención que los une, tácita, es la de que cada cual mantenga la derecha al marchar por la calle, a fin de que las dos corrientes de multitud, que marchan en direcciones opuestas, no se choquen entre sí; sin embargo, a ninguno se le ocurre dignarse dirigir a los otros aunque sólo sea una mirada. La indiferencia brutal, el encierro indiferente de cada cual en sus propios intereses privados, resulta tanto más repugnante y ofensivo cuanto mayor es el número de individuos que se aglomeran en un breve espacio”.

(Federico Engels, 1845)





“El habitante de las grandes ciudades vuelve a caer en un estado salvaje, es decir, en un estado de aislamiento. La sensación de estar necesariamente en relación con los otros, antes estimulada en forma continua por la necesidad, se embota poco a poco por el funcionamiento sin roces del mecanismo social. Cada perfeccionamiento de este mecanismo vuelve inútiles determinados actos, determinadas formas de sentir.”

(Paul Valéry)





El confort aísla.

“Con la invención de los fósforos, hacia finales del siglo, comienza una serie de innovaciones técnicas que tienen en común el hecho de sustituir una serie completa de operaciones por un gesto brusco. Esta evolución se produce en muchos campos; y resulta evidente, por ejemplo, en el teléfono, donde en lugar del movimiento continuado con que era preciso hacer girar una manivela en los aparatos primitivos aparece el acto de levantar el receptor. Entre los innumerables actos de intercalar, arrojar, oprimir, etcétera, el “disparo” del fotógrafo ha tenido consecuencias particularmente graves. Bastaba hacer presión con un dedo para fijar un acontecimiento durantes un periodo ilimitado de tiempo. Tal máquina proporcionaba instantáneamente, por así decirlo, un shock póstumo. (…)




Toda la producción capitalista –escribe Marx- se distingue por el hecho de que no es el trabajador quien utiliza la condición de trabajo, sino la condición de trabajo la que utiliza al trabajador; pero sólo con la maquinaria esta inversión conquista una realidad técnicamente tangible”. En sus relaciones con las máquinas los obreros aprenden a coordinar “sus propios movimientos con aquellos uniformemente constantes de un autómata”. Estas palabras arrojan luz particular sobre la uniformidad de carácter absurdo que Poe atribuye a la multitud. Uniformidad en la vestimenta y en el comportamiento, aunque no menos uniformidad en la expresión. La sonrisa da que pensar. Es probablemente la misma que se reclama hoy con el “Keep smiling” y actúa, por así decirlo, como paragolpes mímico. “Todo trabajo con máquinas exige –se dice en el fragmento antes citado- un amaestramiento precoz del obrero”.




(Walter Benjamin)





“Quien ve sin oír se halla mucho… más preocupado que quien oye sin ver. Esto es característico de las grandes ciudades. Las relaciones recíprocas entre los hombres en las grandes ciudades… se distinguen por un acentuado prevalecimiento de la actividad de la visión sobre el oído. La causa principal de este hecho son los vehículos públicos. Antes de la aparición de los ómnibus, de los trenes y de los tranvías en el siglo diecinueve, la gente no se había encontrado nunca en la situación de tener que permanecer durante minutos e incluso horas enteras, mirándose a la cara sin dirigirse la palabra”.

(Simmel)


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